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Corrupción de corrupciones

Por Cecilia Orozco Tascón / El Espectador, Bogotá

El no a la corrupción en Colombia. Foto Revista Semana

Pocas cosas tan emocionantes, en esta Colombia incomprensible, como los 11’700.000 votos acumulados a favor de la consulta anticorrupción. No solo porque era la primera vez que se ensayaba, a nivel nacional, este mecanismo de participación popular, sino porque semejante tamaño de voluntades, expresado en las urnas sin transporte gratis, lechona ni $30.000 por voto, era imprevisible por el bajo grado de cultura política de los 36 y medio millones de electores del país. Añádanle al escepticismo inicial, aún de quienes hicimos fuerza para que tuviera éxito, la oposición desleal e infinitamente hipócrita del partido que triunfó en las presidenciales hace apenas dos meses, y en cuya tarea sucia contó con la ayuda docta y, de nuevo, hipócrita de los que posan de analistas en materias públicas mientras aspiran, en privado, a beneficiarse del gobierno Duque como se beneficiaron de gobiernos pasados.

Conocidos los resultados, entiendo que los promotores de la consulta — entre los cuales no hay que ignorar la participación decisiva del senador Jorge Enrique Robledo— le envíen un mensaje de trabajo mancomunado a la dirigencia política, después del duro regaño que esta recibió de esos millones de ciudadanos X, pero libres de su yugo clientelista. Sin embargo, no hay que hacerse ilusiones. “Remar todos unidos y para el mismo lado” es un bonito propósito. Y, por demás, era obligatorio atender la invitación del presidente de la República, único ganador del Centro Democrático en este pulso de la gente contra la politiquería tradicional, por su anuncio de voto a la consulta. Pero las realidades terminan imponiéndose sobre los deseos: no se puede esperar nada de los asistentes a la reunión de hoy, con Iván Duque, porque se trata de los mismos caudillos y partidos que han hecho germinar, crecer y fortalecer, para aprovecharse de él, el sistema de intercambio de voto-por-favores del que nace, precisamente, la corrupción. O, ¿Cambio Radical, la U, el partido Liberal y el Conservador, sus jefes, directores de turno, senadores y representantes, eran hasta el 17 de junio —día de la segunda vuelta— los “corruptos” de Santos y hoy son los “santos” de Duque por arte de magia?

Y, ¿qué decir del Centro Democrático que anunció, el 5 de junio —en plenaria del Senado y en voz y figura de su “jefe natural”, Álvaro Uribe—, los votos de su bancada por el Sí a la consulta, luego de pactar que la jornada no se hiciera el día de la segunda vuelta porque los electores “se iban a confundir”? Pues bien, la campaña del uribismo en redes, ya elegido Duque, se basó en que la consulta costaría $300.000 millones que se tirarían a la basura. Los voceros de Uribe omitieron, claro, que ese dinero no se hubiera tenido que invertir si la consulta se hubiera votado con la segunda vuelta porque el gasto de la logística electoral habría sido uno en vez de dos ¿Creen ustedes, que ahora, el uribismo, con su mala fe demostrada públicamente, va a jugar limpio y va a admitir que hay que impulsar las reformas ordenadas en las urnas el domingo pasado?

Mi capacidad de optimismo no alcanza para tanto. Dijo Claudia López, tratando de tener una actitud mental sana, que con Uribe “no nos pondremos de acuerdo con el pasado, pero podemos hacerlo con el futuro”. Todo el mundo puede cambiar, por supuesto. Pero no parece ser el caso del expresidente. Mientras estamos centrados en el mandato popular contra la corrupción, en abstracto, esta campea en la conducta de los dirigentes, en concreto. El doctor Uribe Vélez y su apoderado Diego Cadena parecen estar empeñados, por estas fechas, en armar un plan corrupto de desprestigio contra la justicia, particularmente, contra los miembros de la Sala de Instrucción de la Corte Suprema que investigan al expresidente y que le pidieron a la Fiscalía investigar a Cadena, ese extraño defensor del exmandatario y de varios capos del narcotráfico y que, con tan escasos años de carrera, ha amasado tal fortuna que ya cuenta con avión privado (ver las2orillas.co). ¿Vuelven los montajes y espionajes ilegales del DAS, ahora agravados con suplantaciones de identidad, con búsqueda de datos íntimos y de debilidades personales de los magistrados investigadores? Vamos a saberlo. Y, sí, hacer montajes y suplantar la identidad de los funcionarios judiciales que lo investigan a uno es corrupción. Y de la peor.

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