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CONTRAPLANO: Vivir siempre detrás de las noticias

Por Orlando Cadavid Correa (ocadavidcorrea@gmail.com)

El pequeño Armero. Empecemos por la catastrófica avalancha del amanecer del lunes 18 de mayo de la quebrada “La Liboriana” que dejó a su paso destrucción,  desolación y muerte en la población de Salgar, en el suroeste antioqueño, región cafetera limítrofe con el departamento de Caldas.

El científico manizaleño Gonzalo Duque Escobar –experto en el manejo de estos temibles fenómenos desatados de las fuerzas de la naturaleza- expresó así para el Contraplano su inconformidad con el manejo que algunos funcionarios le dieron al trágico suceso a través de los medios de comunicación:

“Con sorpresa e indignación he visto y escuchado declaraciones del representante de la autoridad ambiental de Antioquia, subrayando un informe oficial que anticipaba la posibilidad de un siniestro en Salgar, como el ocurrido días antes. Y digo, “sorpresa”, porque para una institución como Corpoantioquia con recursos técnicos y económicos muy superiores a los de dicha localidad, el trabajo tal cual lo anuncia, fue inferior a su responsabilidad; e “indignación”, porque con el manejo mediático Corpoantioquia le endosa la responsabilidad a funcionarios locales en cabeza de una alcaldesa, que por no haber sido debidamente instruida queda entre la espada y la pared”.

A juicio del catedrático caldense, “en el estudio del riesgo para casos como este, la autoridad ambiental de Antioquia, tras la identificación de la amenaza debió mapear las zonas conflictivas vulnerables y localizadas en áreas de riesgo no mitigable, haciendo el plano a escala adecuada, y también señalar las medidas de mitigación correspondientes, que son: a- de carácter preliminar, un sistema de alerta temprana y los programas de simulacros, para una respuesta oportuna y adecuada en caso de eventos sorpresivos; b- medidas estructurales, como la reubicación de viviendas en riesgo, con el estimativo concreto de un programa para facilitar su gestión”.

Pequeña historia de una primicia. El abogado, escritor y periodista manizaleño Jorge Eliécer Castellanos Moreno nos sacó a todos los periodistas una distancia sideral, como de cinco meses, con la noticia del relevo en el Ministerio de la Defensa Nacional decretado esta semana  por el presidente Santos.

A comienzos de año nos sopló la chiva: antes de mayo o junio será nombrado ministro de defensa el actual embajador en Washington, Luis Carlos Villegas, y lo sucederá en la legación diplomática, en la capital de los Estados Unidos, el saliente ministro Juan Carlos Pinzón. El Contraplano compartió la primicia de Castellanos con varios medios que suelen acoger sus notas periodísticas.

Al barajar y dar cartas, Santos sacó del gabinete y del escenario nacional a Pinzón –critico contumaz de las ‘Farc’— y llamó a la cartera de defensa a un simpatizante de la paz, de ancestro salamineño,  que ha participado en las negociaciones de La Habana, las mismas que generan por estas calendas una “barrida” de periodistas en el Canal RCN por el manejo sesgado, absolutamente antisantista,  que se le da al proceso cubano, debido a la gran amistad que mantiene la directora Claudia Gurisatti con el jefe de la oposición, Alvaro Uribe.

Algo más: no sale del magín del dueño de la chiva del trueque la versión que se ha puesto a circular, según la cual, Santos pretende revivir con Pinzón el viejo modelo político criollo que consistía en poner de embajador ante la Casa Blanca, mucho antes de las elecciones, al que podría ser el más opcionado candidato a la sucesión del presidente de turno. ¿Tendrá pelo pal’moño el saliente ministro para atajar la ambición presidencial del Vice Vargas Lleras?

La apostilla: El finado periodista chileno Jenaro Medina Vera, el exigente director de “Vea”, revista que llegó a constituir un gran fenómeno de circulación en Colombia, entre el 60 y el 70, le ponía este perverso aviso a sus reporteros en la puerta de la sala de redacción: “Ojo: si no trae chivas, no entre”. Nuestro Castellanos suele aplicar para sí mismo la máxima del austral, según  la cual, el periodista no está en condiciones de tener mala suerte, ni carecer de fuentes informaciónFavoritoFavorito

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