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CONTRAPLANO: Remoquetes que hicieron carrera

Por Orlando Cadavid Correa (ocadavidcorrea@gmail.com)

Manizales Foto Wordpress

En tiempos pretéritos, cuando uno de los ejercicios favoritos de los chismosos de la parroquia consistía de repartir sin piedad, en Manizales, apodos a diestra y siniestra, nadie salía incólume  del accionar de los lenguaraces del campanario lugareño.

Las lenguas viperinas (o triperinas) apuntaban en el siglo pasado hacia todos los sectores de la sociedad, apoyándose en la lectura que el Diccionario de la Real Academia le ha dado siempre al mote o remoquete: “nombre que suele darse a una persona, tomado de sus defectos corporales o de alguna otra circunstancia”.

El DRAE modelo 2018 agrega: “Los apodos pueden considerarse a menudo como deseables, y pueden simbolizar una forma de aceptación, pero también pueden estar motivados para despreciar o ridiculizar a algo o alguien”.

Cultura caldense.
Imagen “Historias de Manizales”

“El Mariscal” Alzate
Foto diariodelotun.com

Vayamos con esta primera entrega de sobrenombres que se dieron a porrillo en la muy culta ciudad de las ferias:

Gilberto Alzate Avendaño, “El Mariscal”. Fernando Londoño y Londoño, (“Pico de oro”). Ramón Londoño Peláez, (“Pata de palo”). Arcesio Londoño  Palacio, (”La Bruja”). Rodrigo Marín Bernal, (Periscopio”). Mario Vélez Escobar, (“Mario Babas”). Mario Calderón Rivera, (Guascalarga”).  Eucario Bermúdez, (“Maritario”  o “Don Contrario”). Gabriel Molano Ocampo, (“Carnaval”). Augusto León Restrepo Ramírez, (“Tripa”). Gustavo Robledo Isaza, (“El Loco”). Marco Giraldo Sanin, (“Peste Blanca”). Ricardo Jaramillo Arango, (“Chispún”). Guillermo Botero Gómez, (“Bullas”). Mario Humberto Gómez Upegui, “Mariumbero”). Su hermano menor, Luis Bernardo, fue apodado “Pomponio”. Luis Fernando Franco Acevedo, (“Sapo triste). Jorge Hernán Mejía, “Majija”), hijo de notario público. El diputado Guillermo Ramírez Giraldo, (“Araña Roja”). Roberto Ocampo Mejía, (“El Conde”). Guillermo Trujillo Estrada, (“Piragua”). Gildardo Arcila García, “El Toro”.

Una segunda entrega la encabeza el finadito  Augusto Salazar Urrea, quien recibió el alias de “El Angustiado” en la comercial calle 19, cuando se iniciaba en la radio como narrador deportivo de La Voz del Ruíz, de la mano de Willy Vargas Gómez, (“Don Boris”). El locutor Elías Márquez Martínez tomaba como un insulto el primer nombre de “Plutarco” que le endosó su padre en las fuentes bautismales. Ignacio Escobar Uribe, (“Mico suelto”). Jairo Castro Eusse, (“Fafaracha”). Alonso Parra Hincapié, (“Parrilla”). Gilberto Elorza Gómez, “El Batracio”. Jaime Hoyos Orrego, “El Mocho”. Su hermano menor Jorge Hernán era “Garufa”.  A Alberto Chica Restrepo lo siguen llamando “Nechima” (“Negro Chica Marica”). Otros motes: Augusto Arango Cardona, (“Benitín”).  Javier Gómez Ocampo, (“Carepingo”). Alberto Gutiérrez Botero, “La Silga”). Evelio Giraldo Ospina, (“El Topo”).  Jairo García Aguirre, “Caretiple”. Carlos Arturo Duque, “Carenalga”. Rogelio Cruz Mejía, “Lamparilla”. Francisco Giraldo Montaño, (“Caracho”). Mario Muñoz  Molina, (“Manguera”), Con el apelativo cariñoso de “Chocolito” se conocía a un sacerdote aguardientero de La Inmaculada.

“El Mosco”, Enrique Vélez el día de su matrimonio con Luz Marina Zuluaga.
Foto archivo El Colombiano

El remoquete de “El Mosco” lo cargó disimuladamente el médico Enrique Vélez, el esposo de doña Luz Marina Zuluaga. Llamaban “Submarino”a Octavio Jaramillo, por ser hermano del ex embajador Marino. “El Manco” Vélez, síndico de la Beneficencia. “El Mico” Uribe, cuñado de don Daniel Gómez Arrubla. “El Loco” Avendaño, consumado bailarín del barrio La Avanzada. Jaime Jaramillo, (“Saco viejo”). Alberto Loaiza, (“El Perro”). Gilberto Gallego, (“El Ganso”). “Tobita”, el hermano de Carlos Ernesto González.

Una tripleta compartió el apodo de “El Negro” en la política  caldense: César Montoya Ocampo, Jaime Chaves Echeverri y Mario Aristizábal Patiño. Quedan muchos remoquetes en el tintero, pero se nos agotó el espacio.

La apostilla: Al pensilvaneño  Javier Ramírez Cardona lo pusieron “La Boba” porque después de haber dejado contra su voluntad la gobernación de Caldas se paraba en las mañanas, en la esquina de Hijos de Liborio Gutiérrez, diagonal al Palacio Amarillo, a ver si de pronto lo llamaban de nuevo  ocupar el alto cargo en el que tanto se amañó.

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