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CONTRAPLANO: Memorias de un pensionado, más no jubilado

Por Orlando Cadavid Correa (ocadavidcorrea@gmail.com)

Imagen pacifista.com

Abrimos el cofre de las primicias del pasado y de golpe nos encontramos la cruenta chiva con la que nos correspondió despertar al país al amanecer de aquel remoto lunes 19 de abril de 1976: el asesinato del líder sindical José Raquel Mercado, perpetrado en cautiverio por el M-19.

Sobre las cuatro de la madrugada, cuando ya completábamos en RCN tres horas de trasmisión continua, originada desde la glorieta del Club de empleados oficiales, donde los secuestradores abandonaron el cadáver, nos telefoneó, notoriamente alarmado, el periodista de Caracol, Guillermo Rodríguez Muñoz, para preguntarnos “si era cierto lo que estábamos diciendo”. (Hasta la pregunta es necia, le dijimos al atortolado colega bogotano).

Fila ministerial. Promediaba el “Mandato Claro” del entonces presidente Alfonso López Michelsen y el departamento de Caldas imponía una marca difícil de igualar: tres de sus hijos (Samuel Hoyos Arango, Víctor Renán Barco López y César Gómez Estrada) pasaban en ese orden por el Ministerio de Justicia, entre 1976 y 1978. Al aguadeño, segundo en la lista, lo apodaron “M-19”, porque sólo duró diecinueve días en esa cartera.

General rojo. Antes de la tripleta caldense, en 1974, estrenó ese ministerio, en la Era López, el tolimense Alberto Santofimio Botero, quien en su primera rueda de prensa fue llamado “General Santofimio” (tal vez por la fuerza de la costumbre) por el recordado reportero nariñense Ovidio Peter Charria, más proclive a entrevistar militares que civiles.

Banca y Contrato. Se le preguntó al dueño del Grupo Gran Colombiano, Jaime Michelsen Uribe, si no temía que el presidente Belisario Betancur interviniera el Banco de Colombia. “Nadie se mete con el Aguila”, respondió muy seguro. (A los pocos días, BB se le metió  al nido y de qué manera!).  Durante la entrega del Ministerio de Transporte a su sucesor, Mauricio Cárdenas Santamaría, el ex senador Rodrigo Marin Bernal nos confidenció que le había aconsejado al bogotano que no cometiera la bestialidad de avalar el acuerdo con “Dragacol”. Y la cometió!. (El kilométrico personaje cargará  esa cruz hasta el último día de su vida).

Un propuesta. Una noche recibimos en la redacción de Colprensa una inusual llamada del entonces ministro de gobierno, Jorge Mario Eastman, a quien el presidente Turbay acababa de nombrar “ministro delegatario”, porque debía atender una misión en el exterior. El político pereirano nos dijo:”Orlando, les tengo el titular para mañana: Eastman, Presidente”. (Cada periódico de nuestra red tituló como le vino en gana, pues esa tarea no hacía parte de nuestro derrotero).

Chiva prefabricada. Una tarde de viernes, en Manizales, convencimos al extinto ingeniero civil Fortunato Gaviria Botero para que dejáramos listo un pregrabado de 25 minutos de duración sobre su inminente designación como gobernador de Caldas. Sólo se transmitiría en caso de que él estuviera entre los nombrados por el Palacio de Nariño y así fue. La exclusiva era solamente de Caracol. Los demás medios, completamente desconcertados y chiviados,  quedaron mirando para el páramo del Ruíz. El designado estaba en su finca y no existía el celular.   (Vivieron estos entretelones con nosotros los  colegas:  María Teresa Peñaloza, Iván Darío Góez  y Yesid López).   El hijo de don Milton Gaviria fue asesinado tiempo después en una hacienda de su propiedad, cercana a Pereira.

Secreto forzado. Una tarde bogotana grabábamos el programa dominical “Frente a Frente”, de RCN, con el finado presidente de la ANDI, Fabio Echeverri Correa. De pronto le sonó el teléfono privado. Era el presidente López, desde el Palacio de San Carlos. Le ofreció el ministerio de Hacienda. Le dijo que no, que estaba muy amañado trabajando con los industriales. Colgó el auricular y nos dijo: “Si publican esta noticia, los desmiento y no les vuelvo a hablar”. (Los reporteros obedecimos resignadamente al “doctor Mano de Piedra”).

La apostilla: La frase que le da título a esta columna salió del magín del emérito antioqueño Armando Cardona Cataño: “Soy un periodista pensionado, nunca jubilado”.

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