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CONTRAPLANO: Los herederos de “Argos”

Por Orlando Cadavid Correa (ocadavidcorrea@gmail.com)

Imagen Arguments

Llegó a nuestras manos por gentileza de sus autores el libro ¿Cómo dice que se llama?, escrito a primo y dúo por los hermanos Rosita y José Roberto Cadavid Mendoza, dos de los doce hijos del irrepetible crítico gramatical Roberto Cadavid Misas, el ingenioso ‘Argos’, que en gloria esté.

Él –tocayo de su ilustre progenitor– abrazó también la ingeniería civil como carrera , y reside en Santa Marta, a orillas del Mar Caribe, en la Bahía de don Rodrigo de Batidas, Ella es ama de casa y madre de tres hijos.   En Medellín, en sus ratos de ocio, se entrega a las manualidades, la cacería de nombres raros y la pintura al óleo.

En el prólogo de este pequeño tratado de disparates bautismales –que recorre varios países latinoamericanos y algunos del viejo continente–   nos depara esta síntesis el notable periodista y escritor bogotano Ernesto Samper Pizano:

“El libro de los Cadavid, ¿Cómo dice que se llama?, ofrece un tesoro de sorpresas. Sin embargo, en vez de optar por la lista alfabética interminable, prefirieron agrupar los nombres por temas y capítulos, y adobarlos con brotes de humor. Así, los hay de corte anatómico (Anolindo, Clítoris); religioso (Homilía Transfiguración); musical (Homilía, Dulzaina); patológico (Epidemia, Hernia); gastronómico (Pudín de Caramelo, Filete); zoológico (Chancho, Potranca); deportivo (Dos cero, Campeón Invicto); comercial (Toshiba, Electrolux)”.

El binomio –perteneciente a una cochada de los Cadavid distinta a la de quien responde semanalmente por el Contraplano—nos regala este prefacio, a manera de presentación:

“Entre sus múltiples pasatiempos, nuestro padre, Roberto Cadavid (Argos) tenía el de coleccionar recortes de artículos de prensa escrita sobre temas de índole diversa que le llamaban la atención, Cierta vez, en un artículo en agosto de 1983, en un diario local de Medellín,   se hacía referencia a una convocatoria a un concurso de nombres raros en la provincia ecuatoriana de Manabí, la cual se ha caracterizado porque varios de sus habitantes ostentan nombres tales como Cien pies Pinares o Puro Aguardiente Zambrano.. Con este recorte de prensa se despertó en Argos la motivación para coleccionar nombres raros, pero sin ninguna manifestación explícita de publicar un libro sobre el tema. Sin embargo, comisionó a Rosita (su hija mayor) para que le buscara recortes similares en otros escritos. Su hermano José Roberto se sumó después a esta tarea con la misma continuidad”.

Aunque nunca hablaron concretamente de aplicarse a la tarea de escribir un libro sobre los despropósitos bautismales, unos años después del fallecimiento del gran filólogo sus dos hijos optaron por darle vida a la obra editorial de la que ahora nos ocupamos.

Dicen José Roberto y Rosita: “Queremos ocuparnos de las fuentes de información que se utilizaron para la escogencia de los nombres que hacen parte de este libro. Se usaron filtros muy rigurosos para que no se colaran nombres inventados. Aparte de los recortes de prensa escrita colombiana, se hizo investigación en las guías telefónicas de las principales ciudades y en publicaciones en Internet, tanto en artículos como videos sobre el tema. También se consultó la página web  de la Registraduría Nacional y personas vinculadas al tema de los llamados “horrores onomásticos” en Panamá, Ecuador, Uruguay, Paraguay, República Dominicana y Brasil, así como expertos de Suecia, Rumania, Bulgaria, Japón, Nueva Zelanda, la antigua Yugoeslavia, Malasia y Singapur”.

Para que no quepa la menor duda sobre la autenticidad del enorme acopio de nombres más raros y curiosos conseguidos por los Cadavid Mendoza, por las 176 páginas de su libro desfilan reproducciones facsimilares de documentos de identidad de las “víctimas” de estos desaguisados consumados en los chorros bautismales por la vía del santo sacramento.

La apostilla: A propósito del título de esta reseña editorial convertida en columna, para nosotros son cuatro los herederos de “Argos” en la cacería de gazapos en la prensa colombiana:  el caldense Efraím Osorio López; el bogotano Fernando Avila; el antioqueño Gabriel Escobar Gaviria, “Sófocles”, y el santandereano Jairo Cala Otero, espléndidos guardianes de la lengua castellana.

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