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CONTRAPLANO: Los grandes ausentes del debate taurino

Por Orlando Cadavid Correa (ocadavidcorrea@gmail.com)

Guillermo Cano Isaza,director de El Espectador, el torero Luis Miguel Dominguín y Hernando Santos, director de El Tiempo ausentes hoy del debate taurino. Foto iris.net.co

Porque la temible Parca se los llevó entre la recta final del siglo pasado y los comienzos de la centuria en curso, brillan ahora por su ausencia en el candente debate sobre la supervivencia de las corridas de toros, en Colombia, tres aficionados de hueso colorado que fueron amantes apasionados de la fiesta brava.

Nos referimos a los directores de los diarios El Tiempo y El Espectador, don Hernando Santos Castillo, (“Rehilete” o “Hersan”) y don Guillermo Cano Isaza, quienes parodiando al músico mejicano Agustín Lara, “no cambiaban ni por un trono su barrera de sol”, en La Santamaría, de Bogotá, escenario de la reciente asonada “petrista” y “peñalosista”.
Complementamos la tripleta con el número uno de la narración de la tauromaquia, don Ramón Ospina Marulanda, quien tampoco cedía su privilegiado palco de callejón ni por toda la plata de los Echavarría juntos, en las postineras plazas de Manizales y Medellín, las dueñas de todas sus querencias.

El espacio de esta columna sería insuficiente para incluir en estas remembranzas a otros personajes del medio que, de estar vivos, seguramente cerrarían filas en defensa del espectáculo como los cronistas Jorge Franco Vélez,”Rozeta”; Manuel Piquero Pérez, “el doctor Picas”; Roberto Cardona Arias, Hernán Restrepo Duque, Hernando Espinosa y Bárcenas, Pepe Bermejo de la Fuente, Rogelio Vieira Puerta, “Rodil”; los hermanos César y Hernán Jaramillo, Pepe Valencia Castro, Gilberto Villegas Velásquez, “Givive y 150 “cornígrafos” más.

Le preguntamos a Carlos Alberto Ospina, el hijo del irrepetible don Ramón, ¿qué posición habría asumido su padre en el debate?
“Hubiese comenzado por desenmascarar la doble moral e hipocresía de los actores en el debate, con ejemplos concretos de políticos criollos que se beneficiaron del denominado mundo del toro para lograr reconocimiento y free press local y nacional. Aquellos que también compartieron viandas con el narcotráfico y recibieron respaldo de diferente índole para realizar sus campañas electorales. Denunciaría la falta de coherencia de las distintas sentencias de la Corte Constitucional, que en lugar de tomar una decisión de fondo y declamar como “cosa juzgada”, se mueve según los intereses burocráticos, políticos, económicos y de acuerdo con las presiones mediáticas de la mal llamada opinión pública”.

Según el delfín la Casa Ospina, ”don Ramón lideraría un debate y una discusión abierta de confrontación de ideas a nivel nacional y local con animalistas, congresistas, magistrados de las altas cortes, autoridades, corporaciones taurinas, aficionados, ganaderos, medios, gremios del sector agroindustria y demás estamentos públicos y privados; allí quedará al descubierto los intereses electorales de unos y el fanatismo-extremismo de otros, con un sólo objetivo: el respeto a la libertad individual, la democracia, la protección a las minorías, la tradición artística y cultural, y la Constitución.

¿Su padre le atribuiría connotaciones políticas a las cruzadas anti-taurinas provistas de un cariz virulento, como se vio en Bogotá?

“Es y fue tan evidente la citación por redes sociales, la organización miliciana por los cuatro puntos cardinales entorno a la Santamaría, la jerga, los improperios, las declaraciones efervescentes, el desorden y la asonada generada, que con toda seguridad hubiera atribuido intereses políticos y electoreros a tales manifestaciones animalistas”. Y agregó: “Hubiera señalado de negligente e hipócrita al alcalde Peñalosa, y de guerrillero solapado a Gustavo Petro, entre otros actores, tales como Benedetti, Natalia Parra, Claudia López, los delfines Galán y muchos más”.

¿Cómo habría visto don Ramón la más reciente decisión de la Corte Constitucional que pone a tambalear el espectáculo en Colombia?
“Literalmente como una lava de manos. Una posición jurídica y/o política ambivalente, al mejor estilo de aquellos magistrados próximos a terminar su período en la Corte. Es cierto que hay una orfandad taurina”.

La apostilla: El ex alcalde bogotano Lucho Garzón (ex líder sindical dueño de muy buen sentido del humor) hizo este malabarismo a costillas de sus dos sucesores en el Palacio de Liévano: “Los taurinos son Los Pepes: Perseguidos por Petro y Peñalosa”.

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