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CONTRAPLANO: La radio, Cenicienta de los medios

Por Orlando Cadavid Correa

Por lo visto, en lo que resta del gobierno del presidente Santos la radio continuará recibiendo el desapacible tratamiento que se le da en la alta burocracia capitalina como si fuese “La Cenicienta” o “El Patito feo” de los medios de comunicación social de Colombia.

Resulta inaudito que en un país que se las da de culto, que ha sido piloto en el desarrollo de la industria radiofónica, las autoridades mantengan una actitud indiferente, de tolerancia inaceptable, frente al lenguaje de alcantarilla que emplean numerosas emisoras musicales en todos los lugares de la geografía patria.

Ahora la atención gubernamental, toda la prioridad, es para la televisión, la telefonía  celular y las redes sociales que generan ingresos a raudales y mueven millonadas.

No hay una pisca de cuidado para la pobre radio que en los últimos gobiernos se ha convertido en una enorme cloaca, en un mar de irrespetos, chabacanerías y extravagancias, sin que ello motive la intervención drástica de un Ministerio de Comunicaciones que hace mucho tiempo perdió su razón de ser. Hasta le cambiaron de nombre. Ahora es, según su carta de presentación, “el Ministerio de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones que tiene como objetivos diseñar, formular, adoptar y promover las políticas, planes, programas y proyectos del sector TIC, en correspondencia con la Constitución Política y la ley, con el fin de contribuir al desarrollo económico, social y político de la Nación. De igual forma debe impulsar el desarrollo y fortalecimiento del sector de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, promover la investigación e innovación buscando su competitividad y avance tecnológico conforme al entorno nacional e internacional”. (Tecnología a cántaros y nada más.

Nada que tenga que ver con los más elementales principios de la educación,  la cultura ciudadana y el buen decir).

En el cuadrante colombiano pulula la radio basura y desde el Edificio “Manuel Murillo Toro” (sede del Ministerio) nadie decide ponerle orden al caos. Ya no hay estaciones monitoras que vigilen y controlen eficazmente los contenidos, como antes, y se sancione ejemplarmente a aquellos locutores, sin licencia porque ya no se necesita llenar este antiguo requisito, que emplean un lenguaje tabernario, al aire, y tratan irrespetuosamente a las radioescuchas que cándidamente aceptan diálogos en directo con los guaches apoderados del micrófono.

Resulta preocupante, por decir lo menos, que en seis años de gestión, el saliente ministro Diego Molano no haya tomado una sola medida para “adecentar” la radio que le dio tanto prestigio, en el pasado, a Colombia, cuando las autoridades hacían cumplir al pie de la letra el Estatuto de Radiodifusión que se ha transformado en pieza de museo.

Otro agravante: que su sucesor, David Luna, haya confesado en sus primeras entrevistas que no tiene ninguna noción en materia de telecomunicaciones, pero que espera hacer un rápido aprendizaje en el “empalme” con su antecesor. Pasaremos, pues, de Guatemala a Guatepior, porque los ministros quieren evitar a toda costa que su cartera sea vista como una modesta inspección de policía o una comisaría, si una parte de sus burócratas se dedican a hacerle una urgente profilaxis a este desenfreno radial.

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A juicio del crítico Edgar Hozzman, el editor del semanario virtual Pantalla& Dial, se cometió un injusticia con la experimentada viceministra Diana Carolina Hoyos, (la nieta del ex presidente Turbay y de la ex gobernadora caldense Pilar Villegas), al no promoverla a la dirección del ministerio, en sustitución de Molano. Ella no fue tenida en cuenta por el presidente Santos para quien la movida política pesa más que la experiencia.

La apostilla: Esperamos que el nuevo ministro de las Comunicaciones, David Luna, sepa prender el radio de su casa, aunque no conozca la ubicación de las emisoras, en el polucionado dial bogotano.

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