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CONTRAPLANO: Evocando a Emeterio y Felipe

Por Orlando Cadavid Correa (ocadavidcorrea@gmail.com)

Los Tolimenses Foto El Tiempo

Portada del libro biográfico escrito por Patricia Ercole, hija de Lizardo Díaz, “Felipe”.

Sin el ánimo de entrar a competir con la actriz Patricia Ercole, la biógrafa del singular binomio, traemos hoy a este Contraplano algunas remembranzas alrededor del simpar dueto cómico-musical Los Tolimenses que hace rato partieron a cuadra caja con el de arriba.

Emeterio y Felipe hicieron las delicias del pueblo colombiano, a través de la radio y la televisión, durante muchos años, hasta cuando el dios Baco se apoderó etílicamente del primero y desbarató el binomio. No era lo mismo Garzón sin Collazos; Obdulio sin Julián; Espinosa sin Bedoya; Silva sin Villalba, Hernando sin Yesid  y Luciano sin Concholón.

La dupleta nació en 1951, en Medellín, ciudad a la que sus mayores los mandaron desde el Tolima grande a formarse en las principales universidades paisas, pero el ibaguereño Jorge Ramírez Salazar y el huilense Lizardo Díaz Muñoz, de Baraya, prefirieron tupirle al bambuco, al sanjuanero  y a la guabina y olvidarse de los estudios académicos a través de los cuales sus taitas querían verlos convertidos, seis años después, en ingeniero químico, al compadre Emeterio, y en ingeniero civil, al compadre Felipe.

Ante el éxito que el dueto obtenía en sus primeras presentaciones en la vieja Voz de Antioquia, en la Bella Villa, lio bártulos hacia Bogotá, la ciudad de todos,  donde logró su primera gran oportunidad de mostrarse en la naciente televisión, en blanco y negro, en un programa dirigido por Alvaro Monroy Guzmán, quien los bautizó Emeterio y Felipe, Los Tolimenses. Gustaron tanto que el entonces Presidente Rojas los invitó al Palacio de San Carlos porque quería conocerlos. Y los mandamases radiales de la época se los disputaban codo a codo para sus radioteatros.

Emeterio y Felipe “Los Tolimenses” en su programa humorístico en Emisoras Nueva Granada de RCN en los años 60.
Foto youtube.com

Pasaron los primeros 10 años de su carrera en los programas ‘Bavaria invita’ y ‘La marcha de las estrellas’, de la Nueva Granada, y el resto en  las franjas humorísticas de Emisora Nuevo Mundo. A medida que se iban consolidando como intérpretes del cancionero andino colombiano matizaban sus presentaciones con cuentos cortos, de doble sentido, picantes y mordaces en los que ponía toda la materia prima don Emeterio. Su carnal hacía el papel de sano, de cándido, de inocente o del gilipollas..

Como a veces se les iba la mano (o la lengua) en sus espacios radiales, una mañana los hizo comparecer a su despacho la entonces ministra de Comunicaciones, Esmeralda Arboleda, para notificarles el cierre de su programa, sin no le bajaban el voltaje vulgar a sus intervenciones. Y les enseñó un cartapacio de mensajes de ciudadanos preocupados por sus vulgaridades.

Emeterio –que no tenia pelos en la lengua—le respondió a la alta funcionaria: “Vulgares nosotros, doctora? Verde usted que lleva por nombre Esmeralda y de ñapa se apellida Arboleda”.  (El oportuno chascarrillo le gustó tanto a la ministra que dio al traste con la sanción en ciernes).

Jorge Ramírez, solterón empedernido, nació en Ibagué el 23 de abril de 1929, y falleció en su finca de Gualanday el 12 de octubre de 2001. El dúo –que grabó 25 discos de larga duración– llegó a su fin por la  dipsomanía  invencible de Emeterio, en 1992. Su mancorna durante 41 años, Lizardo Díaz, que actuaba como mánager, dejó de firmar contratos para Los Tolimenses cuando advirtió que su socio cómico-musical no iba a las presentaciones y si aparecía, llegaba pasado de copas y olvidaba las letras de las canciones y hasta los chistes. La inactividad lo sumió del todo en el alcoholismo. La separación fue dura para ambos, pero ya no había nada que hacer.

“Emeterio” a la izquierda en el matrimonio de “Felipe” con la actriz Raquel Ercole.
Foto archivo particular

La apostilla: Una tarde dominical, en el apartamento del periodista Daladier Osorio, en  una recepción ofrecida tras un bautizo, estaba entre los invitados monseñor Mario Revollo Bravo, Arzobispo de Bogotá, quien preguntó dónde estaba el baño. El prelado que arranca para el mingitorio y Emeterio que dice a espaldas del purpurado: “Ve, yo no sabía que los cardenales meaban”.

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