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CONTRAPLANO: El volcán y la avalancha

Por Orlando Cadavid Correa (ocadavidcorrea@gmail.com)

Así se titula el libro de gran tamaño, preparado entre diciembre de 1985 y junio de 1986, que recoge con precisión de relojero suizo el antes, el durante y el después de la catastrófica erupción del volcán Arenas, del nevado del Ruiz,.

El admirable esfuerzo editorial  se debió a la inteligencia superior del periodista santandereano Alfonso Castellanos, y lo traemos a colación al cumplirse este  martes, 13 de noviembre, 33 años del apocalíptico  fenómeno desatado de las fuerzas de la naturaleza, que arrasó el municipio de Armero, Tolima, y mató a unas 26.000 personas.

En breve prólogo, el entonces presidente Belisario Betancur se quejaba con amargura de la horrorosa tragedia: ”Estamos nuevamente de duelo, esta vez por acción de la naturaleza. Sí, el pueblo colombiano ha sido golpeado pero no agobiado, no derrotado por la tragedia, de tal manera que si tuviéramos tanto por hacer y sin perder un solo minuto, para resolver tantos problemas, bien podríamos preguntarnos a qué se deben las pruebas a que estamos siendo sometidos: ¡Popayán, la querida Popayán! El incalificable asesinato del Ministro Lara Bonilla; la atroz toma del Palacio de Justicia. Y como el horror no tiene límites, ahora… lo que hemos vivido en los últimos días”.

Escribió el maestro Castellanos: “Este libro recoge relatos de periodistas, agencias internacionales de noticias y testimonios de ministros de Estado, gobernadores y gerentes sobre lo que hizo el Gobierno antes, en y después de la tragedia, con la finalidad de que la opinión pública conozca las actuaciones oficiales y, también, con el propósito de que sirva como documento de análisis hacia el futuro, se ha  buscado la máxima objetividad posible”.

Los periodistas podemos dar fe de la severa vigilancia a la que fue sometido el ominoso volcán durante su largo período de excitación, previo a la erupción, y la elaboración del mapa de riesgo en la que jugó papel clave el científico manizaleño Gonzalo Duque Escobar.

El libro es de una gran riqueza fotográfica en sus 211 páginas. Tiene el apoyo de unos 50 reporteros. No faltan los retratos de la pequeña Omaira, símbolo de la tragedia, y de La Venus del pantano, rescatada, envuelta en lodo, entre las ruinas de Armero.

El abogado y periodista pereirano William Giraldo hace hoy este valioso aporte a la reseña conmemorativa del Contraplano: “La chiva realmente de lo de Armero como una avalancha cuya magnitud no se conocía fue así: Al comenzar la noche se estaba hablando de la caída de cenizas provenientes del volcán nevado sobre varias zonas y en particular en Armero. El que estaba de turno era el entonces estudiante en prácticas de periodismo José Ángel Fonseca, hoy destacado abogado especializado en derecho civil.

Ante los crecientes rumores llamó a Telecom de Armero y  preguntó por la situación. Comenzó a grabar el diálogo y el operador le comentó que en ese momento se estaba  inundando el municipio, que había muchos malos olores y mucha ceniza y que las aguas estaban creciendo muy rápidamente y se cortó la comunicación… Intentó comunicarse de nuevo varias veces y no lo pudo hacer; evaluó la situación y decidió interrumpir la transmisión de un partido de fútbol de Millonarios en El Campín con lo poco que tenía grabado. “Al parecer la situación del volcán del Ruiz se acaba de agravar de acuerdo con lo expresado por un funcionario de Telecom”, y soltó la grabación. Terminado el diálogo con un fuerte ruido de fondo, Fonseca indicó que Caracol  seguiría informando.

En El Campín, el comentarista Hernán Peláez analizó “el extra” y por el radioteléfono, de manera privada, expresó su ira por la interrupción y le dijo a Fonseca que tuviera más criterio, que ese extra no tenía razón de ser, que primero averiguara bien; confirmara, y ahí  lanzara un extra. Parece que fue una reprimenda que avergonzó e hizo temer su echada del puesto a Fonseca, quien no pudo conseguir más información en el resto de su turno nocturno.

Al día siguiente fue la llamada que recibímos de un radioaficionado que  dijo que había un piloto de una avioneta que estaba reportando la desaparición de Armero. Con su radioteléfono le pidió al aviador repetir lo que estaba diciendo para transmitirlo por Caracol y, cuando el piloto estuvo listo, lo sacamos al aire.

Eso fue después de las seis de la mañana, y, posteriormente, en desarrollo de la transmisión en pleno, con testimonios y declaraciones de autoridades y cuerpos de socorro que daban informaciones fragmentadas, se logró contactar de nuevo al piloto. Si uno evalúa fríamente los hechos, el de la chiva de Armero fue José Ángel Fonseca”.

La apostilla. Treinta y tres años después de su dantesca erupción,  el volcán Arenas, como el borrachito impertinente, lanza de vez en cuando molestas emisiones de ceniza y provoca algunos sismos en su zona de influencia. ¿Será que el “Mono Ruiz” no volverá a echarse un sueñito siquiera de cien años para dejarnos tranquilos?

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