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CONTRAPLANO: El reportero de Gardel

Por Orlando Cadavid Correa (ocadavidcorrea@gmail.com)

Los restos aún humeantes del choque de los dos aviones en que pereció Gardel en Medellín (Gardelyyo.blogspot.com)

Dos macabros privilegios tuvo aquella estremecedora tarde del lunes 24 de junio de 1935, en el aeropuerto ”La Playa”, de Medellín, el radioperiodista antioqueño Antonio Henao Gaviria, quien solía presentarse en el micrófono con dos seudónimos: “El Inspector Loaiza” para la crónica judicial y “El Capitán Antena” cuando abordaba temas generales. En la narración deportiva, de la que también fue pionero, se identificaba con su nombre de pila.

La primera prerrogativa: ser testigo de excepción de la muerte de Carlos Gardel con otras diecisiete personas en el pavoroso accidente por el choque, en tierra, de estos dos aviones, en el pequeño aeródromo de la época, situado en el barrio Guayabal: El “Manizales”, de la Scadta (Sociedad colombo-alemana de transporte aéreo) y el trimotor F31 de la Saco (Servicio Aéreo Colombiano).

La segunda ventaja: Le correspondió comunicarle al mundo, a través de los rudimentarios medios artesanales de entonces, la noticia de la trágica desaparición de la primera figura del tango y el cine argentinos que estaban en todo su apogeo en el planeta.

(juninhistoria.com.)

(juninhistoria.com.)

 

La histórica transmisión de La Voz de Antioquia, de la que se cumplen 80 años, fue comandada desde los estudios por el pionero Gustavo Rodas Isaza, el director de “El Mensaje”, y sostenida en directo desde el escenario del desastre por el mítico Henao Gaviria, redactor de planta del noticiero radial, con datos que fluían en grandes cantidades.

El reportero de Gardel nació en Medellín el 22 de abril de 1904 y falleció en la Clínica Soma, de la misma ciudad, el 4 de mayo de 1985, a los 81 años.

Su hijo Antonio Henao Correa –pensionado de la Universidad de Antioquia– recuerda que cuando su padre transmitió la espectacular primicia informativa –apoyándose en un teléfono que le garantizó en exclusiva un agente de policía por una propina de veinte pesos de entonces para facilitarle el que sería su primer remoto o puesto fijo– contaba 31 años y estaba recién llegado de Estados Unidos.

Durante su permanencia en el exterior, don Antonio comerciaba con el aromático café colombiano. A cada cliente le vendía un kilo del grano y le encimaba media libra, a manera de degustación. Si no le agradaba, él le devolvía el dinero. Nunca tuvo una sola devolución.

Por su doble condición de testigo ocular del desastre y de haberse encargado de difundir el luctuoso acontecimiento, Henao Gaviria concedió numerosas entrevistas en las que además de aportar elementos desconocidos del siniestro, desvirtuó falsos rumores que se tejieron alrededor de la muerte de “El Zorzal”.

 

Las tareas de reconocimiento del cuerpo calcinado de Gardel (elclarin.com.ar)

Las tareas de reconocimiento del cuerpo calcinado de Gardel el día siguiente al accidente
(elclarin.com.ar)



Negó que se hubiese presentado un abaleo a bordo de uno de los aviones que colisionaron en el campo aéreo. Rechazó la falsa información que propalaron otros medios, según la cual, él había vendido pedazos de la guitarra de Gardel, que recogió en el sitio de la tragedia, y reconoció que le obsequió a periodistas argentinos algunos vestigios que llevó a su casa la misma noche del 24 de junio de 1935. Entre los elementos que tuvo en sus manos y que le entregó de inmediato a las autoridades figuraba el pasaporte de Gardel en el que se leía claramente que había nacido en Tacuarembó, República del Uruguay, en 1887 y que era nacionalizado en Argentina.

En la cabina del avión antes de ir a Medellín CarlosGardel y los músicos que lo acompañaron a la trágica gira. (aerohispanoblog.com)

En la cabina del avión antes de ir a Medellín CarlosGardel y los músicos que lo acompañaron a la trágica gira.
(aerohispanoblog.com)

 

Don Antonio entregó posteriormente este testimonio de la catástrofe a los investigadores:

“El cadáver carbonizado de Gardel se reconoció por una pulsera o esclava que tenía (que la leí yo) y la tenía en el brazo, que decía: Juan Juárez 735, Carlos Gardel, Buenos Aires, (seguramente era la dirección de su domicilio en la capital argentina que compartía con su mamá, doña Bertha Gardes); la camisa a medio quemar, la cartera con los documentos de identidad. Lo que tenía todo claro era que la cara no se veía, era como una cabeza de fósforo quemado; así estaban todos, pero Gardel fue certificado en el artículo con el expediente que dejaba constancia del levantamiento del cadáver, diligencia adelantada en el campo de aviación por el inspector Pablo Raiza y el señor Antonio Rico, del cuerpo de detectives de Emilio Arazá”.

Con el cantor perecieron calcinados en medio de la gigantesca bola de fuego que explotó a las 3.15 de la tarde, entre otros ocupantes de las naves que colisionaron, el poeta Alfredo Lepera, letrista de cabecera del repertorio gardeliano; sus guitarristas Guillermo Barbieri y Angel Riverol; el piloto Ernesto Samper Mendoza, pionero de la aviación comercial colombiana y el notable intelectual Estanislao Zuleta Ferrer. El balance final fue de 17 muertos y 3 sobrevivientes. “El Zorzal” alcanzó a grabar 772 fonogramas.

La apostilla: En circunstancias igualmente trágicas a las de Gardel entrarían posteriormente a la inmortalidad el torero español Manuel Rodríguez Sánchez, Manolete, el 29 de agosto de 1947, corneado por el toro miura “Islero”, en la plaza de Linares, y el caudillo colombiano Jorge Eliécer Gaitán, el 9 de abril de 1948, herido mortalmente a balazos en una céntrica calle de Bogotá por el sicario Juan Roa Sierra, linchado por la turba enfurecida.

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