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CONTRAPLANO: El repertorio completo de don Aparicio

Por Orlando Cadavid Correa (ocadavidcorrea@gmail.com)

Cementerio de Manizales en 1922. Foto La Patria

El contador de anécdotas manizaleñas que crea tener mucho pelo pal’moño porque sabe dónde ponen las garzas, está en la obligación de poseer el repertorio completo de los divertidos gracejos, con pretensiones poéticas, de don Aparicio Díaz Cabal, el viejo enterrador de la comarca.

Antes de ir al grano de una vez, señalemos que en los 25 años que regentó monseñor Camilo Arbeláez Guzmán el templo de Cristo Rey y el Cementerio de San Esteban, mantuvieron una estrecha amistad el inolvidable sacerdote y el recordado empresario de pompas fúnebres.

Nuestro amigo Jairo Arcila Arbeláez, fundador de “El Sitio”, estadero cercano a la llamada “Curva de Fausta”, en el referido entorno, recurrió a su memoria de archivo y a la de su tío, el reverendo padre Camilo, para rescatar muchas humoradas atribuidas al propietario de la agencia mortuoria más famosa de la ciudad.

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Don Aparicio Díaz

Vamos con la primera tanda de divertimentos por cuenta de don Aparicio, el primer patrón que tuvo como fabricante de ataúdes a un mono de cachetes colorados, natural de Costa Rica, que con el correr de los años sería archiconocido como Carlos Arturo Rueda, amo y señor de la locución en la radio deportiva de Colombia:

— Funeraria La Equitativa la que tiene un ataúd para Ud… Allá, en esa casa de ladrillo, vivimos mi mama y yo… Allá abajo, en la hondonada, no se ve nada… Allá arriba, en aquel alto, hay un palo de café y cada vez que subo, me tomo un tinto… Ave que has nacido, ave que has partido, ó será que esta culeca ó será que no has ponido… Ayer traté de subir al monte Vesubio y no pude subir porque el carro no me subio…

Ayer me pegaste con tu portafolio y te jodiste porque no me dolio… Ayer me prestarte tu revolver y te jodiste porque no te lo voy a devolver… Ayer me subi al armario y como era tan alto me mario… Ayer pasé por tu pueblo y me sentí solo y acongojado, pero lo que no resisto es no haberte visto… Ayer pase por tu casa y cuando no te vi, sentí la misma tristeza que sentiste ti… En el Alto del Cocuy el General Maza mató mil enemigos y se quedó muy… En el patio de mi casa había un papayo y estaba tan alto el palo que se cayo…

Viene la segunda retahíla del enterrador nacido en Palestina, Caldas, que antes abrazar el oficio funerario fue matarife y amante del fútbol, el tango y la milonga y coleccionaba los discos de Carlos Gardel:

— En esta tumba fría yace la esposa mía y si ella descansa en Paz, yo descanso mucho más… En el patio de mi casa había una mata de níspero, y al otro lado un avispero… La gallina no está en su nido, será que esta culeca ó será que no ha ponido… Pensé en estudiar milicia, pero en el examen me rajó la policía… Sofía era tan gorda y tan fofa, que sentarse no podía en el sofa… Tenía una mata de anturio y por no echarle agua se me murio… Toda vestida de blanco, toda sentada en un banco y toda llena de melanco…Lía… — Sostenía que su funeraria era “alegre, cultural y deportiva”…

La apostilla: En 1931, cuando La Equitativa comenzaba a poner tímidamente su cuota de difuntos para el cementerio de San Esteban, su fundador y propietario también debutó como publicista con esta cuña radial, digna de mandar a enmarcar: “Los mejores ataúdes, los más baratos y tal, los vende Aparicio Diaz, detrás de la Catedral”…

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