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Contraplano: Bazofia televisada

Por Orlando Cadavid Correa (ocadavidcorrea@gmail.com)

risasinmas.wordpress.com

La guerra contra la bazofia televisada

El domingo 22 de enero de 2012, cuando el sacerdote jesuita Alfonso Llano Escobar convocó a la teleaudiencia colombiana a cerrar filas contra las altas dosis de sangre y demás miserias que nos ofrecen a diario los “morticieros” de los dos canales privados, entendimos que la calidad periodística y el buen gusto habían colapsado en el más penetrante de los medios de comunicación social del país.

La crítica del religioso en sus columnas de El Tiempo (desaparecidas por obra y gracia de la jerarquía eclesiástica) cayó en el vacío y la vorágine prosigue hace tres años con mayor desenfreno. No hay quien detenga el repugnante sensacionalismo noticioso que practican en sus franjas de la mañana, el mediodía y la noche los dos canales que insisten en clonarse mutuamente. Ni los domingos nos dan descanso con la carroña que se ha vuelto una fea costumbre con los muertos de cada día.

Mientras buscábamos en nuestro archivo la columna del padre Llano que da pie a este Contraplano, nos preguntábamos si el morbo noticioso puesto en práctica por los canales de los grupos Santo Domingo y Ardila reporta más sintonía en las mediciones de audiencia y la facturación pone a sonar más duro las campanillas de las cajas registradoras.

Se institucionalizó de tal manera la trivialización de los contenidos que son permanentes las secciones dedicadas a los “ladrones al acecho”, “el muerto o los muertos del día”, “el atraco bancario o el robo de la jornada”, “los borrachos al volante”, “el violador del día”, “las riñas callejeras” y demás minucias.

Los dos noticieros ya abren sus emisiones con titulares o temas de poca monta. En el pasado comenzaban con informaciones que destacarían al día siguiente, en primera página, los diarios nacionales. Ya no cuenta el modelo que dejaron en la televisión figuras de la talla de Alfonso Castellanos, Alberto Acosta, Ernesto Rodríguez, Mauricio Gómez y Daladier Osorio.

Los puntales de las redacciones, ahora, no son los periodistas que consigan las auténticas primicias nacionales relacionadas con el gobierno, la economía, la política, la academia sino las que lleven mayores dosis de sangre. Premian a los más leucocitos.

En esta orgía televisada se han convertido en figuras claves, en los telenoticieros, los oficiales subalternos del general Palomino que aparecen, sin falta, reportando los episodios del día. Informe que no lleve el video con el policía echando el rollo, no les sirve a los editores. Deberían ponerles un sobresueldo a los reporteros uniformados por concepto de “servicios periodísticos”.

O el dibujante norteamericano Bill Watterson –el creador de la tira cómica Calvin y Hobbes— pasó por Colombia y no nos dimos cuenta o alguien lo puso al corriente del cruento contenido de ”Los morticieros” de los canales privados colombianos, bautizados así por Llano.

Una reciente viñeta mostró al papá del díscolo muchacho sentado, solo, frente al televisor, soportando en tres tandas unas retahílas, que (casualmente) le caen como anillo al dedo a nuestro televidente. En cada parrafada del presentador invisible saltaba, asustado, el pequeño tele-receptor.

Estos fueron los disparos del locutor en off: 1) Ahora, las noticias de Testigos en acción: ¡sangre salpicada en las aceras y cuerpos cubiertos con sudarios! ¿Podría ser usted la próxima víctima? ) Tendremos la historia desde las salas de los parientes sollozantes e histéricos y le diremos por qué usted debería estar paralizado de terror! 3) ¡Estas son las noticias de Testigos en acción! Es lo que usted debe saber.

Atortolado, el papá de Calvin apaga la llamada caja mágica y se dedica a leer el diario, sin sobresaltos.

En su columna “Un alto en el camino”, en la que el contestatario jesuita propuso declararle la guerra a “Los morticieros” de la TV, dijo la letra: “Entre nosotros, las dos cadenas nacionales, RCN y Caracol, de radio y televisión, se han especializado en narrar muertes y asesinatos, en dar noticias sensacionalistas y amarillistas, de poco o ningún interés nacional: están de moda las “balas perdidas”; vienen luego los choques aparatosos, de ser posible con buena cuota de muertos; siguen las violaciones de menores; los casos patológicos de personas dementes que violan o torturan a mujeres y menores…etcétera… etcétera”.

Con este despreciable menú, los dos canales le prestan un flaco servicio al país. Para la muestra, dos botones: 1) Se lleva el peor concepto de Colombia, como país, el turista que tras ingresar a su habitación, enciende el televisor y recibe, de golpe, tan bochornosa descarga de periodismo sensacionalista. 2) El dueño del restaurante le amarga el almuerzo a sus clientes al ponerles en su televisor, mientras despachan sus viandas, noticias tan malucas como las que les encantan a los servicios informativos de Caracol y RCN televisión.

La apostilla: El periodista Elkin Mesa lanza un par de trinos, desde su zona tórrida de Melgar, alrededor de este tema:

Uno: RCN y Caracol Tv felices con el general Palomino que ahorra sueldos al convertir policías en reporteros que hablan de lo que ellos no previenen

Otro : RCN y Caracol TV felices con pautas y claves en morticieros para que millones de niños aprendan el primer oficio rentable: Robar y matar.

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