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“Con principiantes no se hacen debates”

Por Jorge Eliécer Castellanos

Víctor Renan Barco López (q.e.p.d.) Foto El Espectador

Transcurrían los años setenta y el Senado de la República, más exactamente la comisión tercera Constitucional Permanente, encargada de los asuntos económicos, citó al equipo económico del gobierno y a los directivos de la Federación Nacional de Cafeteros para analizar y evaluar, rigurosamente, los planes y programas del grano, el panorama internacional y la situación del gremio tanto a nivel regional como nacional.
Víctor Renán Barco, uno de los senadores citantes, -nacido en aguadas, Departamento de Caldas, el 30 de abril de 1928, hijo del matrimonio entre Sara López y Víctor Barco- quien ya se había graduado como abogado y había comenzado su vida política ejercitándose como concejal de su pueblo, bajo las banderas del Partido Liberal, estudiaba con juicio su perorata para controvertir y ejercer el control político adecuado.
El zar cafetero de la época, Arturo Gómez Jaramillo, días antes, igualmente preparaba su disertación y con su equipo de análisis temático, elaboraba las respuestas del extenso cuestionario planteado por los senadores de la República integrantes de la referida comisión en la cual, por muchos años, se desempeñó como secretario General Estanislao Rozo Niño.
Hacia parte del equipo de la poderosa Federación de Cafeteros el nobel abogado Jorge Cárdenas Gutiérrez, el mayor de seis hermanos. Su padre, Rafael Cárdenas, ingeniero, trabajó en Coltabaco hasta su muerte temprana, y de ahí en adelante la familia Cárdenas Gutiérrez fue orientada por la mano matriarcal de su madre, doña Concha.
Vale indicar que Jorge Cárdenas Gutiérrez terminó derecho y ciencias políticas y, posteriormente, obtuvo un master de administración en la Unión Americana. A su regreso al país, en 1958, fue nombrado asistente del gerente del Banco de Bogotá en Medellín, y a partir de tal época inició su acelerada carrera como economista y administrador, que lo fue distanciando cada vez más de aquello que era su auténtica vocación: la política.
Se recuerda que en 1960, lo llamó Alberto Lleras Camargo para ofrecerle el cargo de Jefe de Servicios Generales de la Presidencia. Hasta ese año Cárdenas Gutiérrez había morado en la capital de la montaña, con su esposa Cecilia y sus dos hijos mayores. Al aceptar el ofrecimiento del presidente Lleras tuvo que radicarse en Bogotá por un año, pero se quedaron 22 y más. En la capital colombiana nacieron los otros dos hijos.

Jorge Cárdenas Gutierrez, ex gerente de la Federación Nacional de Cafeteros. Foto ytimg.com

Jorge Cárdenas Gutierrez, ex gerente de la Federación Nacional de Cafeteros.
Foto ytimg.com

Justo en 1962, a los 31 años, Jorge Cárdenas fue nombrado vicepresidente financiero de Ecopetrol. A los pocos meses Samuel Arango Reyes, entonces presidente de la empresa de hidrocarburos, se retiró temporalmente y pasó a reemplazarlo Cárdenas Gutiérrez, quien debió enfrentar, desde esa posición, uno de las épocas traumáticas de su trayectoria, al estallar una de las huelgas más enconadas de los trabajadores de la estatal petrolera. “Hasta el chofer de él estaba en huelga –recordó alguna vez doña Cecilia-. Yo iba a dejarlo al trabajo, y tenía que verlo pasar por una calle larga que tenía a lado y lado una fila de huelguistas”. Antes de dejar la empresa en manos del nuevo gerente, Cárdenas dejó suscrita la convención colectiva que puso fin a la pavorosa huelga.
La prensa reseñó que al año siguiente, Jorge Cárdenas recibió la carta que habría de vincularlo, hasta hace pocos años a la Federación Nacional de Cafeteros. La misiva estaba suscrita por Ignacio Betancur Campuzano, entonces gerente encargado, quien le ofrecía la posición administrativa de primer gerente auxiliar. La historia registra, como es tradicional en los altos cargos de la afamada Federación, que tienen un carácter prácticamente vitalicio, éste sólo había sido ocupado por dos personas antes que él: Arturo Gómez Jaramillo e Ignacio Betancur Campuzano.
Es más, Cárdenas se convierte en mano derecha de Arturo Gómez Jaramillo, quien llevaba un lustro en la gerencia general. De él aprende los movimientos nacionales e internacionales del producto, los vericuetos propios del negocio del café y poco a poco adquiere el necesario talento diplomático que requiere la dignidad administrativa para desempeñarse por largos años. Comenta que la cualidad que más le admiró a Gómez Jaramillo es la ecuanimidad mental.
Cuentan que en alguna oportunidad tenían que viajar en avión todos los “cacaos” de la Federación para asistir a un seminario. Era los tiempos en que en los terminales aéreos imponían la vacuna contra la viruela a cualquiera que no exhibiera el certificado de vacunación. A pesar de las protestas, las enfermeras fueron pinchando a Leonidas Londoño, a Hernán Jaramillo Ocampo y a todos los demás. Cuando le tocó el turno a Jorge Cárdenas, sacó la tarjeta Diners y le dijo al personal paramédico: “¿Ven estas banderitas? Pues aquí dice que en todos estos países me han puesto la vacuna”. Fue el único que pasó incólume.
Volviendo al tema del debate parlamentario, Víctor Renán Barco ante la sesión de la célula congresional, a la hora del debate y hasta 120 minutos después, se quejaba airadamente porque no aparecían en el recinto los funcionarios citados.
Transcurridas dos horas después de la hora prevista para comenzar el debate, Arturo Gómez Jaramillo y el Ministro de Hacienda parecieron desatender la citación. En su reemplazo se hicieron presentes varios jóvenes funcionarios gubernamentales, sudorosos y con maletas llenas de documentos, cuadros y cifras presupuestales. Entre ellos estaba Jorge Cárdenas Gutiérrez.
Barco López, cansado y molesto por la demora de los empleados citados, airadamente espetó a sus colegas de comisión: “Con principiantes no se hacen debates ni mucho menos cuando se trata de temas de trascendencia financiera de alcances nacional e internacional”.
Pocos años después Cárdenas Gutiérrez, padre del Ministro de Hacienda Mauricio y de la embajadora en México, Patricia Eugenia Cárdenas Santamaría, se convertiría en el dirigente cafetero más importante de toda la historia en Colombia.

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