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Cómo me formé en periodismo —

Por Octavio Quintero Grupo Editorial El Satélite (GES)

Octavio Quintero, periodista Foto twiter.com

No soy profesor de periodismo; si alguna vez me ofrecieron serlo, nunca me sentí capacitado. Con el paso del tiempo, ciertos amigos que a veces me piden que les colabore con la revisión de algunos documentos, quedan agradecidos… Luego, supongo que algo he aprendido al cabo de tantos años de trajinar en la profesión más bella del mundo, si todavía se puede decir así, con Albert Camus.

Como quiera que las nuevas tecnologías informáticas nos han abierto a todos el mundo de las comunicaciones, y esto está enriqueciendo una especie de dialéctica demócrata, bien vale la pena recomendarle a los nuevos generadores de opinión que van apareciendo en el infinito mundo de las redes sociales, ésta sí auténtica opinión pública, algunas técnicas básicas para depurar la redacción de notas y artículos.

Esta misma inquietud me asaltó cualquier día ya lejano en mi empírico trasegar periodístico…

Había en Caracol una luminaria del momento, tanto en la política como en la literatura: Abelardo Forero Benavides. Alguna vez le pregunté cómo hacía uno para mejorar su redacción… Me dijo: “lea mucho. Subraye todo lo que le parezca interesante y nunca siga adelante sin haber comprendido claramente lo que está leyendo. Y, también, de vez en cuando, pare la lectura e intente hacer un resumen mental de lo que ha leído”.

Todavía sigo el consejo del eminente amigo porque, aprender a escribir es una tarea que nunca termina… ¿Y qué tal? ¿Qué se pondría a hacer uno después?

Bueno, aparte de ese consejo que me sirvió de mucho, años después me sorprendió otra figura del periodismo de entonces: Jaime Soto, director de Contrapunto, un espacio radial de Caracol, de obligada sintonía por todos los que quisieran estar al corte de los acontecimientos político-partidistas del momento y sus habituales chismes de coctel que, al decir de muchos, el único riesgo que se corría era que resultaran ciertos.

Habiendo sido nombrado en alguna embajada, don Jaime encargó de la dirección de Contrapunto a Lucy Nieto de Samper, y como redactor general, a Octavio Quintero (el suscrito)… Ya en función, alguien me dijo –no estoy seguro si fue la misma Lucy– que don Jaime apreciaba mi fogosidad reporteril pero, eso sí, tenía que vigilar mucho mi sindéresis y sintaxis. No me da vergüenza confesar ahora que no tenía ni la menor idea qué significaban ese par de términos.

Pues, esa fue mi segunda lección de vida que resumo así: leer mucho, subrayar lo que a uno le parezca importante, nunca seguir leyendo si se nos atraviesa un término que no entendamos, resumir mentalmente lo leído, cuidar, al momento de escribir, la sindéresis y la sintaxis. Creo que esto ayuda mucho a llegar con un mensaje lo más claro posible al lector.

Cuando uno escribe algo, y lo publica, es con el fin de que nos lea la mayor cantidad de gente posible. Cualquier esfuerzo porque esto pueda ser posible, vale la pena. ¡Hágalo! Es mi opinión…

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