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EL IDIOMA: Cómo dar y recibir paz

Por Jairo Cala Otero, conferencista

(imagui.com)

 MODERAR LAS PALABRAS (1)

 Solemos decir que los humanos hemos evolucionado. No del todo, solamente en algunos ámbitos. Porque seguimos siendo legos respecto de los profundos efectos que las palabras tienen en nuestra vida cotidiana.

 

Los terrícolas somos agresivos, ofensores e incendiarios al hacer uso de las palabras. Desde épocas inmemoriales hay registros de esa «catástrofe». No es una «cultura» ─como muchísimos dicen, seguramente porque son promotores de agresiones verbales─; es, sencillamente, una conducta grotesca; denota falta de educación y de sindéresis al hablar y escribir ante los demás y para los demás.

 

Nada justifica la exaltación de los ánimos, ni el uso de palabras altisonantes, ofensivas y maldicientes; nada. Ni siquiera la más grave ofensa que nos infieran los patanes, los de ruinoso comportamiento. Hacerlo, simplemente, es caer tan bajo como aquellos; es seguirles su «hoja de ruta» de exacerbación del verbo, por su insuficiencia intelectiva para pensar y reaccionar civilizadamente.

 

«De la lengua de los sabios brota sabiduría; de la boca de los necios, necedades». (Proverbios 15: 2).

 

 

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A diario, en todos los rincones de Colombia, por distintas razones (muchas de ellas baladíes, que tocan la fibra de la vanidad, o la «alcurnia ofendida») las palabras salen «disparadas» de las bocas de miles de personas, como proyectiles de fusiles ametralladores, y hacen blanco fijo en la dignidad, la honra y el buen nombre de otros compatriotas. Y no siempre son esas palabras que el vulgo ha bautizado como «de grueso calibre» ─las cuales, por supuesto, son de por sí censurables─ las que zahieren la dignidad de las demás personas. Hay otras que, sin ser soeces, encarnan significados ofensivos y lacerantes para el amor propio de los demás.

 

«La respuesta amable calma el enojo; la respuesta violenta lo excita más». (Proverbios 15: 1).

 

 

Por la prudencia en el verbo seremos exaltados a la cima, por la ligereza en su uso podemos caer al precipicio de la detestación. La ruindad oral se aposenta únicamente en seres cuya vileza se desborda por su anatomía.

 

TAREA: Hacer el propósito firme y decidido de controlar las palabras. Pensar muy bien antes de pronunciarlas, pues después de pronunciadas ya no tendrán retorno. Si se es presa de la ira, no emitir ningún pronunciamiento; con toda seguridad un «incendio voraz» envolverá el ambiente y «quemará» todo a su alrededor (amistad, relación de pareja, negocios, etcétera).

(taringa.com)

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«Quien responde antes de oír, muestra ser un insensato y digno de confusión». (Proverbios 18, 13).

 

 «Cada uno habla como quien es; por las palabras se conoce

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