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Colombia o el horror a la camiseta

Por Pedro Gambeta

Foto minuto0.tn-ar.cdncmd.com

Uno no acaba de entender por qué un equipo que viene de ser protagonista en un Mundial de fútbol, con goleador y todo, y que en Chile sacó un empate casi-victoria a la actual mejor Selección del continente, unos días después de esa proeza logra perder con Argentina, en su propia casa, y no de cualquier manera: como un auténtico equipo de barrio.

El problema pertenece quizá a las características del recurso humano de nuestra Selección, en relación a la cultura y sus repercusiones sobre la mente, territorios que ninguna táctica o Técnico prestante puede transformar de un día para otro.

Cada vez que la Selección Colombia ha sido protagonista en Latinoamérica o en un Mundial, ha sido un evento aislado, una efervescencia momentánea. Verbigracia el 4-4 con Rusia, la final de la Copa América del 75, o el 5-0 frente a Argentina. Unos días o años después, hemos vuelto a nuestra estrecha realidad.

En la generación del Pibe Valderrama y el Tino Asprilla se juntaron jugadores de una personalidad excepcional, que sin haber pisado un estadio internacional lograron, de la mano de la rústica valentía del Pibe, arrodillar a todas las Selecciones del continente. Y todo para llegar al mundial y salir por la puerta de atrás. Mientras que aquellos equipos a los que antes habíamos humillados, en esos mismos escenarios de élite eran protagonistas.

Es el valor agregado que da la historia, que en los momentos decisivos nos impulsa a sacar de yo-no-sé-dónde un ímpetu que no permite que la dignidad se mancille.

La Selección Colombia no está habituada al protagonismo, por tanto le cuesta imponer condiciones de local, mientras afuera, de visitante, logra deslumbrar y sacar puntos importantes. Nuestra poca historia futbolística la hemos construido siempre desde afuera.

En el partido de hoy contra Argentina, en el que perdimos en Barranquilla 0-1, Colombia jamás se reconoció como un equipo local, dueño de casa. En un análisis del comportamiento de cada uno de los jugadores (que aquí no vamos a hacer), encontraremos el ADN del susto a ser protagonista.

En el Real Madrid James, al lado de Ronaldo y Bayle, tiene una luz que con la Selección no ha podido sacar. Y así cada uno de los jugadores colombianos que en grandes equipos mundiales son hoy figuras. Es como si la camiseta les quietara brillo y capacidad, en vez de agregárselos.

Y no es cuestión de buscar una serie de coincidencias con las que logremos superar ese asunto mental. Se trata, más bien, de reconocerlo y abordarlo científicamente. Hay en el mundo reconocidos asesores que pueden aportarnos soluciones a ese horror vergonzante que, cada vez que nos enfundamos la camiseta de la Selección Colombia, nos impone una ansiedad insuperable, una parálisis, una amnesia.

La frialdad mental, el foco, el autodominio, y una confianza total en nuestros atributos, es una actitud que añoramos en los integrantes de nuestra Selección.

¡¡¡A trabajar pues!!!, que el camino es largo y apenas empieza.

Globito 1: Mientras tenga el nivel que actualmente tiene, Edwin Cardona debe ser titular en la Selección. No hay argumento táctico suficiente que justifique tenerlo de suplente. Hoy es el único jugador que aporta al equipo fútbol, pausa, elaboración, confianza.

Globito 2: Qué impotencia ver a Pékerman en la raya, intentando transmitir a sus jugadores una firmeza que nunca tendrían.

Pedro Gambetta

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