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Chamo, en Venezuela la vaina está grave

Por Guillermo Romero Salamanca

El amargo éxodo de los venezolanos hacia Colombia a finales de 2017. Foto static.iris.net.co

Se les ve en todas partes. Los hay desde ejecutivos bancarios hasta vendedores en la calle de arepitas rellenas. Unos venden jugos de naranja, otros caramelos, unos más cantan en los buses y unos más, cambian bolívares por lo que se les quiera dar en pesos colombianos.

La Venezuela boyante de Carlos Andrés Pérez, Herrera Campis, de tres o cuatro autos en la casa, de grandes supermercados, de los bailes en los clubes con la Billos Caracas Boys, del glamour en los Centros Comerciales y de los viajes a Miami, quedó en la memoria de los mayores. Ahora los jóvenes luchan por sobrevivir, cada día, más de 30 mil buscan la frontera con Colombia para huir, se enfrentan a la Guardia en Caracas, Valencia o San Cristóbal. Los noticieros inundan las emisiones con informes de tomas de avenidas, protestas, carros echando agua a los protestantes. Todo parece un caos.

Emigran. Es lo que han denominado como la diáspora venezolana. Algo parecido sucedió en Colombia cuando gobernó Andrés Pastrana Arango. Durante 40 años, Venezuela recibió a más de 4 millones de compatriotas.

En el 2017, según la Asamblea Nacional hubo 26.616 asesinatos lo que equivale a 89 por cada 100 mil habitantes. Venezuela cerró el año con una inflación de 1.369 por ciento y un salario base de 74 dólares al mes.

Las muchachas de los jugos lo califican de “dictador”, los vendedores de caramelos “de mediocre” y los que revenden los billetes de “maldito”.

Foto archivo GRS

“Esta fue la peor Navidad para Venezuela. No pudieron nuestras familias conseguir un pavo. ¿Sabes lo qué es eso? Los pocos que había, eran para los amigos del gobierno”, cuenta Paola, una vendedora de perfumes del Centro Comercial Niza de Bogotá.

“Cuando llegué a Bogotá lo primero que hice fue comerme un pollo asado. Eso ya no se ve en Valencia. Ni ese lujo se pueden dar quienes viven allá”, agrega.

Según un informe, elaborado por varias universidades venezolanas y luego publicado en martinoticias.com, el 82 por ciento de los venezolanos están en la pobreza.

Todo lo controla madura. Según el Sindicato Nacional de Trabajadores de Prensa, el año pasado, acalló 49 medios de comunicación y 20 diarios disminuyeron sus páginas, por el control del papel.

La ONG Caritas Internacionalis manifestó que los casos de diabetes habían aumentado en un 95% y la hipertensión en 92% en el 2017, debido principalmente a la escasez de medicamentos. Y aclaró también que 114 personas con VIH-Sida no disponen de acceso a medicamentos vitales.

Escasez, racionamientos y filas para comprar lo poco que ofrece el ya marchito comercio de Venezuela.
Foto archivo GRS

Informes de medios de comunicación y de agencias como EFE revelan que “el  80% de todas las medicinas están escaseando o agotadas, mientras que en hospitales y farmacias faltan todo tipo de medicamentos, desde analgésicos hasta tratamientos para el cáncer”.

Los anticonceptivos son elementos del recuerdo. Son difíciles de encontrar productos de higiene como papel higiénico, champú, detergentes y desodorantes.

Como la producción de caña de azúcar ha decaído, debido a los controles de precios y el aumento en los costos de producción, no se consiguen gaseosas ni bebidas endulzantes.

Las encuestas estiman que entre el 50 y el 80% de víveres escasean en Venezuela. Desde abril, la producción de cerveza disminuyó por la falta de cebada.

Productos como la harina de maíz, básica para la elaboración de las famosas arepitas, no se consiguen.

Es tan grave la situación que la producción de hostias también bajó y los católicos preguntan al Papa Francisco, qué hacer ahora. En una entrevista para PanAm Post en marzo del 2017, una hermana entrevistada comentó que debido a la escasez, no han podido continuar con la producción de las hostias.

Ante esta situación no es de extrañar la respuesta de un joven de Barquisimeto que atiende en un restaurante en Cartagena: “chamo: en Venezuela la vaina está grave”.  

 

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