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Cetonas vs. bocadillo y panela

Por Juan Carlos Rincón, Londres (El Espectador, Bogotá)

Tercera y última entrega:
Las terapias genéticas y de nutrición que incrementan sustancialmente el rendimiento de los deportistas son la nueva tendencia del pelotón ciclístico internacional.

La solitaria victoria de Chris Froome en La Pierre Saint-Martin, en la única etapa en que atacó, fue un golpe psicológico para Nairo Quintana, vencido en su terreno, aunque se trató de una montaña media (1.610 m) y una cuesta relativamente corta. El colombiano reconocería que no tuvo la fuerza para responder y Chris luego reveló que la había estudiado para asestar su golpe antes de los Alpes, tal como había hecho en 2013 en el Mont Ventoux (1.912 m), otro 14 de julio. Quedaron otros 10 días para descontar 3:10”, pero fue demasiada ventaja. Al final se demostraría que la preparación especial de Froome, de laboratorio, para mantener esa aceleración brutal en períodos cortos de tiempo, no fue excepcional. Es su técnica. Nairo, en cambio, como señala Mikel Zabala, científico del deporte y entrenador técnico de Movistar, es un escalador nato que “hace daño en las rampas de mayor porcentaje (como en el Alpe d’Huez), en las que saca partido de su extraordinaria relación potencia/peso corporal y ha llegado a desarrollar 7 vatios/kilo”; superior a Froome.

Es lógico que cause inquietud y sorprenda que un pedalista mediocre (en sus primeros tres años de profesional —2008 a 2010— Froome no ganó nada) y ciclistas de pista que forman el núcleo del Sky de un momento a otro se conviertan en escaladores y derroten a los escarabajos naturales. Desde su primer pedalazo como juvenil en 2009, Nairo tiene una trayectoria victoriosa y apenas tiene 25 años. Froome (30 años) es, en cambio, producto del ciclismo de laboratorio, el de las últimas técnicas y el método científico; la ciencia aplicada al deporte, desde la aerodinámica de la bicicleta hasta la nutrición y el entrenamiento.

Lejanos están los tiempos en que nuestros escarabajos pioneros asombraban al pelotón internacional en las montañas con la dieta energética que recuerdan con agradecimiento los protagonistas de esa epopeya: bocadillo y panela, o “caldo de ladrillo”, como lo llamó algún periodista francés por la forma del bloque de azúcar de caña sin refinar. Patrocinio Jiménez se la dio a probar a Pedro Perico Delgado y más de un director de equipo europeo se sustrajo una panela para analizar químicamente ese “dopaje” de nuestros ciclistas.

Chris Froome y la “maquinaria Sky”

Las victorias del Sky no son de hoy. Su fundador, Dave Brailsford (con los recursos del magnate australiano de los medios, Ruppert Murdoch), fue el entrenador del dominante equipo británico de pista desde 2004, con Chris Hoy, Victoria Pendleton, Laura Trott, Geraint Thomas, Peter Kennaugh y Bradley Wiggins, principal ejemplo de la transformación a “pisteros escaladores” o “persecutores de montaña” ciclistas de potenciómetro. Construyó el equipo de ruta en 2010 alrededor de Wiggins, belga nacionalizado británico y múltiple campeón olímpico y mundial en pista entre 2003 y 2009 (persecución individual como nuestro gran Martín Cochise Rodríguez), a quien convirtió en rutero en Sky y especialista contrarreloj (2010-2014).

Wigo fue el primer británico en ganar el Tour en 2012, aunque hubiera podido ser Froome por lo demostrado en carrera. Tenía 32 años en el momento del podio en París y debe agradecer que Chris Froome respetó su papel de segundo y se frenó en la montaña para evitar el colapso de su líder, incapaz de seguir el ritmo. Al año siguiente, en 2013, se produjo la transición, similar a la ocurrida en Movistar entre Valverde y Quintana: el segundo venido a líder por clara superioridad. Brailsford advierte que sus métodos olímpicos —que dice practicar desde hace 15 años— son también efectivos en la ruta. “Competimos limpiamente y Froome es un corredor limpio”, asegura. La historia muestra que los ciclistas británicos dominan la pista desde hace tres olimpiadas y tuvieron su consagración en 2012 en Londres, donde además ganaron la contrarreloj, aunque se les escapó el podio y la victoria en ruta porque inesperadamente el kasajo Alexander Vinokurov y el colombiano Rigoberto Urán vencieron la fórmula y les dañaron su fiesta.

Lo interesante de este “ciclismo de potenciómetro” (aparato que Nairo no utiliza en su bicicleta en las etapas de montaña) es que ninguno de los corredores británicos tiene el biotipo ni la contextura de un escalador y, al contrario, son pedalistas de más de 1,80 m y en promedio 70 kilos de peso, y por ello tienen que mirarlo a toda hora para regular sus esfuerzos de otra manera y seguirlo para dar todo por su líder.

Como ejemplo, y para poner en contexto las fisiologías de los rodadores británicos, Soler (1,90 m, 70 kg) y Winner Anacona (1,79 m, 65 kg) son los dos únicos escarabajos colombianos con el biotipo del Sky. Comparativamente, el “salvador de Froome” en los Alpes, el tasmanio Richie Porte (1,72, 62 kg) sigue siendo más grande que Nairo (1,67, 57 kg) o que el legendario Luis Herrera (1,67, 56 kg). Ninguno de los cinco corredores latinos del Sky estuvo en la selección del Tour 2015; ni los colombianos Sergio Luis y Sebastián Henao, ni los españoles Xabier Zandio, Mikel Nieve y David López, todos ellos gregarios y regularmente mejores escaladores que Porte, Thomas o Stainard, pero sin la complicidad con el líder. Y tal vez siguen un método distinto porque los británicos —en todo el mundo— acostumbran hacer las cosas entre ellos y en el ciclismo la omertá, la ley del silencio, existe.

La dieta Sky: cetonas

En Sky no se deja nada al azar, desde la alta tecnología de sus bicicletas, el motor-home para sus ciclistas, el entrenamiento programado y su seguimiento, pero, sobre todo, la dieta. Los detalles de nutrición son inmensamente importantes, hasta el punto de que el equipo lleva su propio aceite de oliva y sus alimentos nutrientes a las carreras. El énfasis es en la macronutrición antes que en los suplementos alimenticios. Y, hecho interesante, la dieta de sus ciclistas en el Tour de Francia era 7-8 g/kg de carbohidratos y casi 3 g/kg de grasa al día (2,7-3,5 g/kg de proteína). ¿Por qué grasa? El secreto del equipo parece estar relacionado con la cetona —que se puede considerar un supercombustible— y un método que recuerda la famosa dieta Atkins. No es nuevo y se dice que ha sido probado por más de 10 años en los marines estadounidenses y se utilizó en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, en deportistas de remo y otros de alta resistencia. En teoría, los atletas en dieta cetónica pueden conseguir hasta 30% más de energía, pero es difícil saber cuánto de ella puede convertirse en más velocidad, más fuerza, en ganar.

Cuando las concentraciones de glucosa en la sangre van a bajar, el hígado convierte una parte de los ácidos grasos en ácidos llamados cuerpos cetónicos o cetonas. Su función es suministrar energía al corazón y al cerebro en situaciones extremas, de alto esfuerzo o de inanición. Estas sustancias pueden sustituir a la glucosa y los ácidos grasos del combustible celular. Sin embargo, a diferencia de los ácidos grasos, las cetonas pueden penetrar la barrera sangre-cerebro. Hace más de 10 años el bioquímico Richard Veech, quien trabajaba en 2003 en el Instituto Nacional de Salud en Rockville (Maryland), dijo que el cerebro en momentos de inanición necesita de las cetonas porque sus células se ven amenazadas ante la privación de energía que les impide metabolizar los combustibles a su disposición, la glucosa y los ácidos grasos. Estudios más recientes de la bioquímica Kieran Clarke en el Departamento de Bioquímica de la Universidad de Oxford, señalan que las cetonas podrían proporcionar al músculo del corazón una fuente de energía alternativa. Pero la investigadora advirtió que “la única manera en que ahora podemos producir cetonas en el cuerpo es una dieta alta en grasas”.

Se trata del principio de la dieta Atkins, conocida como cetogénica, porque restringe la ingesta de carbohidratos hasta el punto de —debido a este déficit— causar cetosis e inducir al cuerpo en esfuerzo a consumir las grasas para obtener energía. El cuerpo deja de utilizar como fuente primaria los glúcidos, llámense bocadillo, panela o azúcar. Los ciclistas de Sky pueden comer hasta 250 gramos de proteína diaria, pero como están acostumbrados a rodar regularmente con alimentos y fluidos, tienen que entrenar un par de horas en los días de descanso.

“Cuando los ciclistas dejan de realizar esfuerzos de alto rendimiento, el metabolismo baja nuevamente y empiezan a quemar azúcares primero y grasa después, lo cual hace que el gasto de energía aumente con el mismo nivel de rendimiento, mientras que si trabajan en los días de descanso el metabolismo sigue quemando primero las grasas, que es un proceso más lento, manteniendo los niveles de fuerza o de rendimiento altos para terminar con los azúcares, que es lo último que se tiene”, explicó a El Espectador la investigadora Elizabeth Galvis, del hospital Saint Thomas, en Londres.

En estado de cetosis el deportista de alto rendimiento quema grasas fácilmente, incluyendo sus reservas. Entonces, el organismo quema primero la grasa extra que ha ingerido con la dieta, luego recurre a quemar los azúcares y finalmente el cerebro busca sus últimos recursos, las cetonas, que son producidas naturalmente y han sido preservadas o ingeridas en forma líquida, como la bebida desarrollada en la Universidad de Oxford a partir de su síntesis química. Estas bebidas cetónicas ya están siendo utilizadas en el pelotón profesional y parecen ser el non plus ultra en nutrición para el alto rendimiento de los ciclistas, a pesar de su desagradable sabor amargo y de su altísimo costo: casi nueve millones de pesos por litro. ¿Cuántos bocadillos, herpos y la infaltable panela, que nuestros escarabajos adoraban y les servían de complemento energético, se podrían comprar con una botella? Entonces, ¿qué tan limpio está el ciclismo en 2015?

A pesar de las declaraciones de ciclistas y equipos de estar “limpios” de dopaje, la Comisión Independiente de Reforma del Ciclismo señaló en su informe que apenas 5% de los ciclistas del pelotón están hoy dispuestos a permitir que sus muestras sean utilizadas de forma anónima con fines de investigación en el desarrollo de nuevos métodos de detección de drogas. Algunos invocan el temor a la violación del anonimato, como ocurrió en 2005, cuando el diario L’Equipe, fundador del Tour de Francia, accedió a detalles de los análisis de muestras del evento de 1999. El cardiólogo David Holdsworth, quien durante diez años fue médico del ejército británico y desarrolló las bebidas cetónicas en la Universidad de Oxford, dijo a principios de este año que “hay equipos de ciclismo profesional y ciclistas profesionales de fama mundial en esos equipos que han utilizado cetonas en pruebas internacionalmente famosas, que han ganado”. En respuesta, Christopher Froome negó en Twitter el uso de cetonas, mientras el equipo Sky rehúsa comentar sobre ello. Sin embargo, es conocida la relación privilegiada de su cerebro, Dave Brailsford, con la Universidad de Oxford y las industrias británicas de tecnología de punta.

El doctor Holdsworth afirma que “sí se han utilizado con éxito considerable”. Y ello lo corrobora el doctor Michele Ferrari —líder del dopaje en la época Armstrong— en su blog 53×12, donde señala que la molécula se administra por vía oral, se absorbe rápidamente y tiene su concentración máxima en la sangre de 2 a 3 horas después de su ingesta. Y la normalidad regresa después de 8 a 10 horas, es decir, durante el sueño del ciclista. Según Ferrari, el monoéster cetona fue patentado recientemente y debería ser comercializado pronto por la compañía TdeltaS, aunque la sustancia, según la propia empresa, fundada y dirigida desde 2006 por Kieran Clarke, ya ha sido utilizada por los atletas a partir de 2011 hasta la fecha. Sin embargo, la Agencia Mundial Antidopaje no tiene actualmente a las cetonas en la lista de sustancias vigiladas y prohibidas, aunque la oficina antidopaje del Reino Unido, a través de su jefe de ciencia y medicina, Nick Wojek, recomendó en un comunicado a los atletas “evaluar los riesgos asociados con el uso de cualquier suplemento, incluyendo los sintéticos que tienen cetonas entre sus ingredientes”.

El doctor Holdsworth confirmó a su vez que las bebidas de cetona se han suministrado a los atletas profesionales británicos, “sólo después de la autorización de las autoridades antidopaje”. El producto se utiliza como una bebida que mejora el rendimiento en atletas de élite de alta resistencia, proporcionando una fuente de energía adicional a la glucosa. Los investigadores creen que los mayores beneficios son para los esfuerzos de larga distancia en deportistas de alto nivel y, según el científico, las cetónicas deberían ser consideradas similares a las bebidas energéticas que se ofrecen en el mercado. Como analogía, ya antes el doctor Michele Ferrari comparó la EPO con el jugo de naranja. En Bélgica se dice que hay correos que llevan la bebida de cetona a la casa del ciclista, a un precio de 2.700 euros la botella, mientras en internet se consiguen bajo la forma de suplementos alimenticios y productos para bajar de peso, el KETO/oss, Keto-XP y CLA (ácido linoléico combinado, extraído de la carne y leche de rumiantes). Los precios del nuevo producto deberán bajar porque los científicos ya utilizan bacterias para la fabricación de bebidas que se pueden procesar en cetonas y, a medida que se refine el precursor, los costos se reducirán.

Pareciera ser entonces que combinando distintos productos legales en la forma “correcta” se consiguen los mismos efectos que con las sustancias dopantes, y como acontece frecuentemente en el deporte de alto rendimiento, gracias a los laboratorios farmacéuticos y a las universidades líderes en investigación científica, el ciclismo seguirá en eterna transición y con sus continuos dilemas éticos mientras logra exorcizar sus demonios.

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