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Carta de Alberto Lleras a Chaplin

Así escribía Alberto Lleras Camargo

ecbloguer.com

Señor Carlos Chaplin:
En el alba de hoy he encontrado un cartel de un metro veinte de alto por setenta centímetros de ancho, agujereado, lleno de chirlos, y al cual manos indignadas habían ido despellejando a tiras. Como llovía –una de esas albas de arrabal que caen por sorpresa en el centro de las ciudades—el cartel se había desteñido.
Con todo pude reconocer que había un hombrecillo de hongo, varita flexible, zapatos torcidos –como si cada uno quisiera ir por distinta ruta— y logré identificarlo a usted, señor Chaplin.
Después supe que la multitud había operado aquella injuria iconográfica. Y le confieso a usted que no he sentido indignación. Pero esta carta tiene por objeto explicarle por qué “El Circo” tuvo en Bogotá un epílogo que la crítica amaestrada de otros países, donde la sensibilidad ha llegado a la standarización, pudiera torcer en contra nuestra. Sepa usted que ayer era dos de noviembre. Es un día que nosotros solemos consagrar a los muertos y que tradicionalmente había contado con un decorado de lluvia. El último os e noviembre no ha llovido. Por el contrario. La tarde estuvo excelente. Algún amigo ha podido informarme que la mañana fue de buen sol, digna de un sábado cualquiera.
Pero no es eso solo. Nosotros en nuestra ciudad no tenemos solidaridad intelectual con el resto del mundo, cosa que nos hace desenfadados, nerviosos, y sin responsabilidades históricas. Si “El Circo” se recibe con una tempestad de silbidos –demostración universal de desaprobación—en Paris o en Nueva York, su reputación sufrirá, señor Chaplin, y no hay ningún ciudadano que se atreva a tomar esa medida de protesta sin pensar sus consecuencias extraordinarias. En cambio, nosotros podemos silbarlo , y a usted no le pasa nada. Sin contar con que usted no lo sabrá nunca. Nuestra protesta tiene cierto carácter clandestino a los ojos del mundo, que la hace deliciosa. Si yo hubiera estado anoche en el teatro donde se suscitó este accidente, hubiera comenzado
A silbar antes de que concluyera “El Circo” y no como lo hizo el resto del público, cargando la responsabilidad a otra película absolutamente inocente. Y lo hubiera silbado por las razones que impulsaron a manos anónimas a romper el afiche en que estaba usted con los ya mencionados artículos de su personal indumentaria. Porque usted en ”El Circo” ha colocado a su humorismo –perdón señor Sigmundo Freud, pero quiero equivocarme—una dosis de filosofía oscura, sexual, dolorosa, que me estafa a medida que va corriendo la cinta. Porque usted me ha dado la clave en esa misma película mencionada, de loque es su obra, después e que descubrió, gracias a la infidelidad de sus amigos, como Frank, que usted era un personaje excepcional. Hoy h visto en un cine de familia una de sus películas de antes. ¿Se acuerda? Cuando iba por las calles tropezando, perseguido por ese eterno policía implacable, y su alma de golfo se daba golpes contra todas las cosas, como si usted viera el mundo a través de unas antiparras de aumento. Cuando le perseguía un eterno matón de hongo, en las vías intranquilas de los suburbios, en una ciudad como ésta, como aquella, como la otra. Cuando hacia danzar los panes, en “La Quimera de Oro”. Cuando usted era un hombre como todos. A medida que ha ido creciendo, es usted menos hombre, y se transforma en filósofo. Le hubiera silbado, porque usted cree que en todas partes del mundo debe aplaudírsele. Y yo vivo en una ciudad que se permite disentir de todo el mundo. Porque en todo lo que he leído sobre usted he sacado la consecuencia de que es un ser de excepción, y oiga bien, señor Chaplin, en Bogotá cada hombre lleva debajo de la piel una animula tropezada, equivocada, que da tumbos , que se llena de miedo ante los matones y que, sin embargo los vence; que siente cariño por todo lo maltrecho, perseguido y malherido que se va encontrando; que no sabe nunca que sus actos provocan la risa del vecino, mucho más que los gestos automáticos de Carlos Chaplin en un telón de cine.
(El Tiempo, Bogotá, noviembre 4 de 1927)

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