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Campaña electoral en una nueva época

Por Medófilo Medina* (razonpublica.com)

El desarme de las FARC ha permitido que surjan temas distintos del conflicto armado, que la campaña electoral vuelva a las plazas, y que por primera vez se consolide una candidatura realmente alternativa.

Medófilo Medina*

Una nueva época

La firma del Acuerdo de Paz entre el gobierno y las FARC fue un evento histórico.

La guerrilla entregó las armas en la vereda de Buena Vista, municipio de Mesetas, departamento del Meta el 27 de junio de 2017. Desde entonces, la paz parece irreversible, a pesar de los problemas en su implementación. Sin el conflicto armado interno, Colombia ya no será la misma.

Y sin embargo los agravios al Acuerdo de Paz han sido numerosos, graves y sistemáticos. Aunque la negociación de La Habana fue admirable desde muchos puntos de vista, el postconflicto no arranca y la violencia prolonga su curso letal.

En este artículo argumento que la paz trae una nueva época para Colombia y que, en consecuencia, la campaña electoral tiene características distintas, que además parecen haber favorecido a uno de los cinco candidatos.

El Estado y la paz

No parece que la contraparte de las FARC en la firma hubiera sido el Estado.

Todas las ramas del poder público parecen empeñadas en castigar al Acuerdo de Paz:

La paz trae una nueva época para Colombia y que, en consecuencia, la campaña electoral tiene características distintas.
  • El ejecutivo, en cabeza de un desconcertante Nobel de Paz, no parece tener voluntad para desmantelar el paramilitarismo, que sigue matando a líderes sociales y exguerrilleros.
  • El legislativo escamoteó burda y mezquinamente muchos de los puntos del Acuerdo.
  • El judicial y, en concreto, la Corte Constitucional mutiló y distorsionó tanto el fast-track como la Justicia Especial para la Paz (JEP).

Le recomendamos: El Acuerdo debe cumplirse, pero no es intocable

¿Prolongar la saga sangrienta?

Cierre de Campaña en Bogotá
Cierre de Campaña en Bogotá
Foto: Facebook Gustavo Petro

Es preocupante que Estados Unidos haya revivido un estímulo a la guerra en Colombia, al convertir otra vez a la DEA en el protagonista de sus relaciones con el país.

Aunque parezca increíble, en el sistema político todavía existen sectores con interés en prolongar la guerra, y cuya viabilidad depende del conflicto armado y de la “lucha contra el terrorismo”.

Por eso, algunos partidarios de la paz advierten que ciertos sectores “se la están tirando”. Otros, desde posiciones derrotistas, vaticinan que la paz pende de un hilo y otros hasta advierten que ya fracasó.

Ante esa situación, es pertinente evocar la frase de Max Weber a favor de una política democrática y sólida en lo ético como opción personal y colectiva: “Solo quien está seguro de no quebrarse cuando, desde su punto de vista, el mundo se muestra demasiado estúpido o demasiado abyecto para lo que él le ofrece; sólo quien frente a todo esto es capaz de responder con un “sin embargo”; sólo un hombre construido de esta forma tiene ‘vocación para la política’”.

Los frutos de la paz

En 1902, muchos recibieron mal los acuerdos que pusieron término a la Guerra de los Mil Días y a las guerras civiles que se habían vuelto recurrentes desde la Independencia. Un representante de las élites conservadores recibió las noticias con un extraño saludo: “¡llegó la paz con todos sus horrores!”.

Hoy, cuando algunos sectores parecen tener el mismo recelo, conviene recordar algunas cifras:

  • En 2009 se produjeron 16.429 homicidios por el conflicto armado interno; en 2017 se produjeron tan solo 659.
  • En 2009 hubo 2.392 desapariciones forzadas; en 2017, tan solo 55.
  • En 2009 fueron secuestradas 515 personas; en 2017, 67.
  • En 2009 se registraron 424.929 personas como desplazados; en 2017, ese número descendió a 124.882.

Por lo anterior y por muchos otros motivos, no es exagerado afirmar que Colombia ha entrado en una nueva época, y eso se refleja también en la campaña electoral.

Algunas de las fórmulas que servían para infundir miedo se han desdibujado ya. ¿Qué quedó hoy del eslogan – tan popular hace un año- “Santos le entregó el país a las FARC”? Hoy el castro-chavismo es un espantapájaros que en realidad no pude espantar a nadie.  Incluso se han desgastado los cuentos de que Colombia podría ser una segunda Venezuela.

Desde luego, aparecen nuevas formas de manipulación, pero la mentira necesita tiempo y repetición para ser internalizada eficazmente.

Vuelven las muchedumbres

Desde la campaña liberal de 1930 alrededor de la candidatura de Olaya Herrera, el protagonismo de la gente en calles y plazas se hizo parte importante de la actividad proselitista.

Por primera vez, micrófonos y parlantes permitieron la ampliación de la voz. La radio entró desde la segunda mitad del decenio de los años treinta a formar parte del arsenal de la movilización electoral. La televisión empezó a consolidarse con la difusión del discurso político bajo el Frente Nacional, y desde entonces no ha cesado de aumentar su importancia. La radio se entendió bien con la movilización callejera, la televisión tendió a desplazarla.

En la campaña actual, los candidatos han reconquistado el contacto directo con las masas, sin disminuir el papel de los debates y las cuñas por televisión. El renovado gusto por las calles y las plazas se alimenta de este tiempo de ruptura, cuando parecen despertar energías colectivas aletargadas.

La guerra ha pasado a un segundo plano en la definición del voto y eso ha fortalecido la atención de los electores al programa o el discurso de los candidatos. Al mismo tiempo se ha debilitado el potencial juego del centro.

No todos los candidatos están en condiciones de incorporar los signos del momento. El clima de descontento parece favorecer más a Gustavo Petro, que en boca de las ciudadanas y los ciudadanos de a pie encarna la protesta contra “los mismos con las mismas”.

Variaciones en el curso de la campaña

Firma del Acuerdo de Paz- Cartagena de Indias
Firma del Acuerdo de Paz- Cartagena de Indias
Foto: Presidencia de la República

Petro arrancó en una buena posición. En la encuesta Pulso País de abril de 2016, cuando los candidatos no habían oficializado aún sus candidaturas, la intención de voto era como sigue:

  • Sergio Fajardo 20, 8 por ciento
  • Germán Vargas 15,8 por ciento
  • Gustavo Petro 15, 4 por ciento
  • Humberto de La Calle 3,9 por ciento
  • El Centro Democrático era representado entonces por Oscar Iván Zuluaga, con 12,4 por ciento.

En el mismo sondeo, el 74 por ciento de los encuestados no creían que las FARC tuvieran intención de firmar el acuerdo para la terminación del conflicto.

En la campaña actual, los candidatos han reconquistado el contacto directo con las masas

Después de varias oscilaciones, dos candidatos empezaron a figurar de primeros en todas las encuestas: Iván Duque y Gustavo Petro. En contraste con las encuestas, la firma Cifras & Conceptos entregó el 3 de mayo un resultado distinto, a partir de modelos de pronóstico:

  • Iván Duque 37,9 por ciento
  • Germán Vargas 24,1 por ciento
  • Gustavo Petro 21,6 por ciento

La aplicación de modelos de pronóstico para resultados electorales tiene escasa tradición en Colombia. El Modelo de Cifras & Conceptos parte de dos fuentes: para medir la opinión, se basa en encuestas realizadas por diversas firmas; y para la estructura, parte de los resultados de las elecciones del 11 de marzo para cuerpos colegiados.

Las encuestas son fotografías con tiempo preciso. Por eso, construir tendencias a partir de ellas puede ser equivocado. Para el 11 de marzo, los resultados están vinculados en proporción importante con las maquinarias y al clientelismo. Ese sesgo se hubiera podido relativizar si el modelo hubiese incorporado los resultados de las consultas que fueron excluidas.

Puede interesarle: Lo que pueden y no pueden decir las encuestas.

Para la construcción de escenarios para la segunda vuelta, un reciente estudio de ANIF se basa también en las votaciones por partidos del 11 de marzo y predice que la disputa será entre Germán Vargas e Iván Duque.

Pero estos ejercicios fallan en el momento de analizar las peculiaridades de la presente campaña electoral, que no puede ser explicada solo con la variable de los partidos y las maquinarias. Estas elecciones estarán determinadas también por el impacto liberador de la época de paz en la que Colombia va entrando, en medio de enormes dificultades y vacilaciones.

Un aluvión popular

En esa coyuntura, se hace visible que el candidato que se ha visto más favorecido por la movilización popular es Gustavo Petro.

Primero, porque su movimiento no se presenta como expresión de una sola clase, ni un solo sector de la sociedad, sino de un verdadero aluvión popular. En él concurren todas las edades, pero la presencia juvenil y femenina es muy notable.

La personalidad ideológica del movimiento no establece compromisos con ningún “ismo” en particular y por ello los seguidores y seguidoras no se muestran interesados en elaborar “caracterizaciones” del candidato como de izquierda, centro o derecha.

El Acuerdo sobre lo Fundamental que propone Petro fue tomado del caudillo conservador Álvaro Gómez Hurtado y se ha constituido en un recurso ingenioso. Gómez no le dio un contenido concreto a su divisa, pero le asignó una función emocional. Petro ha llevado a esa fórmula su propio arsenal de ideas: igualdad, justicia social, energías limpias como base del desarrollo, cuidado del agua, incorporación de las diversidades regionales, uso racional y justo de la tierra, educación y más educación, salud para todos, respeto al amplio espectro de opciones existenciales de los ciudadanos, defensa del interés nacional y de la soberanía de Colombia.

Un componente importante es el carisma de Petro, un carisma sui generis que no da lugar a altas descargas retóricas sino a explicaciones sencillas en estilo llano de problemas complejos. El carisma de Petro se potencia con el carisma de Angela María Robledo y con la trayectoria de estos dos políticos competentes y honestos.

*Cofundador de Razón Pública; para ver el perfil del autor, haga clic aquí.

 

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