Al instante

Calmantes o políticas estructurales

Por Eduardo Sarmiento, El Espectador, Bogotá

(viu.es)

A mediados del año pasado advertimos que el país, al igual que América Latina, estaba abocado a una caída de la actividad productiva y un debilitamiento externo.

La economía operaba con un creciente déficit en cuenta corriente y un elevado precio del petróleo que no eran sostenibles. La previsión se confirmó al final del año, cuando el déficit en cuenta corriente se disparó a 6% del PIB y el precio del petróleo bajo a la mitad.

El Gobierno y los centros afines respondieron aduciendo que las dos fallas estructurales se corregirían por sí solas. De nuevo se equivocaron. La cuantiosa devaluación no ha tenido mayor efecto sobre las exportaciones y las importaciones. De seguro, el déficit en cuenta corriente seguirá subiendo y superará el 7% del PIB al final del año.

Las perspectivas del petróleo no han cambiado. La baja de la cotización resquebrajó la mayor parte de la inversión y no tiene mayor posibilidad de recuperación. El cartel se quebró; los países de la OPEP están comprometidos en ampliar la participación en el mercado y la producción de altos costos de Estados Unidos no da señales de disminuir. El exceso de oferta persistirá presionando las cotizaciones alrededor de los US$50.

El Gobierno y los organismos internacionales han reconocido el deterioro creciente de la economía. En cuatro meses redujeron la predicción de crecimiento económico a la mitad. Sin embargo, no han avanzado en establecer las causas, en parte porque no quieren reconocer los errores en la formulación de la política y en las predicciones.

Se ha caído en un manejo que gira alrededor de las manifestaciones. El ministro de Hacienda no ha ido más allá de la política fiscal de reducir gastos y propiciar la infraestructura, que son contradictorios. Dentro del contexto de austeridad fiscal, el alcance de la infraestructura de transporte es reducido. Así, el gasto previsto para ésta y la siguiente vigencia es similar a la de los años anteriores y apenas logra mantener la participación del sector en el producto; su contribución al crecimiento es de orden menor.

A finales de la semana, el Gobierno presentó el plan de reactivación PIPE 2. Al igual que el PIPE 1, se trata de un programa menor de estímulos a la construcción y de alivios de costos a la industria: calmantes que no actúan sobre la raíz de la dolencia.

Es hora de que se entienda que el origen del debilitamiento estructural de la economía colombiana se encuentra en la política de comercio internacional orientada a aumentar las importaciones, mediante los TLC, la rienda suelta a la inversión extranjera, la revaluación y el desmonte arancelario. El expediente significó la elevación del ingreso por el abaratamiento de los bienes externos y una estructura de baja productividad por los servicios. El cambio del contexto externo ocasionado por el desplome del petróleo dejó la economía expuesta a un cuantioso déficit en cuenta corriente que la asfixia por la escasez de divisas y la deficiencia de demanda, y hunde el crecimiento a tasas cercanas a 2%.

La reactivación estructural sólo puede lograrse con un cambio drástico en la visión del comercio internacional que le concede prioridad al abaratamiento de las importaciones De hecho, habría que renegociar los TLC, revisar los aranceles al alza, regular el tipo de cambio y las entradas de capitales, y modificar la regla fiscal. Al mismo tiempo, es indispensable poner en práctica políticas industriales y agrícolas guiadas por la innovación tecnológica y el aprendizaje en el oficio que racionalicen las importaciones y la inversión extranjera, y que concilien el mercado interno y el externo de bienes industriales y agrícolas.

Eduardo Sarmiento Palacio | Elespectador.com

Ir a la barra de herramientas