Al instante

BLANCO Y NEGRO: La piel de la tierra

Por Gabriel Ortíz

Mocoa, la huella de la avalancha del 31 de marzo de 2017. Foto El Universal, Cartagena

La tragedia de Mocoa está siendo aprovechada, por políticos y por quienes la quieren utilizar para satisfacer sus intereses, no muy ortodoxos.

A nadie escapa que la culpa es de quienes han robado la piel a la tierra. Por una parte los deshonestos urbanizadores, por otra los miopes gobernantes y no nos digamos mentiras, por los intrépidos pobladores que prefieren morir rio abajo, que vivir loma arriba.

Antes de que ocurriera la avalancha que acabó con Armero, se les dijo a las gentes y a las autoridades que algo grave estaba en ciernes, que el “León dormido”, estaba al acecho, que tomaran las precauciones del caso. Pero nadie prestó atención a las alertas que lanzó el Noticiero Nacional de Televisión, con Max Henríquez, “el hombre de los meteoros”.

Muchos de los pobladores de las riberas de los ríos y quebradas, estaban colgados de los barrancos y aferrados a las miniplayas de las fuentes de agua. “Prefiero morir aquí que abandonar mi tierra”, le dijeron esos pobladores a Arrotokieta, a Chucho Martínez, a Carmelo y demás reporteros. Pasada la catástrofe, las cámaras captaron los cauces tajados por la avalancha sin casas habitantes. No quedó ni la huella de ellos. Murieron aferrados a una tierra que ni siquiera era de ellos… era del rio.

Los “tres mosqueteros”, anuncian investigaciones “exhaustivas” sobre lo acontecido en Mocoa. Las cámaras y micrófonos los subyugan. La calentura no está en las sábanas. Ellos mismos pueden resultar implicados, porque su deber, desde sus posesiones, era haber designado cuerpos especiales para investigar si se estaban cumpliendo las normas de seguridad en las zonas de desastre. Solo después se percataron de que algo andaba mal.

Nos robamos la piel de la tierra y ella nos la cobra. El barrio El Bosque, se salvó y lo salvó un bosque que pronto será talado, arrasado y urbanizado. Frenó el ímpetu de las aguas que raudas bajaban de las montañas. La salvadora piel de la tierra está intacta, el resto aniquilado. Quedó una amorfa capa de lodo y piedras, y las lágrimas por unos compatriotas que ya no nos acompañan.

Debemos volcarnos sobre esa dolorida región y emprender campañas que nos permitan salvar vidas y crear conciencia para cuidar nuestra ecología y devolverle la piel a la tierra.

BLANCO: La respuesta de un Presidente y un país, para reconstruir Mocoa. Esa es una marcha constructiva.

NEGRO: El uribista Daniel Cabrales sobre la catástrofe: “se trató de una carga de dinamita explosiva colocada por las Farc”.
gabrielortiz10@hotmail.com

Ir a la barra de herramientas