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BLANCO Y NEGRO: Del 7 malo al 7 bueno

Por Gabriel Ortíz, gabrielortiz10@hotmail.com

Duque (el bueno) Macías (el malo) y el feo estaba sentado entre los invitados a la posesión. Foto pulzo.com

 

Es mucho el trecho que hay de Macías a Duque y del nuevo presidente al Centro Democrático. De ello dependen los objetivos que Iván persigue para regresarle a Colombia una convivencia pacífica y el empeño del joven mandatario, que ha entendido que existe otra manera de manejar las cosas con positivismo, soluciones y sin agresiones.

Uribe quiso manejar las cosas durante diez y seis años, la mitad él y la otra queriendo manejar a Santos como un títere, propósito que le falló. Impuso con su innegable liderazgo, una dañina polarización, que sembró de tal manera el odio, la intolerancia y el insulto, que dividieron amistades, familias y comunidades.

Se pensó que terminado el gobierno del Nobel Santos, y recuperado el poder uribista, cesarían los twitter, declaraciones, manifestaciones y epítetos cargados de injurias, rencores, rabia, bilis, intolerancia y desprecios. Pero el mismo 7 de agosto, este país despertó con una amarga página publicada por el Centro Democrático en El Tiempo, que chorreaba hiel, cólera y amargura. En lugar de abrirles una puerta amable al nuevo mandatario y al país, quiso salpicar a Duque de irritación, secreción e inquina. Los colores que el Centro Democrático escogió para esa publicación, parecían escogidos por el Frankenstein de Shelley, para infundir terror a ocho millones de colombianos.

El país no había alcanzado a reponerse del espanto, cuando ligeramente pasadas las tres de la tarde, el presidente del Senado asperjó el ambiente, que debería haber sido solemne, con una perorata pueblerina que enlodó el atractivo escenario que sirvió para posesionar a Duque. Su incordio, fue un sartal de mentiras y falsas noticias que nos hicieron aparecer como un país troglodita, inviable e irrescatable por parte del nuevo mandatario. Si queríamos atraer el turismo para fortalecer nuestra economía, un opita quiso darle el puntillazo final. Quienes leyeron el aviso y escucharon el fastidioso discurso, difícilmente vendrán a Colombia a invertir o a pasear.

Por fortuna un ventarrón de agosto buscó limpiar el mal ambiente y la energía negativa que dejó Macías y permitió observar otra cara de la moneda, que el Presidente Iván Duque proyectó para una nación que con pujanza mira hacia el futuro. Para borrar la perorata del opita, anunció un gobierno con soluciones, no con agresiones. Dijo que su gobierno servirá para construir, no para destruir. Que será un presidente que buscará acuerdos, no aplausos y fue despertando y sembrando en el auditorio positivismo y grandes esperanzas. Esas esperanzas que nos pidió el Papa Francisco, “no dejarnos robar”.

Con cada frase, con cada afirmación, con cada palabra, Duque propagó optimismo y fortaleza para que salgamos adelante. Muchos esperan que su mentor, con costilla nueva, no trate de truncar esos buenos deseos, que empiezan con los 30 días que dio al ELN para firmar la paz y con sus otros empeños positivos orientados a eliminar la polarización y la pésima energía. Bienvenido Presidente con sus ideas, aspiraciones, planes y excelente equipo.

BLANCO: El reconocimiento que Colombia dio a Palestina como Estado.

NEGRO: La nueva amenaza del niño.

gabrielortiz10@hotmail.com

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