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Bienvenidos a la cleptocracia

Por Octavio Quintero, El Satélite

Foto REUTERS/Ricardo Moraes

 

Resultaría de una ingenuidad angelical creer que Odebrecht es la única oveja negra entre las multinacionales que extienden sus tentáculos a Colombia. No, de Odebrecht estamos invadidos, y fue gracias a las autoridades estadounidenses que supimos en Colombia que, Odebrecht, a más de constituir una empresa privada de negocios lícitos, también incluía en su misión lo ilícito, que es lo que hace lo lícito más rentable.

O sea, el error de Odebrecht, como el de la FIFA, fue haberse metido con los “sagrados” intereses económicos de Estados Unidos que, para garantizarlos, puede perseguirlos judicialmente hasta los mismos infiernos, si fuera el caso.

Mientras los ladrones que roban fuera de Estados Unidos sean honrados en su territorio, dese por seguro que no van a tener problemas tan incómodos como los de la FIFA hace unos meses, o los de Odebrecht, hoy. Y no los van a tener porque los gobiernos del Tercer Mundo son cabeza de playa de la corrupción de las multinacionales que, todas-todas, tienen sus diligentes departamentos de RR. PP. que podríamos llamar más preciso “Departamento de Sobornos”, a través de los cuales compran a los altos funcionarios públicos y a los periodistas más influyentes del medio respectivo, que con eso tienen para cubrir de lana su pelambre de lobos.

No solo sobornan para obtener pingües negocios, sino que siguen sobornando para que esos buenos negocios sigan siendo cada vez más pingües como, por ejemplo, el otrosí que le adicionan al contrato de la Ruta del Sol por 900.000 millones de pesos, ¡sin licitación!, para que tan importante transversal nacional tuviera una no menos importante derivación arterial a Puerto Gamarra, en el Atlántico, hasta llegar a la propiedad de un hermano de la ministra de Educación, Gina Parodi, pareja sentimental de la ministra de Transportes, Cecilia Álvarez, hermano que a su vez es pareja sentimental del secretario privado del presidente Santos: ¡EH AVE MARÍA!, estas son palabras mayúsculas.

Donde quiera que se hurgue sale pus: en las multinacionales cementeras, en las petroleras, en las papeleras, en los laboratorios de drogas lícitas y, por supuesto, en las ilícitas, en las líneas aéreas, en las grandes extensiones (como se les dice a los anteriores supermercados), en las iglesias de todos los credos, en la salud, en la educación, en toda la extensión del socorrido etcétera que utilizamos cuando queremos poner punto final a un ejemplo, o porque no queremos extendernos en el tema o no nos acordamos de más ejemplos. Y en este fantástico submundo se mueven a su antojo funcionarios públicos nacionales, departamentales y municipales; el Congreso, las asambleas y concejos; los magistrados de las altas cortes y sus ramificaciones territoriales: ¡es un asco al cuadrado!

Fin de folio.– ¿Hay solución? Bueno: “no hay mal que dure 100 años ni cuerpo que lo resista. Yo sigo empuñando ese billete de mil pesos que, junto a la figura de Jorge Eliécer Gaitán, dice: “El pueblo es superior a sus dirigentes”, a no ser que también esto ya sea un cuento acabado; un “fin de la historia”.

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