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Bien que mal

Por Carlos Alberto Ospina M.

Imagen futbolred.com

El ingenio y la creatividad de los colombianos no tiene límite. La pregunta que ronda por estos días ¿Dónde irá a parar el merchandising y las camisetas de la Selección Colombia? ¡Tranquilos que no cunda el pánico! Aquellos que esperaron hasta que las prendas originales estuvieran baratas podrán adquirirlas, a mitad de precio, en las tiendas y los puntos de venta de las distintas marcas deportivas. De hecho, a medida que salen del Mundial las diferentes representaciones, las góndolas de las grandes superficies y los distribuidores oficiales, lucen anuncios de descuentos del 50% o pague 1 lleve 2. Del mal, el menos. Primero estuvieron rebajadas las camisas de Argentina, Alemania, España y Portugal, las cuales, a diferencia de la tricolor colombiana, ofrecerán el toque característico de la ropa casual para viernes y fines de semana sin importar la época del año ni el sexo. Del mismo modo, será un recurso válido cuando haya que salir a gatas.

El mercado negro y el lavado de activos gana por punta y punta. Buena parte de los artículos callejeros son traficados en calidad de depósito y los pagan de acuerdo con la rotación para evitar pérdidas debido a los decomisos u operativos de los funcionarios de Espacio Público y la eventual persecución de los sabuesos de la Dian que, van tras las importaciones ficticias, de las bandas organizadas y grupos de narcotraficantes.

Lleva del bulto el segmento de vendedores ambulantes estacionarios y los paracaidistas de temporada. Antes, porque fue gol de Yepes y ahora, porque invalidaron la anotación de Vaca; en todo caso, la selección salió del Mundial Rusia 2018. Las camisetas colgadas entre el poste de la luz y el semáforo, bambolean el letrero “remate de mercancía”. En realidad, los informales tratan de recuperar parte del capital invertido o reunir la cuota para abonar al vandálico “gota a gota” que espera con el dedo sobre el gatillo. “Le vendo dos en 10 mil lucas”, dice el improvisado comerciante, a la vez que mira de reojo el cambio de las luces del semáforo. “¿Sabe qué viejo?, deme 3 por 6 mil pesos, que eso no sirve ni para limpiar el vidrio del carro”. No obstante, el ultraje y la desilusión, el vendedor acepta la denigrante oferta.

Durante el fervor del campeonato, el bombardeo audiovisual de todo tipo de piezas del combinado nacional, comprometió varios presupuestos familiares, movió la apertura de cuentas bancarias ligadas a la franquicia de la Federación Colombina de Fútbol, activó miles de stands cerveceros, logró el diseño de zonas de fanáticos en centros comerciales; mientras que cafeterías y kioscos instalaron televisores leds. Por su parte, las compañías de telefonía celular lanzaron ofertas especiales y los canales privados ofrecieron Apps para ver los partidos en directo. Tampoco se quedaron atrás las centrales mayoristas, los desayunos trancados, los corrientazos de la ´Mona Lisa´, la modalidad de ventas por club y la compra de automóviles “a tasas de interés mundialista”. Algunos moteles pusieron en boga ciertas campañas publicitarias de escasa imaginación: “Venga a ver los juegos del mundial, disfrute del placer y reciba gratis el menú del día”.

De alguna manera, muchas personas hicieron en junio su agosto, aprovechando la ocasión para vender empanadas a lo Yerri, grandes y goleadoras, sin carne. El corte de pelo estilo ´James´ con sobrecarga del músculo gemelo inferior y por fuera de la nómina titular. Noche de Guachené y salsa choke, “póngale tumbao a la vida”. Intensos voceadores prometían: “Le tengo la original triple A, la semi, la de lujo y la económica”. A la fecha todos portan el mismo tono desteñido de unos días de guachafita y otros cuatro años de delirio en busca de la clasificación a Qatar 2022.

En tiempo de agüeros, supersticiones y en contravía, rezos a los santos más poderosos, durante 3 semanas, la camiseta de la selección Colombia fue la prenda de vestir de moda. En caso de que el vecino la pusiera a secar en el balcón, no era calificado de quinta, tan solo se trataba de un hombre aseado y previsivo. El personaje robusto y la señora con llantas simétricas no deslucían encima de la moto, puesto que se integraban al paisaje de la joven en short y enormes gafas con los colores de la bandera nacional. El maquillaje, contouring, usado para ocultar imperfecciones en la piel, modificó la técnica con el fin de aplicar la gama amarilla, azul y roja. La economía del rebusque está ligada a la creatividad y a la viveza de los colombianos.

En cualquier accidente de tránsito, trifulca, sapo desentendido, entrevista callejera, operativo de rescate, inundación y fiesta patronal; entre otras expresiones, junto a la camiseta del Atlético Nacional aparecerá la de la Selección Colombia. Dos pasiones, similares desencantos, que logran congregar a un país por medio de los símbolos y los colores que representan. ¿Cuál más o cuál menos? Nadie puede evitar que el tío haga el sancocho vestido con bermudas y camiseta deportiva; o que la colegiala lo primero que se ponga, el domingo en la mañana, sea la tricolor. El año viejo 2018, mínimo, será quemado con una de esas camisas. El regalo de cumpleaños del hijo de la prima será resuelto, por arte de magia, con la camiseta No. 9 de Falcao, “Mijo, no le dé pena, recuerde que el niño sueña con jugar en la selección Colombia”. 

¿Qué hacemos con los vasos de vidrio, las pulseras, las tazas, las balacas y los bolígrafos de la Selección? “Sencillo, los damos de regalo sorpresa o los rifamos en navidad” ¡Nada se desperdicia! Así como los almacenes de cadena y los locales deportivos, de vez en cuando, exhiben el inventario estancado; también los rebuscadores maquinarán el uso multifacético de la camisa de Colombia. Por ejemplo: en fiestas patrias, días del idioma, ayuda a damnificados, pachangas y matrimonios temáticos, reuniones de integración y de egresados, encuentros de solos y solas, aniversarios y paseos de olla, lavada automotriz y recibimiento a la delegación olímpica, feria de las flores y carnaval de barranquilla; en fin, de todo hay en esta viña del Señor.

Enfoque crítico – pie de página. Las camisetas de los 32 seleccionados participantes en el Mundial de Rusia 2018 en su mayoría se las repartieron las grandes empresas, así: Adidas con 12, Nike con 10 y Puma con 4 representaciones. 

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