Al instante

ATRAPARTE: Santidad, por aquí a la orden

Por Oscar Domínguez Giraldo

El Papa Francisco. Foto eluniverso.com

Papa Francisco, salud.

Todo el mundo está que ofrece algo para abaratar los costos de su estadía en Locombia. Yo también estoy dispuesto a aportar.

No le digo que ofrezco posada en mi apartamento de Medellín porque la pensión no alcanzaría. Hablaríamos en caso de necesidad. Donde comen dos, comen tres.

Oscar Domínguez en el bar de las nostalgias con los billaristas.
Archivo particular

Para alborotarle la tripa tanguera le tengo el Bar Málaga, el Homero Manzi (¿lo recuerda, el de Malena?) o el Patio del tango, donde los hermanos Carolina y Luis Ovidio Ramírez, están listos para interpretar “Caminito”, o “Nada”, que no sé porque asociación de ideas me recuerda el “Ne me quittes pas”, del belga Brel.

De pronto saca tiempito para ir a la Casa Gardeliana, en Manrique, el Vaticano del tango. En Manrique todos los días son 11 de diciembre y 24 de junio, días del nacimiento y muerte de Gardel.

En Manrique se sentiría como en casa. Si le quedan briznas de tiempo podríamos darnos una rodadita por el bar Alaska, donde se oye tango ventiao. (Santidad, están a punto de convertir ese bar en panadería, dentro de la “panificación de las esquinas” que está en marcha en Medellín. “¡Qué atropello a la razón¡”. Lo espera Gustavo Rojas (foto), mandamás del Alaska).

Le recuerdo una anécdota de Borges, su paisano. Se la oí a Beatriz Cuberos de Valencia, primera dama de Medellín, en la alcaldía del poeta del pesimismo Jorge Valencia Jaramillo.

Cuando Borges se aproximaba al aeropuerto Olaya Herrera, donde murió Gardel, el memorioso comentó: “Si muero en otro accidente aéreo, seré famoso como Gardel”.

¿Desea montar en una nostalgia? Dígame no más para prepararle tour en el tranvía de Ayacucho. Por ahí derecho volamos en metro cable a La Sierra y matamos dos pájaros de una vez.

El tranvia de Ayacucho.
Foto archivo particular

Podríamos disfrutar de un día de Playa en el teatro Pablo Tobón Uribe. Tiene fantasma propio. Ya hablé con su director, Sergio Restrepo. Está listo.

Con los benedictinos, el padre Gilberto y el hermano Elkin, cuadraría una visitica a La Catedral, de Envigado. Podría exorcizarla. Fue prisión de oro del narco Pablo Escobar; ahora es pacífico asilo y oratorio. (Foto La Catedral).

Si desea, disfrazado de hincha de San Lorenzo, podríamos ir a orar al cerro El Gordo, al oriente de Medellín, donde se estrelló el avión con el equipo Chapecoense. No es por chicaniar, che Francisco, pero la tragedia generó el mayor sentimiento de solidaridad jamás visto.

Hable no más. Con confianza, para empezar a mover hilos.

Ñapa

El Papa de beso fácil
A estas alturas de su papado y listo para visitarnos en septiembre, este papa Francisco sigue dando la impresión de que fuera un vecino del ascensor, el compañero de pupitre, el que calienta banca en el parque como cualquier pensionado; un poeta de versos malos que monta en metro o en papamóvil de pedal, como el que utilizó en Rio donde le robó el protagonismo al Cristo del Corcovado.

El papa Francisco, el senador Alvaro Uribe y el Presidente Juan Manuel Santos en El Vaticano.
Foto rpp.noticias.io

A manera de aperitivo por su visita, les gastó parte de su teológico tiempo a los dos mayores egos de Colombia: los del presidente Santos y del senador Álvaro Uribe. Los sentó a manteles en el Vaticano pero sólo logró que mantuvieran sus puntos de vista. Se le agradece, en todo caso. Hizo un primer milagro: evitó que se dieran en la jeta.

Francisco le quitó misterio al oficio de papa. Nos hace sentir como si el pontífice fuera cada uno de nosotros. Tiene pinta de abuelo proxeneta, como todo el gremio. San Pedro, su remoto antecesor, y quien se sacaba el chicharrón de la boca para negar a Jesús, debe estar en choque. Aunque los dos se parecen en que son gozones, vaciladores y tal. (Pedro decía: ¿Cómo creer en una persona que no sabe nadar pero que aprendió a caminar sobre el agua? Apunténselo al padre José María Cabodevila).

De pronto podríamos encontrarnos al che Francisco en la biblioteca pública leyendo periódicos y revistas viejas. O en la silla del dentista celebrando el chiste de Borges: El dolor de muela es la principal prueba de que Dios no existe…

O echándole un piropo virtual a alguna mina (mujer). (Aunque a los papas no les está permitido pecar ni con las ganas del prójimo, a Francisco se lo perdonaría).

El pontífice gaucho llora lágrimas de carne y hueso. Berrea viendo pasar un cúmulus nimbus. O un pobre. No le escurre el bulto a ningún interrogante. ¡Qué queridura de tipo!, y perdón por la igualada.

La comunidad gay no le daña la comunión. “¿Quién soy yo para juzgar a los gays?”, se preguntó en una rueda de prensa en el avión. Que no lo oiga Lucio, el marido de Vivian Morales, porque lo empapelan entre los dos.

Estábamos acostumbrados a papas inspirados por el Espíritu Santo. Francisco parece dateado por su paisano Santos Discépolo.

Como todo argentino, es un hombre de beso fácil. Desde siempre, ser argentino y besar son sinónimos. ¡Un fenómeno!

Con la línea que ha tirado Francisco, los cardenales tienen la vanidad a raya. En vez de mocasines que cuestan los dos ojos de la cara, están que se pasan a vivir a las sandalias del pescador para no ganarse un baculazo del jefe. Los almacenes que vendían accesorios exclusivos para papas y cardenales están en bancarrota. Ojalá el Papa no haya renunciado a la buena mesa, un privilegio por el que valdría la pena tener esa chanfa.

No lo veo excomulgando a nadie. Francisco parece estrenando puesto siempre. Se ve que disfruta lo que hace. Está utilizando el papado para poner patas arriba la Iglesia.

El papa cuenta con mi “nihil obstat” para seguir adelante con sus ajustes. Sobre todo después de que supimos lo que le dijo a su novia de juventud: “Si no te casas conmigo, me hago cura”. ¡Qué mal esposo se ahorró su noviecita gaucha, che!
Ojalá esté preparando el camino para introducir ajustes en la Iglesia. No es sino que permita el casorio de curas, mujeres papisas, los anticonceptivos que todo el mundo usa, y considere que meterse un cachito de marihuana no es pecado sino algo muy legal, ¿entiende, hermano? La sacaría del estadio, como dicen sus colegas, hinchas del equipo San Lorenzo de Almagro.

(En su visita de médico, el presidente Santos le regaló camiseta de la selección Colombia pero ni así logró que le hiciera el milagro de enrutar al marido de doña Lina por el camino del proceso de paz con “lafar”. No se sabe qué le regaló el expresidente Uribe, más bien tímido para el gasto. A lo mejor su exembajador en el Vaticano y acólito perpetuo, César Mauricio Velásquez, le compró alguna maricaita en el mercado celestial de las pulgas).


A uno le provoca pedirle plata prestada. O invitarlo a comer un buen bife en casa. Aunque mejor no, de pronto acepta y se va toda la mesada pensional y cualquier rebusque-chichigua adicional.

Me habría gustado ser un papa como él, de lavar y planchar. Es de los que no se enfermará de la importancia inherente al cargo.

El Messi o Maradona de Dios camina con el tumbao que tienen los papas sin ínfulas al andar. Es una jaculatoria que sonríe. ¿Qué tal el maletincito de dos pesos que lo acompaña? No hay duda: Francisco es el Pepe Mujica de los argentinos.

Tampoco riman un papa argentino y la humildad. Son antípodas. Es más, los calumniadores de oficio dicen que hay argentinos que se suicidan arrojándose del pent house de su ego. Papa Francisco, un poco de arrogancia, por favor. No mucha: que no se le vaya la mano en gallina.
“Cuervo” le dicen al papa los directivos de san Lorenzo de Almagro, el equipo por el cual el papa era capaz de renunciar al cielo. ¿Qué es eso, señores? Respetico por más que ese adjetivo se utilice para todos los seguidores.
Si hasta casi se nos cae un día su santidad (todavía no ha prohibido que sus súbditos de media petaca le digamos así. Así que aprovechemos el desorden).
Por supuesto, conocido el tropezón del papa, ya estaba dando la vuelta a la manzana de internet el tango que dice: “Un tropezón cualquiera da en la vida”. Menos mal ví la escena del tropezón en diferido. En directo, me habría totiado de la risa. Es lo que hace todo el mundo cuando alguien que no sea él, se cae.
Que no falte el chiste de tas-tas: Francisco es muy buena papa. (Claro que el tubérculo que tiene tan feo nombre, debe estar que no cabe en la ropa con semejante paralelo-sinónimo).
Dios no ríe. Jesús, su enviado, nunca lo hizo. Acepto rectificaciones. Tal vez Jesús escribió algún chiste en el episodio de la mujer adúltera. Es para morise de la erre la revirada de Jesús a los fariseos, el Centro Democrático de la época. Todavía no se sabe qué escribió. Eso sí, fue la única vez que lo hizo.
Aunque Jesús hizo milagros que es la forma más sutil del humorismo. Vean que eso de multiplicar el vino en una fiesta que amenazaba convertirse en un bostezo de pasmados, es para gozárselo. Además, no hubo que hacer vaca para comprar el trago.
El papa Francisco sí ríe. Es una milonga. Podría trabajar de libretista con sus paisanos Les Luthiers. Sabe que las cosas más serias de pueden decir en broma. Por ejemplo, pidió leer la Biblia, el libro gordo de Dios, con la curia con la que miramos el celular.
Al paso que vamos, el padre Francisco, como le dijo un parcero en Río, nos hará olvidar de Borges, Cortázar, Gardel, Les Luthiers. Y lo peor de todo: de Mafalda. ¡Santo Dios!

Ir a la barra de herramientas