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OTRAPARTE: Los días del lechero

Por Oscar Domínguez Giraldo, Diario El Tiempo, Bogotá

Imagen diario16.com

Patear los códigos se ha convertido en pan de cada día. Es la moda, como agrandarse los cuartos traseros. O meter contaminado basa por róbalo en los restaurantes.

Estoy revisando mi prontuario porque dudo de que no haya hecho méritos para tener la casa por cárcel gracias a abogados talentosos que tienen la oficina ametrallada de diplomas.

Todos los días salta al ruedo un corrupto más, o menos encopetado. Hay una debilidad especial por lucir el traje a rayas del encanado. A más de uno como que les encantan los barrotes de la prisión, tener a los parientes y amigos íntimos haciendo cola para que les hagan cosquillas en las partes pudendas en días de visita en las cárceles.

La gente se acostumbró a aprovechar su cuarto de hora en cualquier nómina para conseguir plata “como sea, mija, pero consígala”. Lo que más impacta es que estos nuevos tumbadores son los más educados y los que menos tendrían necesidad de hacer trampas para vivir sin problemas de chequera. No tienen embolatado el almuerzo en tres reencarnaciones.

Y eso que nadie se puede poner dos trajes al tiempo, como tronaba el padre García-Herreros desde su pragmático púlpito televisivo. Y los ricos aflojaban el billete y quedaban cual modelo de pasarela para pasar relajados por el ojo de la aguja.

Y pa’ ‘piores’, los del gajo de arriba, en las altísimas cortes, como que operan con este criterio: ¿y usted le va a salir a todo un expresidente de alguna corte o a un encopetado magistrado con chichiguas de 300 o 400 millones?

Respetico, señores, con la majestad de la justicia: que sean dos mil o tres mil millones. Mejor dicho, como decía don Tomás Rueda: la gente primero se enriquece y después se honradece. Los malandros pecan y se ponciopilatean las manos.El jabón Poncio está a la vuelta de la esquina para limpiar culpas

Con lo rico que es ir por la vida con la certeza de que si tocan a la puerta de tu casa en la madrugada es el lechero, no la policía. Algo parecido como dijo Churchill, al definir la democracia,  y espero no calumniarlo.

Para no pasar de agache por la vida en materia de propuestas salvadoras, y ya que el Papa no lo hizo, sugiero volver a la ingenuidad del ‘Catecismo’ del padre Astete y a la rigidez de la ‘Urbanidad’ de Carreño.

Colombia se jodió cuando estos libros fueron barridos de la biblioteca. Dios nos coja confesados.

Ñapa


De la que se perdió el papa

 

De nuevo, el expresidente Álvaro Uribe se salió con la suya: estuvo dos veces junto pero no revuelto con el papa Francisco en su reciente visita. El primer encuentro fue de cara al sol, en la calle 26. El segundo fue en la misa que ofició Francisco en el aeropuerto Olaya Herrera, de Medellín.

Para que no haya dudas, hay fotos y videos que documentan el excepcional encuentro en la calle 26, al paso del papamóvil. También está documentado para la historia el senador Uribe, empapado, oyendo misa en su tierra.

Al momento de pasar por donde estaba Uribe “muy tieso y muy majo”, encachacado, con rostro de haberse confesado y comulgado, el sucesor de Pedro estaba distraído dilapidando bendiciones con Uribe a la espalda.

Pero como las bendiciones del papa son “urbi et orbi”, o sea, para Raimundo y todo el mundo, el caudillo del Centro Democrático interpretó que eran “Uribe et orbi” y se santiguó al paso del sucesor de Pedro. Misión cumplida.

Luego ordenó a sus huestes, incluidos los quíntuples que aspiran a convertirse en “el que diga Uribe”, volver al monótono trabajar, trabajar y trabajar.

Solo faltó el expresidente-periodista Andrés Pastrana para que enviara el respectivo tuit para la historia. Ya lo había hecho cuando el trío se reunió extensamente con el USApresidente Trump.

El de Francisco, Álvaro y Andrés habría sido un ménage à trois también histórico. Otra vez será, como dirá la letra de algún bolero.

Para el enviado de Dios en este acabadero de ropa llamado tierra, debió ser una decepción catedralicia ver tardíamente por televisión, en su teológica soledad de la Nunciatura, imágenes de su invitado en el Vaticano, acompañado de su sanedrín, en plena llanura, reventando infantería, como cualquier hijo de vecino.

Dios hace las cosas bien, como Carvajal. Para el protocolo fue una suerte que el azar le invisibilizara a Uribe. Porque no hay dudas: el papa que lo ve y los que se bajan del papamóvil a saludarlo. Hasta medallita le habría dado. Uribes no se ven todos los días.

Detener el anómalo cachivache para estrecharle la mano, habría sido el acabóse, el despiporre mayúsculo. Inclusive con la entrega al Papa de la carta que le envió despotricando del acuerdo con “lafar”, y para intrigarle una bendición exclusiva. Bueno, y entrados en gastos, otra para “el que diga Uribe”.

 

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