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Así escribía Roberto Cadavid, ARGOS

Por Edgar Artunduaga

"Argos" con "Gabo" (eluniversal.com.co)

 

Mejor a la madrugada

Si bien no único, fue un raro exponente de la fama y dedicación a la literatura y al periodismo en la tercera edad. Durante más de 60 años Roberto Cadavid sólo conoció de planos y otras disciplinas relacionadas con su profesión de ingeniero. Fue más de medio siglo hibernando unas dotes extraordinarias para la literatura y el periodismo.

Durante los pocos años que lo tuvimos con nosotros nos enseñó con fino humor a escribir correctamente el castellano, a hablar con propiedad nuestra lengua nativa y a deleitarnos con la historia –sobre todo la mitológica— convertida en su fascinante pluma en una deliciosa y divertida aventura.

“Argos”, crítico de la ciencia del lenguaje y del arte del estilo; extraordinario cazador de gazapos y prosista castizo y claro, fue columnista de El Espectador y El Colombiano y autor del Cursillo de Mitología.

Sólo a los 63 años, ya jubilado, recién llegado a Medellín, Roberto Cadavid empezó a escribir su columna “Gazapera”en el diario de los Cano (para el que lo descubrió el colega Rodrigo Pareja, por entonces jefe de la edición regional de El Espectador en Antioquia). También hacía otra columna para el diario conservador paisa.

Se levantaba a las tres de la madrugada; se duchaba con agua fría (inclusive en Bogotá) y comenzaba a escribir, ¡sin camisa!, porque sentía mucho calor. Era un mecanógrafo experto que muy pocas veces repisaba, pero siempre redactaba en borrador, corregía a mano y volvía a pasar todo el texto en limpio.

Durante tres días permanecía en Bogotá, en casa de una hermana, en el Barrio Galerías (antiguo Sears). Escribía en un improvisado estudio que era más una mesa de dibujo de su sobrina, pequeño, aislado, con un baño inmediato, cerca de la cocina, lo ideal para no molestar a nadie a las tres de la mañana.

En Medellín, en cambio, vivía en un apartamento sin su familia, solamente acompañado por miles de libros, sin sus doce hijos. Allí era donde investigaba y preparaba sus implacables gazaperas. Argos se deleitaba con su música brillante y a su ritmo perforaba cuartillas. Raras veces escribía por las tardes y nunca de noche. A las nueve caía profundo en su cama. Nunca oía radio, ni veía televisión y, quién lo creyera, era poco lector de periódicos.

“Arguitos” –como lo llamaba el fundador de Colprensa, Jorge Yarce- detestaba la política y no escribía al respecto, ni siquiera para encontrar gazapos. Tomaba apuntes en papeles pequeños que con abundancia guardaba en sus bolsillos. Tenía buena caligrafía, pero pocas veces escribía a mano.

Anécdota

El fiel guardián de la lengua castellana le resolvió así una pregunta sobre geografía elemental a uno de sus nietos:

Abuelo Argos, ayúdame a memorizar los nombres de los tres ríos que marcan la frontera o los límites entre los departamentos de Antioquia y Caldas.

Con mucho gusto, hijo, apúntalos: El que entre la MIEL, ARMA, algo se le ARQUIA.

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