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Así escribía Miguel Zapata: Guillermo León Valencia

Por Miguel Zapata

biografiasyvidas.com

EL DIA QUE SE CONOCIERON
VALENCIA Y MIGUEL ZAPATA
Conocí y traté a Guillermo León Valencia antes y más ampliamente que distinguidos colegas que habrían de actuar para él como “gorilas”. Circunstancias inopinadas de inusual contacto me permitieron apreciar una de sus características en lo anecdótico: “el mamagallismo histórico”.
¿Cómo fue? Sencillo: el 23 de abril de 1955 se conmemoraban hechos notables del universo y de Colombia. Fecha clásica del idioma español por la muerte de Miguel de Cervantes Saavedra, y centenario nacional por el nacimiento de Don Marco Fidel Suárez en la ciudad de Bello.
Por esta última efemérides el gobierno del General Pío Quinto Rengifo organizó dos actos significativos: fundación y apertura del Liceo “Marco Fidel Suárez” en vecindades del estadio Atanasio Girardot y homenaje en el sitio del nacimiento del ilustre presidente, en Bello, inaugurando la urna protectora de la choza financiada y construida por la empresa textil Fabricato. Por la severidad de los actos en este lugar se invitó a prestantes personajes y especialísimas figuras de la intelectualidad. Allí habría de tener yo mi relación inicial (de complicidad absoluta) con Guillermo León Valencia.
La jugada de mi vida
“El Colombiano” me comisionó para cubrir detalles del acontecimiento y por él me posesioné en el epicentro del magno suceso: de pies, tras las sillas que ocuparían oradores y demás invitados honoríficos; y la fortuna colaboró porque exactamente me situaron detrás del asiento destinado a Valencia. El no era invitado, pero como presidente del Directorio Nacional Conservador, merecía singular ubicación.
En momento inapropiado, mientras un orador programado se dirigía a los asistentes, volvió a mi sus ojos el ilustre payanés y quizás detectó mi espíritu mamagallista.”Después de este tribuno, le corresponde a Rafael Maya, quien cojea un poco. En tanto él se moviliza, yo doy un paso a usted para que tome el micrófono y lo traiga a colocar ante mí. Lo demás corre por mi cuenta”.
Quedé trémulo de emoción al saberme cómplice de una ocurrencia que imaginé chistosa, aunque iba a resultar histórica.
Todo transcurrió como lo planeó Valencia y, lógicamente, la primera copia de su discurso fue un reconocimiento a mi tarea. Era su declaración, en nombre del Partido Conservador, sobre su absoluto rompimiento con el gobierno de Gustavo Rojas Pinilla. Tomó nota de mi nombre y otros datos y prácticamente juramos seguir como partícipes en ocasiones similares.
Mi noche triste
Parecía escrito que yo padeciera percances contradictorios en fechas de emociones contrastadas. Llegué con la lengua afuera a “El Colombiano”, emocionado por la aventura para entregar copia del discurso y producir mi crónica. Pero me detuvo en seco Alfonso Londoño Martínez y en forma perentoria me notificó: “Después de la guachada al poeta Maya no vamos a dar cabida al panfleto de Valencia”. Pasé una noche de perro pobre y en la mañana casi me derrumbo al ver en todos los diarios el texto del discurso pronunciado por el jefe conservador, bajo destacadísima titulación. Sólo en “El Colombiano” no figuraba.
Al arribar horas después a mi puesto de trabajo me notificaron que el director (Fernando Gómez Martínez) me requería. Estaba acompañado por Julio C. Hernández y Alfonso Londoño Martínez, entre otros. Cuando aparecí suspendió la charla y me preguntó en seco:
— ¿Quién cubrió los actos de Bello?
— Yo, doctor, le respondí.
— ¿Y qué hizo el discurso de Valencia?, insistió enfatizado.
Pero no tuve que explicar porque Alfonso Londoño lealmente lo hizo.
— “Usted obró profesionalmente”, remató el director y me envió a camellar.
Nunca supe, ni averigüé lo que diría Alfonso.
(Tomado del libro “De lo severo a lo jocoso”, de Miguel Zapata Restrepo, publicado en Medellín en 1997).

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