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Así escribía Germán Arciniegas

Por Edgar Artunduaga Sánchez

Germán Arciniegas (kienyke.com)

EL PERIODISMO, LA MEJOR INFLUENCIA PARA UN ESCRITOR

Si bien físicamente Germán Arciniegas pertenecía en sus años postreros a la tercera edad, mentalmente tenía la radiante lucidez de un joven contestatario de la época.

Para constatar este aserto bastaba leer sus permanentes columnas en El Tiempo, donde sus ideas y comentarios siempre despertaban la polémica o estremecían al a veces anquilosado mundo académico colombiano.
Profundamente respetado en los más importantes círculos académicos del mundo entero como uno de los más eruditos americanistas, Arciniegas fue catedrático de las Universidades Nacional, Libre, Externado de Colombia, Mill College, Berkeley, Don Stuarzo, de Roma, entre otras.

El profesor –que nació y murió con el siglo XX— incursionó en la política y en la diplomacia, fue presidente de la Academia Colombiana de la Lengua y escribió, entre otros, estos libros: “El estudiante de la mesa redonda”, “Los Comuneros”,”Jiménes de Quesada”, “América, Tierra firme”, “Los alemanes en la conquista de América”, “El pensamiento vivo de Andrés Bello”, “Este pueblo de América” y “Medio mundo entre un zapato”.

Mientras sus compañeros y colegas reclamaban la influencia de “La Divina Comedia”, del “Quijote” y de la Biblia, Arciniegas confesaba que su primera influencia literaria fue el viejo “Almanaque Bristol”, a través del cual le llegó su inicio en la literatura española.

Relataba que por espacio de varios meses estuvo rogando a algunos amigos escribir una serie de experiencias sobre la organización universitaria, pero no lo pudo conseguir. Decidió, entonces, estando en Londres, “La masa redonda” y de allí resultó escritor, cuando menos lo esperaba. De allí partió su media centuria de libros que hizo en vida.

Para él sus libros eran sólo cuadernos de apuntes, especialmente conferencias o planes de su cátedra universitaria.
Nos dijo el Maestro: “Al empezar el año y organizar un curso, hacía el plan, escogía los temas que había que tratar y los repartía en veinte o veinticinco conferencias que, generalmente, con el tiempo, se podían en capítulos de un libro . Esa era la única explicación para que hubiera podido escribir un libro de 700 páginas. De otra manera habría sido incapaz de sentarme a producir siquiera la mitad de esos libros”.

Arciniegas generalmente producía grandes controversias, como si adre lo determinara. Se recuerdan discusiones como las que originó “Bolívar y la Revolución”, libro que también fue fruto de sus cátedras universitarias, en las que defendió con vehemencia sus cuestionamientos a la presidencia vitalicia que pretendía el caraqueño que era banco de ataques como este:

“Bolívar no fue guerrero simplemente sino legislador, hombre de Estado, pero no asistió a los congresos como legislador. El tuvo sólo tres piezas importantes que fueron tres proyectos de Constitución que fracasaron. Las aprobaron a pupitrazos bajo la presión de su presencia, pero en cuanto salió del poder le suprimieron las Constituciones. Bolívar no fue legislador, tampoco estadista, ni gobernante”, argumentos que alborotaban cotarros en Caracas, en Paris, en cualquier parte.

Como se agota el espacio, rematemos este relato con la apreciación que siempre tuvo este gran colombiano acerca del oficio más bello del mundo, en su condición de redactor, cronista. editor, columnista, editorialista y director de El Tiempo:

COMO DISCIPLINA, LA MEJOR QUE PUEDE TENER UN ESCRITOR ES SER PERIODISTA.

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