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Así escribía Carlos Lleras Restrepo

Por Edgar Artunduaga S.

Nadie duda, ni sus más enconados detractores, que el ex presidente Carlos Lleras Restrepo marcó con su personalidad y estilo literario una época en la vida colombiana.

Muy pocos le han reconocido el maestro de periodista que fue. Los colombianos tampoco pudimos apreciar en toda su dimensión el encantador y formidable humorista que era. El mismo, imaginamos, se autocensuraba esa vena humorística para no desdibujar la imagen de gran estadista que siempre lo acompañó.

Pero cuando las ganas de juguetear con el humor eran incontenibles, aparecían el bachiller Cleofás o incluso Hefestos. La verdad, como él lo comentaba, es que la seriedad de los problemas colombianos impidieron que se dedicara a cultivar con más empeño uno de los géneros más difíciles e inteligentes del periodismo: el humorismo escrito.

De su imagen pública política, muy pocos la desconocen. Bástenos decir que ocupó todos los altos cargos con que los países suelen ofrecer a sus mejores hombres hasta llegar a la primera magistratura. Ahora sus herederos directos procuran seguir sus huellas y emular el difícil camino que les trazó.
Sin reglas fijas

Ex presidente Carlos Lleras R. (biografiasyvidas.com)

Ex presidente Carlos Lleras R.
(biografiasyvidas.com)

Todos los días, rigurosamente a las ocho de la mañana, el ex presidente Lleras Restrepo se sentaba frente a la máquina, en un escritorio pequeño, en bata, con pijama, medias gruesas y pantuflas. Escribía en la mansarda, un descomunal estudio en su apacible casa de la calle 70, en Bogotá. Desde el primero hasta el tercer piso, no se escuchaba ningún ruido distinto al de su máquina. El silencio era tan impresionante que el propio Lleras Restrepo hablaba en voz baja, como si tampoco lo quisiera interrumpir.

El trabajo se prolongaba sin parar hasta la una y media de la tarde. Después del almuerzo encontraba preferible leer, a menos que estuviera retrasado en sus editoriales, comentarios o estudios, en cuyo caso reanudaba la labor de escribir.

Así comentaba el ex presidente Lleras Restrepo su rutina de trabajo: “En realidad no tengo reglas fijas acerca de las horas que dedico a escribir. Como a estas horas de la vida, ya no practico deportes y llevo una muy limitada vida social, puedo decir que prácticamente la totalidad de mi tiempo lo dedico a leer y a escribir. La repartición del día y de las horas de la noche que no dedico al sueño, la divido entre la lectura y la ocupación de escribir. Varía según el temperamento en que me encuentre y el cansancio que a veces se apodera de uno inevitablemente, o la urgencia de atender ciertos aspectos del trabajo. Tengo trabajos que exigen un estudio metódico y procuro dedicarles varias horas a la semana, en tanto que el trabajo que realizo para Nueva Frontera varía, me exige más o menos tiempo, según el material disponible y la naturaleza de los temas que haya que tratar.

Unas veces escribo artículos serios y en ocasiones dejo que el bachiller Cleofás o Hefestos hagan de las suyas, y a veces asumo la tarea de hacer resúmenes de libros que creo interesante hacer conocer y sobre todo crónicas internacionales fundadas en una vida apacible, aparentemente monótona, pero que la variedad de los temas hace más agradable”.

Contaba el ex presidente que durante mucho tiempo escribió en máquina, pero después de una etapa en que se vio obligado a guardar cama, durante la campaña del doctor Valencia, se acostumbró a escribir a mano y tenía afortunadamente unas secretarias que se habían vuelto expertas en descifrar su caligrafía, que no era propiamente muy regular, según confesaba.

“Más tarde (decía) volví a la costumbre de escribir en máquina y escribo personalmente todos mis trabajos, pero me gusta enviarlos a la imprenta en una forma pulcra, clara. Siempre lo que yo escribo lo considero como un simple borrador que mis secretarias vuelven a pasar en limpio y que yo reviso antes de que se entreguen a la imprenta”. Nunca intentó escribir en máquina eléctrica. “Me resultaba prácticamente imposible”, señalaba. Cuando estaba escribiendo no le gustaba escuchar nada, ni su música predilecta.

Defendiendo la reforma agraria acompañado de Darío Echandía (radaris.com)

Defendiendo la reforma agraria acompañado por Darío Echandía
(radaris.com)

 

Escribir con fluidez o no dependía mucho de su estado físico y de si tenía un tema ya meditado y claro en la cabeza.

“Hay oportunidades en que el trabajo se vuelve lento y pesado por la fatiga mental o porque se ha pasado una mala noche, por ejemplo, y en otras ocasiones porque cuando unos e sienta a la maquina sin saber de qué tema va a ocuparse también se vuelve el trabajo lento y desagradable. Cosa bien distinta es cuando uno ha meditado un tema, sabe más o menos cómo debe desarrollarse. Entonces las cosas marchan con facilidad y sin tropiezos”.

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