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Aritmética y paz

Por Rudolf Hommes, Diario El Tiempo, Bogotá

La plana mayor de la derecha colombiana. Foto elpaís.com.co

La aspiración de la derecha es que tiremos todo esto y la posibilidad de vivir en paz por la borda.

Le atribuyen a Juan Carlos Pinzón haber dicho que el acuerdo de paz “no puede ser un ejercicio donde 50 millones de colombianos se adaptan a 15.000 personas, son 15.000 personas las que se tienen que adaptar a 50 millones de colombianos”, como si las Farc no estuvieran haciendo precisamente eso desde que firmaron el primer acuerdo en Cartagena: lo volvieron a firmar en Bogotá, cesaron el fuego, conmovieron al país dirigiéndose a pie, en lanchas y en buses hacia los sitios donde se les indicó que debían concentrarse; tuvieron que construir esos campamentos para poder quedarse, allí han tenido hijos y formado parejas; han hecho dos entregas de armas programadas y están preparando la tercera.

Han cumplido de buen grado con lo que se han comprometido, han soportado en silencio provocaciones y humillaciones, mentiras y mala prensa; no han sido muy insistentes en denunciar las muertes de líderes y organizadores comunitarios que inexplicablemente habían ignorado hasta ahora las autoridades, y se están organizando para convertirse en partido político. Se han adaptado, y lo seguirán haciendo, si del lado nuestro los acogen y deja de ser bien visto decir que lo que se debe hacer es ponerles conejo.

No lo dijo Pinzón, pero tampoco se trata de que las 15.000 personas se adapten sin el apoyo de los 48 millones de colombianos restantes, de los cuales 6,42 millones votaron en contra de los acuerdos, lo que sus líderes pretenden hacer valer como si fueran el 50 por ciento de los colombianos. Anuncian que van a “hacer trizas” los acuerdos y continúan impulsando una campaña de desprestigio a la reinserción de guerrilleros con información y desinformación orientadas a promover envidia e indignación por los supuestos beneficios que van a obtener, y temor de que les quiten algo para dárselo a los de las Farc, como si se tratara de un juego de suma cero en el que lo que ganan los exguerrilleros lo ponen los más pobres, las viudas, los viejos, los afiliados al Sisbén, los taxistas, los campesinos sin tierra, todos los que podrían sentir empatía por la situación de los reinsertados, a quienes tratan de influenciar pera que sientan odio.

Si fueran 15.000 los que se reincorporan a la sociedad, representarían tan solo 0,031 por ciento de la población. Supongamos que el resto de nosotros sacrificara ese porcentaje de su ingreso para cedérselo a las Farc por alguna vía, por subsidios, educación, servicios y hasta pagos directos. Esto equivaldría a un poco menos de 94 millones de dólares por año, aproximadamente lo que se les va a dar por dos años consecutivos. Los más ricos (1 por ciento) tendrían que aportar el 20 por ciento de esa suma; el 30 por ciento de los colombianos con mayores ingresos tendría que aportar cerca del 55 por ciento de lo que se necesita, y los más pobres solamente tendrían que aportar el 9 por ciento. Alguien que gana salario mínimo tendría que poner 230 pesos al mes, menos de lo que cuesta un pan, dos papas o un huevo.

Algunos economistas estiman que la consolidación de la paz podría aportar un punto porcentual del PIB adicional por año, a perpetuidad. El valor presente de ese ingreso adicional sería del orden de 150.000 millones de dólares (medio PIB) como mínimo. El gasto del posconflicto en los próximos 5 años podría costar el 12 por ciento de esa suma y estaría enfocado a mejorar la situación de vida de los más afectados por el conflicto.

Esta es una deuda que tiene la sociedad con esa población, y si se paga se va a recuperar con creces, como lo dicen estas cifras. La aspiración de la derecha es que tiremos todo esto y la posibilidad de vivir en paz por la borda y que reviva el terror. Nunca tantos habrán perdido tanto por necedad, por andar detrás de líderes que no tienen paz.

RUDOLF HOMMES

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