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Ante esas cortes ¡desobediencia civil!

Por Cecilia Orozco Tascón (Diario El Espectador, Bogotá)

(tontolabalndia.wordpress.com)

¿QUIÉN ACATARÁ UNA SENTENCIA DE la exhonorable Corte Constitucional firmada por los “magistrados” Jorge Pretelt y Alberto Rojas Ríos?

¿Tendrán derecho a la presunción de inocencia los fallos de estos dos tipos, el primero investigado por cohecho, posesión de tierras de campesinos desplazados y acumulación ilegal de baldíos de la Nación; y el segundo, denunciado por despojar de sus dineros a una viuda desvalida y criticado por no pagar impuestos de sus contratos, ser el apoderado de una persona cercana al paramilitar Mancuso y el asesor de una excongresista que anda con brazalete de presidiaria en el tobillo? ¿Son estos señores de dudosa conducta los que osarán indicarnos qué es lo justo o lo injusto, lo correcto o lo incorrecto en los asuntos que revisen y nosotros agacharemos la cabeza?

Por mi parte, me declaro en desobediencia civil. Los documentos que se dicten en los despachos de quienes no inspiran respeto sino repugnancia, y temor por su poder y capacidad de venganza, no poseerán ninguna legitimidad puesto que sus ocupantes no tienen autoridad ética para ser árbitros de la comunidad. Así que para esta ciudadana, siempre respetuosa de la ley y la Constitución, las decisiones Pretelt-Ríos serán nulas, viciadas por su origen espurio. La sociedad tiene derecho a rebelarse, en vista de que la rama judicial no parece dispuesta a permitir las reformas que eviten o, al menos, minimicen la corrupción que campea entre sus miembros. Como las armas no constituyen una opción en el mundo civilizado, queda la resistencia. Eso haré, a título personal.

A la alocada propuesta de los tres presidentes de las altas cortes restantes y al fiscal general de realizar una constituyente dentro de uno, dos o tres años, para impedir los cambios que apenas rozan sus inmensos privilegios, no le faltaba sino el fallo de unos conjueces (seleccionados a dedo) del Consejo de Estado, que ordenan devolver a Rojas Ríos al Palacio de Justicia en ¡48 horas! ¡Qué afán!

Gana la rosca otra vez. La imposibilidad legal de echar a la calle a un magistrado inmoral, y la probabilidad jurídica de devolverle a otro inmoral su posición de miembro de alta corte, es muestra de lo inermes que estamos los colombianos frente al poder judicial. No existe un mecanismo de indignidad que se pueda argumentar para expulsar a Jorge Pretelt. En el caso Rojas Ríos, cuatro conjueces, repito, escogidos a dedo, pueden tumbar lo dispuesto por los magistrados titulares. ¿Quiénes son los desconocidos? 1. Jesús María Lemos, ponente a favor de Ríos, fue compañero de Alejandro Ordóñez en el Consejo de Estado; 2. Ernesto Forero, es un amanuense del abogado Jairo Parra quien, a su vez, es tan amigo de Rojas Ríos que comparte mesa con él, en los restaurantes; 3. Ilvar Nelson Arévalo, exmagistrado de tribunal superior, del mismo paquete judicial de la época Ordóñez; 4. Álvaro Escobar Henríquez, hermano de un exmiembro del Consejo de la Judicatura, primo de otro de la Judicatura (José Alfredo Escobar Araújo), y de un tercero de la Constitucional, Rodrigo Escobar Gil. Rojas Ríos y Escobar Gil tienen algo en común: su interés en la tutela famosa de Fidupetrol. Sí, la de Jorge Pretelt. Es la cereza del postre. ¡Desobediencia civil!

Entre paréntesis.- Y lo que nos falta: la sala penal de la Corte Suprema se alista a tumbar la condena de 30 años del coronel Plazas Vega. Según la ponencia de Luis Guillermo Salazar que tiene apoyo mayoritario, Plazas no hizo nada, nada, durante la retoma del Palacio de Justicia. Como vamos, las cortes colombianas, antes objeto de admiración internacional, serán, hoy, parias en el mundo.

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