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Al oído de los partidos políticos

Por Octavio Quintero, El Satélite

Imagen El Tiempo

La juventud colombiana desconfía de los partidos políticos (nuevos y viejos) y no cree en la democracia representativa que se renueva periódicamente en las elecciones nacionales y locales: Presidente, Congreso, gobernadores y alcaldes; diputados, concejales y ediles.

 

La democracia, al estilo de los jóvenes, mujeres y hombres entre los 18 y 30 años, es la que se expresa en las redes sociales (Facebook, Linkedin y Twitter –entre otras). Ahí se sienten a gusto porque se visibilizan, expresan su interdependencia y se sienten protagonistas de su propio destino.

 

En síntesis, es la primera lectura que se puede dar a la más reciente encuesta revelada por LATOP (Proyecto de Opinión Púbica de América Latina), adelantada en Colombia por el Ministerio del Interior y la Universidad de los Andes.

 

¿Qué es LATOP?

 

Para dar una idea de su seriedad e impacto internacional de sus investigaciones sociales, LATOP es la principal institución académica que realiza encuestas de opinión pública en las Américas, con más de 30 años de experiencia. Es la única encuesta comparativa y científicamente rigurosa que cubre 28 naciones, incluyendo Norte, Centro y Sur América. Cada año publica docenas de estudios académicos de alta calidad y artículos de relevancia para la elaboración de políticas públicas.

 

A la luz de estos resultados se ha revelado para Colombia la presencia de una juventud alejada de las urnas, inquieta, crítica, disgustada y desconfiada de las instituciones de la democracia representativa.

 

Puntualmente, los resultados de LATOP reflejan un rechazo masivo de esta población a la política convencional, y explican en buena parte la sensación de soledad que se vive hoy en las toldas de los partidos políticos que, si alguien se detuviera a mirar su trajinar cotidiano en sus sedes, las encontraría, por lo general, solo frecuentadas por unas pocas personas ya entradas en años.

 

Miren ustedes:

El 60% de los jóvenes declara no confiar en las instituciones democráticas y el 75%  dice no confiar en el Congreso.

 

El 85% no simpatiza con ningún partido político y el 92 por ciento desconfía abiertamente de ellos. Los partidos políticos son la institución de la sociedad civil de mayor desprestigio, y no solo entre los jóvenes, para más señas.

 

Y no es que no sepan de política. Los jóvenes distinguen con cierta razonabilidad las diferencias ideológicas y sociales entre izquierda y derecha. De hecho, lo dice la misma encuesta, (…) “en las últimos 13 años, los jóvenes que se consideran de izquierda aumenta de manera significativa y constante”. En este sentido las cifras que se muestran indican que son pocos los jóvenes que se consideran de derecha: entre 2004 y el 2016, la tendencia en este sentido ha caído del 31,5% al 14,9%.

 

El director del Observatorio de la Democracia de la U de los Andes, Miguel García, dice, con base en estos resultados, que “las generaciones están experimentando profundas transformaciones en la forma como se aproximan y vinculan a los debates políticos, por este motivo entender sus opiniones, actitudes y comportamientos en la arena pública es de vital importancia para descifrar el futuro de la democracia”.

 

Temática preferida

 

Los jóvenes se muestran más a favor de los temas que generan más debate en la sociedad como la diversidad sexual, la eutanasia, el divorcio, el consumo de marihuana, el sexo antes del matrimonio y el uso de anticonceptivos.

 

Si los partidos políticos quisieran revertir la tendencia de esta encuesta, atrayendo a los jóvenes hacia sus toldas, debieran disponer de líderes y divisiones que se enfocaran en estos temas propios de la juventud.

 

Pero los partidos apenas muestran en sus sedes rótulos de “Juventudes” sin temática. Nos les ofrecen ayudas educativas, sanitarias, de vivienda, de empleo y, menos, de orientación sexual, social y política. Por eso, el ejercicio de la política se está quedando sin materia prima, y esto, que es muy grave para los partidos, resulta nefasto para la sociedad en los términos en que Platón define la abstención como un alto precio social que se paga en política por ser gobernado por los peores hombres.

 

Los peores que, en ausencia de movilidad política, se eternizan en los cargos ejecutivos y en las corporaciones de elección popular, y se reinventan en cuerpo ajeno a través de enroques familiares y amiguismo crónico.

 

Fin de folio.- Mal está el enfermo, ni come ni hay que darle: los jóvenes no quieren saber nada de la política convencional y los políticos convencionales no quieren (les conviene) no saber nada de los jóvenes.

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