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Al mejor postor

Por Carlos Alberto Ospina M.

Imagen conlaorejaroja.com

 

A las dictaduras les encanta la polarización porque garantiza el sometimiento del pueblo a un supuesto mesianismo, favorece el terror sicológico que producen las armas y viabiliza el proyecto ideológico orientado a impedir las libertades individuales. Alcanzar el poder, por la vía de las urnas o por la imposición disfrazada de un régimen, no garantiza igualdad; todo lo opuesto, asciende al trono de la veneración pública, la discriminación, apoyada en el báculo del nepotismo, el despilfarro y la burocracia estatal. Conscientes de eso, la oratoria de algunos medios de comunicación es camaleónica, hipócrita, arrodillada y oportunista. En la mayoría de los casos, se venden al mejor o peor postor, sin importar las bases morales ni los fundamentos éticos de la justicia social y la verdad, por mencionar, unas cuantas normas acerca del adecuado proceder profesional.

 

Entre 1933 y 1945, el Tercer Reich, creó el Ministerio para la Ilustración Pública y Propaganda, cuyo regente fue el antisemita y amigo personal de Adolf Hitler, Paul Joseph Goebbels, quien se encargó de alimentar la crueldad y el odio mediante múltiples estrategias, previo el control de la información y la “supervisión”, censura, de los medios de comunicación. Goebbels, proyectó y vio en los nuevos instrumentos de la época, la radio y el cine, las herramientas más idóneas para la construcción del discurso de la llamada moral alemana, la misma que se apoyaba en la ojeriza hacia los judíos en particular y el cristianismo en general. En Colombia, el régimen de turno utiliza el presupuesto oficial para hacer propaganda y comprar, de forma enmascarada, el proceder de varios medios a nivel local, regional y nacional. Da grima, observar el lobby que realizan agencias, centrales de medios, departamentos de ventas, intermediarios, directores, gerentes, jefes de redacción, carga ladrillos y hasta lagartos, en busca de un pedazo de la torta oficial. Unos se conforman con las migas o los refrigerios, con tal de justificar el nefasto free press, que no es otra cosa, que publirreportajes o seudonoticias con olor a mercaderes de la información.

 

Los políticos conocen muy bien las debilidades narcisistas, las ansias de figuración y la condescendencia de distintos comunicadores, locutores, reporteros y paracaidistas con ínfulas de periodistas, a quienes utilizan durante sus campañas a cargos de elección popular, ya sea por el reconocimiento público y la audiencia cautiva que manejan, o por sus innatas capacidades como encantadores de serpientes. Áulicos añejos y desaforados principiantes, doblegan la cerviz delante del poder de turno, a la vez que entregan su ideario profesional al servicio de la manipulación oficial. Desesperados buscan un “puestico” como presentador(a) del Noticiero del Congreso o los programas institucionales de la Asamblea departamental y el Concejo municipal. Dan salto de canguro para meter en su marsupio la dirección de un Canal Regional o la oficina de comunicaciones y prensa de cualquier dependencia oficial, entre otros botines ofrecidos por Licoreras e institutos descentralizados. Al decir de Federico Nietzsche “Es indefectible: cada maestro no tiene más que un alumno, y sí este alumno le llega a ser infiel, pues está predestinado a ser maestro también”.

 

Los regímenes someten a los medios por conveniencia e interés, dinero; o por control estatal, censura y cierre. ¿Hasta qué punto se puede hablar de libertad de expresión y de prensa, cuando ésta última se prostituye? En la última década, de forma ingenua, la mayoría de los canales de difusión entraron en la carrera desesperada por subsistir frente a los principales avances de internet, descuidando la puerta principal de las redes sociales, con sus verdades, razonamientos cojos y mentiras garantizadas; pero con la capacidad inherente de hacer resistencia a los Mass Media. La transformación tecnológica y mercantil trajo consigo nuevos movimientos sociales que confrontan los habituales contenidos, las estructuras noticiosas y los espacios de opinión. Este ciclo no tiene techo y su éxito mediático radica en que plantea un estilo de comunicación, en algunas oportunidades adverso y difamador; y en otras ocasiones, desencadenante de un modo locuaz de censura, el repudio moral, en relación con las prácticas vendidas y antiéticas de algunos empresarios, locutores, periodistas y subordinados comunicadores. Pues “no hay verdad oculta que no se conozca”. La visión empresarial y los objetivos institucionales apuntan a generar grandes utilidades y preservar el poder con el fin de manipular la opinión pública en función, no de la democracia, sino de atesorar privilegios. ¡El tiro les salió por la culata! Las generaciones X, Y, Baby Boomers y Millennials, gracias a la tecnología, cogieron con los calzones abajo a las distintas estructuras mediáticas, las cuales preocupadas por el descenso vertiginoso de la pauta y los bajísimos índices de audiencia, se olvidaron del principio elemental de la inteligencia e independencia del nuevo perceptor. ¡Ahora sí! La gente no traga entero.

 

En el mundo egocéntrico e irreal de diferentes periodistas, aún piensan que los canales tradicionales tienen la suficiente fuerza para preservar el estatus de las relaciones sociales, económicas, culturales, educativas y políticas. Con la simultaneidad, el acceso abierto y la tecnología ¡las cosas cambiaron!, y se modifican a cada milésima de segundo. En un instante se producen nuevas identidades, por coincidencia temporal, o producto de procesos significativos de transformación. El cambio social y las protestas populares se incuban en las redes sociales, no al estilo de la lucha armada y la veracidad moral de los intelectuales del 68. Ahora, es a través de una dimensión cultural espontánea, certera en sus conquistas y amplia en la participación ciudadana. Por esto, ni las burradas de Maduro, ni la mermelada de Santos y tampoco, la cuestionada nueva moral de los guerrilleros, Alias Timochenko e Iván Márquez, pasaran de largo en las redes sociales. Ni siquiera las constantes diatribas de Uribe, el solapado silencio de Vargas Lleras, los bramidos de Claudia López, las investigadoras a Fajardo, la pedantería de Benedetti, la hipocresía de Roy, el fanatismo religioso de Ordóñez o la polarización del Polo, cada intento de manipulación y comentario transitan en el ciberespacio a disposición de la más plural audiencia.

 

Para nadie es un secreto que los grandes medios de comunicación en Colombia son propiedad de los oligopolios, las cuales no conformes con la concentración de la oferta comercial, financiera e industrial, se apoderaron de empresas periodísticas con el propósito de crear otras unidades de negocios, manejar la pauta publicitaria de sus firmas a manera de carrusel, conservar las dispensas de la clase política y cuidar la imagen corporativa del holding, fiscalizando los flujos de información. Por ejemplo, ¿Cuánto se ha tapado en relación con el escándalo de Obredecht o el caos de los servicios públicos en Santa Marta y Barranquilla? Algunos directores de espacios radiales en las frecuencias, AM y FM, hacen las veces de portavoces o gerentes de relaciones públicas del Gobierno. En los canales privados y las concesiones televisivas, también hay voceros oficiales y de la oposición. Cada uno representa un interés político y económico, de hecho, varios ex gobernantes son accionistas e integrantes de las juntas directivas de distintos medios de comunicación. No es de extrañar, que la divulgación de los boletines oficiales, cuenten con socarronas cajas de resonancia, y engreídos periodistas, que se creen portadores de la verdad absoluta. Aquellos que, en última instancia, se venden por un plato de lentejas en detrimento de los principios éticos de imparcialidad, verdad, pluralidad, equidad y función social de los medios de comunicación.

 

Nota pie de página – Enfoque crítico.  De todo tiene la viña de la comunicación y el periodismo: Hombres probos, morales y rectos. También residen aquellos de ocupación lucrativa y de poco trabajo ético, quienes desfiguran la realidad.

 

Durante los dos períodos presidenciales de Juan Manuel Santos, las órdenes de compra, de trabajo y de servicios por concepto de publicidad oficial, promoción y posicionamiento en medios de comunicación, suman la bicoca de 2 Billones de pesos, siendo las principales empresas contratistas Caracol Radio, Publicaciones Semana, RCN Radio y Tv, Casa Editorial El Tiempo, La República, CM&, Caracol TV, W Radio, etc. ¿Información o subordinación? ¿Opinión o vocero oficial? El incremento de la propaganda estatal en medios masivos supera con creces el IPC. Arrancar en 488 Millones de Pesos, hasta alcanzar órdenes de compra por el modesto valor de 4 Mil Millones de Pesos al año. ¿Cuánto suman las deudas del sector salud o el pliego de peticiones de los maestros?

 

 

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