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A veces llegan cartas

Grupo Editorial El Satélite Octavio Quintero/Director

Gloria Gaitán Jaramillo Foto elvocerocafetero.com

De Gloria Gaitán

Referencia: editorial, “Se notifica a los pensionados”

Querido amigo,

 

No hay nada más desagradable para el hijo de un personaje conocido, que el hecho de que siempre lo estén midiendo con la vara del recuerdo de su progenitor.  Es una balanza que aplasta la personalidad de cualquiera.  “Na’ que ver”, diría un chileno. Uno es como es y punto.

 

En mi caso, estoy hasta la coronilla que me digan, cuando me presentan: “te presento a la hija de Gaitán” y nunca, como se hace con todo ser humano: “te presento a fulanita de tal”. Eso trae graves consecuencias para la persona misma y su desarrollo. El papá (porque jamás se refieren a una mamá ilustre) aplasta a ese infortunado que tiene el honor de ser hijo de un grande hombre. Jamás de una gran mujer, porque en este mundo machista somos la señora “de” fulano. El marido nos roba nuestra identidad, como sucede si somos hijos de un hombre ilustre.

 

En Europa siento que mis ideas propias y personales no son aplastadas por la avalancha de la fama de mi papá, porque a él no lo conocen. Al contrario, he tenido grandes éxitos. Por ejemplo, tengo del Ministerio de Cultura de Francia cartas diciendo que mi concepción de El Exploratorio y el Metiseo “son revoluciones cultuales no solo para Colombia sino para el mundo”. Y en Colombia no le paran bolas porque no son aportes de mi padre y, por lo tanto, nada valen.

 

De la misma manera, han dicho que si mi teoría y planteamiento sobre el memoricidio como delito de lesa humanidad recorriera con éxito el camino por Naciones Unidas yo “pasaría a la historia”. Pero ese planteamiento, que requiere apoyo ciudadano y gubernamental, JAMÁS marchará, nunca se desarrollará, porque la figura inmarcesible de mi padre no le permitirá jamás que surja. Como no se le ocurrió a él sino a mí, nada vale.

 

En una época, cuando quería decir algo para que dejara huella, precedía mi frase con un “como dice Gaitán” y ahí lanzaba mi propio  pensamiento ante la admiración de la gente que entonces comentaba: “es que tú papá es un genio, qué frase!!!”. Yo no estaba mintiendo, pues en realidad era una frase dicha por Gaitán, pero ese Gaitán era yo.

 

Deja a Rodrigo Lara ser lo que es. Desafortunadamente para él, tiene el mismo nombre de su papá. ¡Cómo será eso! Todo el tiempo tratando de ser lo que debe ser, no lo que él quiere ser. Ni a los hijos de los reyes les exigían que fueran clones de su padre. Critícalo. En eso tienes toda la razón por la manera como se está comportando con los pensionados. Pero critícalo a él,  como a un ser humano autónomo,  que tiene su propia vida y su propio camino. No lo asfixies con esa permanente comparación con su papá, pensando que su papá sí habría obrado correctamente.

 

¿Será que seguimos teniendo una mentalidad medioeval, patriarcal y monárquica, donde le exigimos al hijo que sea el clon de su progenitor? Los carpinteros tenían que ser carpinteros, los albañiles albañiles. Esa era la Edad Media. ¿Será que nuestra cultura sigue anclada ahí? ¿Rodrigo Lara hijo debe ser igual a su papá para estar en lo correcto? Critícalo, pero a él. No hagas esas odiosas comparaciones.

 

Abrazos, GG

 

 

En copia oculta envío este correo a 5 personas cercanas a mí,  que saben de mi agobio por la exigencia de ser como la gente me exige que sea: una fotocopia exacta de lo que era mi papá. Por eso a cada rato aparece alguien que se lamenta que yo no sea hombre. No sé cómo no me volví lesbiana para parecer ser hombre. Tal vez porque mi papá lo que quería era tener una hija mujer y no un hijo hombre. Es probable que por esa razón no haya añorado cambiar de sexo para ser lo más parecida posible a mi papá.  Vale, gg

Mi respuesta

 

Apreciada Gloria:

 

En mi ya larga vida periodística no he visto nunca que gobierno alguno te haya privilegiado personal o profesionalmente solo por ser la hija de Gaitán. No es adulación, pues, aunque te distingo hace años, ni siquiera te conozco personalmente. Pienso que lo que eres o representas para la sociedad ha sido mérito de tu propio esfuerzo. Como tantas otras ilustres víctimas  de la violencia que por no haber sido hijos de mártires del establecimiento han tenido que hacerse a puro pulso.

 

Otra cosa son los huérfanos de padres del establecimiento a quienes los colombianos tenemos que cargar con nuestros impuestos en una forma de pago por los servicios prestados por sus progenitores.

 

Yo no veo ninguna injusticia o desproporción en que un colombiano como yo que con sus impuestos está contribuyendo al sostenimiento de un legislador como Lara, le critique su sospechosa actitud frente al proyecto de los pensionados, y que le recuerde su origen y que opine que al menos, con su comportamiento, honre la memoria de su padre cuyo lamentable sacrificio ahora a todos nos hacen cargar como pesado INRI.

 

Con todo respeto, no es comparable tu caso con el de estos sujetos, y dalo por seguro que si algún día algún gobierno quisiera distinguirte solo por ser la hija del glorioso Gaitán, si no respondieras a esa distinción y fueras de alguna forma mácula en la memoria de tu padre, dirigiría también mi pluma contra ti.

 

No solo por ser funcionario público el señor Lara, sino porque creo que su cargo y carrera política no corresponde a ningún mérito personal, convalida la crítica de un periodista que, como yo, no tiene pelos en la lengua: si nos pusieron de por vida a pagar el precio del asesinato de su padre, tenemos derecho como ciudadanos a exigirle que se comporte como tal, o al menos que respete la memoria de quien gozó de un aprecio popular, merecido o no, pero evidente.

 

Te agradezco mucho la observación que me haces. Pero en este caso, no parece que tengas la razón. También te agradecería que le hicieras llegar a tus cinco abonados ocultos el texto de mi respuesta a ti.

Cordialmente,

Octavio Quintero

 

 

 

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