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Por: Octavio Quintero

Imagen somoslarevista.com

Se debe tener mucha precaución al hablar del tema de la salud humana, y más si uno es lego en la materia, pues, detrás de cada historia clínica hay un ser humano con su particular circunstancia. Pero, en ciertas ocasiones se pueden encontrar generalidades que ayudarían a las personas a tomar decisiones más correctas en materia de salud: es el caso del cáncer de próstata.

 

Los médicos generalmente le pintan al paciente tres opciones de tratamiento: cirugía, radiología o seguimiento preventivo, dependiendo, por supuesto, de la intensidad en que se encuentre el tumor, y si es del tipo agresivo o benigno, y muy importante en el escenario de la decisión que se adopte, de la edad del paciente.

 

Lo lógico es que el paciente le pida al médico una breve explicación de cada opción y, entonces, el urólogo le dice:

 

El riesgo de la cirugía es que usted quede con disfunción eréctil (primer golpe al ego masculino), y el segundo es que quede incontinente (de pañal) de por vida (segundo golpe).

 

El riesgo de la urología es que quede orinando sangre por un tiempo, más o menos prolongado, y que el sangrado pueda obturarle la uretra impidiéndole la normal evacuación de la orina con retención de líquido en la vejiga de lo que se deriva otra cascada de riesgos.

 

Y la tercera opción es no hacer nada y quedar sometido a permanente chequeo médico a ver cómo evoluciona el tumor.

 

¿Qué hago?, se pregunta el paciente, y a renglón seguido reflexiona: si me opero tengo la certeza de que el tumor sea extirpado pero los dos riesgos  inquietan; si me voy por la radiología que es una técnica que se desarrolla por la uretra, qué ‘jartera’, y, además, el sangrado…, y si me quedo así, esas dificultades que ponen las EPS después para mantener un tratamiento preventivo.

 

No es fácil tomar una decisión bajo esas circunstancias, y es aquí donde entra a jugar papel definitivo la edad y, por supuesto, la etapa de la afección cancerígena.

 

Supongamos que usted es una persona que está de los 75 en adelante, y el tumor es incipiente de esos que, aún si no se hiciera nada, podría durar entre 10 y 15 años para amenazarle en forma grave. Es decir, esos 10 o 15 años es su última esperanza de vida en condiciones normales. Entonces la pregunta lógica sería: para qué corro los riesgos de la cirugía o la radiología cuando dentro de los próximos 15 años yo me puedo morir con el cáncer pero no de cáncer, y dentro de una calidad de vida mejor, es decir, sin estar viéndose orinar sangre cada vez que va al baño o de pañal todos los días, y fuera de eso con sus facultades reproductivas intactas.

 

Si todos los pacientes mayores, diagnosticados de cáncer de próstata, se hicieran estas reflexiones, podrían evitarse los riesgos inherentes a la cirugía y radiología, contribuyendo de paso a bajar los costos sanitarios y liberar tiempo de médicos que podrían dedicarlo a otros pacientes sin más opción que la cirugía.

 

Fue lo que hice yo. Saludos a todos y aquí estoy de nuevo al pie del cañón. Como les dije a quienes amablemente me expresaron el deseo de pronta recuperación, porque inicialmente había optado por la cirugía, sin necesidad, bajo las circunstancias descritas atrás: “voy y vuelvo”.

 

Fin de folio.- Vean donde va la desinstitucionalización del país. A que un arrogante guerrillero ingrese, dizque a la vida civil,  mandando a la mierda a la Corte Constitucional.

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