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56 banquete del millón: Los Bill Gates de Dios

Por Oscar Domínguez Giraldo

El Padre Diego Jaramillo y la primera dama en el Banquete del Millón. Foto minutodedios.fm

En matemáticas teológicas, un rico más, son miles de pobres menos. Esa ha sido, en el fondo, la receta del Banquete del Millón que el jueves 24 de noviembre llega a la “versión” 56. Los eudistas llevan medio siglo metiéndoles la mano al bolsillo a los colombianos. Ven un rico Epulón susceptible de aligerar de denarios, y entran en trance, levitan, de la felicidad.

El banquete del millón presido por el padre Rafael garcía Herreros con asistencia del presidente Carlos Lleras y sus ministro. Foto somoslarevista.com

El banquete del millón presido por el padre Rafael garcía Herreros con asistencia del presidente Carlos Lleras y sus ministro.
Foto somoslarevista.com

De la mano del padre Rafael García-Herreros, el cucuteño que fue “recogido por el silencio” hace 24 años cuando se realizaba uno de los banquetes, los pupilos de san Juan Eudes se anticiparon a platudos como Bill Gates y Warren Buffet quienes se tienen confianza para hacerse perdonar tanto éxito: Han donado más 50 mil millones de dólares para múltiples obras. En el corazón de este par de Midas modernos hay un García-Herreros agazapado.

El padre Rafael y su sucesor, el padre Diego Jaramillo, hijo de Gabriel en Carmen Julia Cuartas, han patrociando la proliferación de mecenas criollos que pueden pasar por el ojo de una aguja, y salvarse, gracias a su generosidad, llamada en la nueva jerga “responsabilidad social empresarial”.

Además, los donantes, que no dan puntada sin dedal, tienen claro que “a Jehová presta el que da al pobre” (=Proverbios).

Ya es historia patria que García-Herreros seguía desde su lecho de enfermo, por televisión, el frugalísimo banquete en el que al principio se servía caldo y pan. Como todo ha subido, el menú ha evolucionado a vino y pan.

Pues bien, mientras transcurría el acto, el Telepadre, chapa que le acomodó Klim, terminó su camino a Itaca y entregó sus días al que reparte dones. Tenía 83 años.
Le avisaron por teléfono al padre Diego al salón Rojo del Tequendama. De inmediato, el curita dio la noticia del fallecimiento “urbi et orbi”, hubo silencio mudo y estupor en los tendidos, algunas lágrimas decoraron cachetes, se guardó un ruidoso minuto de silencio. Pero como sucede en los circos, el espectáculo-banquete tenía que continuar. La solidaridad no da espera.

El minuto más viejo del mundo

En Colombia, un minuto de silencio nunca dura sesenta segundos. En promedio, 50 segundos dura el Minuto de Dios, tal vez el programa más viejo de la televisión mundial. Es breve y certero como una muerte repentina. Por eso no empalaga. Ese Minuto lleva 61 años al aire. García Herreros lo dirigió 37 años cuando le cedió los trastos a su delfín Diego Jaramillo quien tiene apuntados en un papelito los nombres de candidatos a sucederlo.

En ese tiempo el programa de televisión solo ha tenido dos presentadores que por milagro del patrono, san Juan Eudes, no fatigan al televidente: su creador el padre García Herreros, y su sucesor, el padre Diego, modelo 32, nacido en Yarumal, Antioquia, terruño del creador del Himno Antioqueño, Epifanio Mejía y de Cano, el gran pintor. (Para felicitaciones y regalos el padre Diego cumple (85) años el 19 de mayo que viene).

Y siguen las exclusividades: desde que millones de sesentones nos conocemos, el patrocinador ha sido Azúcar Manuelita “que refina el mejor azúcar del país”, según la cuña que tiene telarañas.

“Por una Colombia más nueva”, es el eslogan del banquete número 56, según lo recuerda en su Emisora del Minuto 107.9 FM. En esa frecuencia, donde compite con emisoras de brujos y con la cultural de la Tadeo que dirigió Bernardino Hoyos, su vecino de Santa Rosa, donde Jaramillo hizo su bachillerato, lo encuentran sus devotos tirando línea religiosa, todos los días, de 6 a 7 de la mañana.

Nunca ha sido rectificado porque sus fuentes se remontan a 2.000 mil y más años. Son Jesús, Moisés, Abraham, Job, san Pablo y demás apóstoles, y muchos padres de la Iglesia, como San Agustín, de quien los eudistas copiaron a rajatabla el célebre clamor contenido en sus “Confesiones”: “Señor, hazme casto, pero no todavía”.
Los curitas Rafael y Diego y sus colegas “no andan según la carne, sino según el espíritu” (Romanos 8,4).

El padre Diego Jaramillo y a la derecha el autor de la columna, Oscar Domínguez G. Foto archivo particular

El padre Diego Jaramillo y a la derecha el autor de la columna, Oscar Domínguez G.
Foto archivo particular

Tanto el padre Diego como su mecenas y padrino de sacerdocio, el cura Rafael, decidieron ser castos de por vida. Ahora, para poder sobrellevar esa “carga” de cero erotismo, se dan un banquete al año de mujeres bellas. Le dan de comer al ojo no más, por supuesto. Es la belleza y la castidad al servicio de caridad.

La casa por la ventana

Desde siempre, las reinas que competían en Cartagena, todavía sin sacudirse la arena y el sol caribes, venían a Bogota a cargar ladrillo en la pasarela Minuto de Dios. Los asistentes, a la par que practicaban la cristiana solidaridad, juntaban ganas pa llevar a casita. Este año será una excepción porque Raimundo Angulo le cambió de fecha al reinado. ¿El poder para qué?

La de las más bellas de Macondo es la única carne que se ve en el banquete. (Generalmente, la gente sale de allí a comer a otra parte).
Según Raimundo Angulo, mandamás del reinado, la idea del Banquete surgió de una charla entre su madre, doña Tera, y el curita cucutoche que también trabajó en Cartagena. Le rindió esa vida que empezó el 17 enero de 1909.

En homenaje al padre Rafa, sus colegas ensotanados siempre tiran la casa por la ventana. La volvieron a tirar cuando inauguraron el Museo Rafael García-Herreros. Fundamentalmente, contiene objetos que pertenecieron al presbítero que nunca lució el traje de luces de los obispos. “Me faltó solemnidad”, me respondió la vez que le pregunté por qué nunca ascendió a monseñor.

La idea de los banquetes se la iluminó al padre García-Herreros el Espíritu Santo, quien a su turno se inspiró en los banquetes que hacían los políticos en el Tequendama.
Toda la película está en el libro “El banquete del millón”, que contiene los discursos que pronunció su fundador en cada uno de ellos.
La colección alrededor de su vida y milagros ha estado a cargo de su delfín, el padre Diego, historiador de alto vuelo. Es de los que se agacha y se le cae un libro. Ha escrito más de 100, incluido uno titulado “Yarumal, mi pueblo y mi gente”. Así mantiene el polo a tierra con su terruño.

La mujer que sabía amar

El padre Rafael, un relacionista público que le daba sopa y seco a doña Ivonne Nicholls, solía invitar personalidades al banquete. Una vez le echó los perros a la actriz Brigitte Bardot, cuando ni siquiera figuraba en los planes de la diva dedicarse a la defensa de los visones y otras especies en extinción que visten a sus colegas del jet set.
BB dijo “oui” con una bella carta en la que le dejó claro al padre cucutoche: “No me creo una pecadora sino una mujer del mundo moderno. Sé amar. Es todo. Todos tienen derecho a servir al hombre. Eso no es privilegio de los santos”.

Al futuro santo Rafael le dieron su baculazo por invitar a la diva de “… y Dios creó la mujer”. Finalmente, como Dios a veces hace las cosas mal, la Bardot se abstuvo de venir.
Noviembre no es solo un mes con cuerpo de mujer. Tiene el color de la caridad con los que llevan del bulto. A falta de Bill Gates, bueno es todo el que quiera meterse la mano al dril. El padre Diego sugiere que se hagan vacas si es del caso, y luego consignen los aportes. Lo importante es que se redistribuya el ingreso. Y el nirvana quedará a la vuelta de la esquina.

TESTIMONIO

Rodrigo Ramírez Restrepo, un próspero emprendedor y asegurador antioqueño, recibió con su familia, la solidaridad del padre Grcía Herrros, en 1958.
RRR escribió el libro “Un puñado de historias“. En uno de los capítulos revive la visita a Bogotá con sus padres y hermanos:

“Recuerdo con alegría esa noche estelar cuando lentamente subimos llenos de ansiedad esa fila de escalas en mármol gris (que todavía existen y que con esporádica frecuencia, veo cuando paso por ese lugar en mis viajes a la capital), hacia los estudios de Inravisión, para dirigirnos a la sala de grabación, donde se realizaban las filmaciones. Ese cuarto estaba iluminado por muchísimos reflectores y luces que salían de todas partes y rincones, creando en el ambiente un calor y un brillo enceguecedor, como una tarde resplandeciente de sol de verano en mitad del mar.

Llegaron los auxiliares a darnos los últimos retoques en el peinado, a la vez que les organizaban el vestuario a las niñas, y a nosotros nos metían la camisa por dentro de los pantalones y nos abrochaban la correa.

Mi mamá disimuladamente se humedecía de saliva la punta de los dedos de sus manos para organizarnos los copetes de la frente, mientras que un camarógrafo nos acomodaba a los nueve hijos por orden de estatura en dos filas como un racimo de plátanos…(después llegarian otros ocho hijos).

A las siete en punto de la noche, en las pantallas en blanco y negro, apareció el padre Rafael García-Herreros. A su izquierda, como era habitual una Cruz de chamizos de árbol seco, al otro lado el logotipo y emblema de Azúcar Manuelita (compañía auspiciadora del programa).

Después de una espiritual reflexión sobre la palabra de Dios, y una oración final sobre las bondades del Todopoderoso, el padre se desplazó hacia nosotros.
Mientras las cámaras nos enfocaban, el generoso sacerdote se dirigió a los televidentes y miró a través de sus gafas transparentes a mi papá, mientras lo abrazaba colocándole su brazo izquierdo por detrás del hombro, que lucía bien encachacado con su vestido oscuro, su corbata prestada y su nudo bien hecho.

Mi mamá, al otro extremo, cargaba al menor.

El sacerdote, haciendo una pequeña disertación sobre la importancia de la familia cristiana en la sociedad, y colocándonos inmerecidamente de ejemplo, como la familia de nobles virtudes que representaba la bondad y grandeza de la raza antioqueña.

Con la humildad que lo caracterizaba concluyó con la célebre frase que utilizó toda su vida en su programa: “Dios mio, en tus manos colocamos esta noche….”.
Algún día acompañé al Coco Rodrigo Ramírez, mi vecino de barrio Aranjuez, a la sede del Minuto de Dios, en Bogotá, donde, con la complicidad del padre Diego, buscamos testimonios gráficos de aquel episodio. No aparecieron fotos ni imágenes.

García-Herreros se vuelve mosaico

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Un buen día de julio Iván Darío Gil Bolívar, dibujante yarumaleño, se salió del cuero, viajó a Bogotá, hizo el mural de cara más grande del mundo, y regresó a su base en El Poblado, en Medellín, feliz de haberle dedicado 60 metros cuadrados de arte al padre Garcia-Herreros. Los devotos del curita podrían gestionar el Guinness Records por ese mural. “Los hay más grandes, claro, pero no de cara”, aclara Gil Bolívar a los escépticos.

La del mosaico fue la original manera que se le ocurrió de rendirle homenaje al ilustre religioso y de eternizar los 60 años del programa de televisión más antiguo del mundo: El Minuto de Dios que arrancó el 10 de enero de 1955.

El espacio también amerita Guinness Records no solo por viejo, sino por haber tenido solo dos directores: su creador, el cura cucoteño, y el padre Diego Jaramillo, su sucesor, y paisano de Gil Bolívar quien se declara “mosaiquista por afición después de haber trabajado toda mi vida en la producción de implementos para emergencias y desastres”.
Hombre práctico, este exrotario tiene, pues, dos oficios lícitos conocidos: uno para levantar los garbanzos y otro para deleite espiritual.

Algún día el trotamundos del Gil – quien suele recorrer el camino de Santiago- fue a Ravena, Italia, la mata de los mosaicos, asistió a algunas clases sin pagar un peso, aprendió la lección… y los que se dedican al oficio del que se han beneficiado personalidades paisas como Santa Laura, en Jericó, y Marco Fidel Suárez que se dejar apreciar en la estación del metro en Bello.

El de García-Herreros fue el primero que hizo fuera de la parroquia medellinense. Comparte plazoleta del Minuto con otros artistas, incluido el maestro de Fredonia, Rodrigo Arenas Betancourt.

García-Herreros es Siervo de Dios, o sea que marcha camino de los altares. Sin prisa, el padre Diego impulsa la causa, en los tiempos libres que le deja su participación en las mañanas en la Emisora del Minuto. Es un relajado programa para oír: por ejemplo, nunca muere nadie. Y si murió, lo hizo hace dos mil y pico de años. Me refiero a Jesús de Nazareth.

Los vaticanólogos que nunca faltan dice que su campaña de televisión por volver al redil al capo Pablo Escobar, podría demorar la causa. Puede suceder lo contrario, pensamos otros.

“Minutico” de Dios Jaramillo es posiblemente el colombiano más conocido como que todos las noche, antes de los “morticieros” de televisión tira línea teológica que termina con la frase tal vez más conocida: “Dios mío, en tus manos colocamos este día que ya pasó y la noche que llega”.
Gil Bolívar le hizo la propuesta del mosaico de García-Herreros a su paisano Jaramillo al lado del que hizo del beato Marianito Eusse, a la entrada de Angostura, municipio situado a un rosario de Yarumal. El mosaiquista empírico tentó a su paisano como la serpiente tentó a Eva: ¿Y si hacemos un mosaico de cara más grande que este, del padre García Herreros?

Como lo malo de no caer en las tentaciones es que después no se vuelven a repetir (lo dijo Wilde), el padre Diego, finalmente aceptó.
Cuando entregó el mosaico, Gil Bolívar comentó que “fueron varios meses de paciencia, dedicación y fatiga para que esos más de 123.000 fragmentos de cerámica en mis manos, en las de mi esposa, en las de mi hijo y en las de mis colaboradores fueran creando ese rostro que yo mismo contemplé con admiración al retirar el papel soporte que lo contenía”.

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