Al instante

Por Oscar Domínguez Giraldo

"Casa de Marta Pintuco", Fernando Botero

Ingeniero Hernángómez, muy carnudo y edificante tu correo. Tiene más carne que las mellizas Arias, Aura Cardozo y Marta Pintuco juntas. Lo del año rural erótico me lo quedo. A las primeras de cambio lo utilizo. NO respondo si me quedo con el crédito. Yo iba a Lovaina pero no a mojar la mecha, no por falta de ganas, sino de plata. Iba a acompañar amigos putañeros que si podían darse la revolcada de cinco diez minutos maximo. Hasta se daban el lujo de pagarles algunas “pistolas” a las viejas.

Salíamos sin pa’l bus. Yo de pronto hablaba con alguna de ellas y como estaba recién desempacado del seminario les echaba el cuento de que volvieran a sus casas que miraran que esa vida era muy dura. Las damas de vida horizontal, vertical y oblicua, huian despavoridas para ahorrarse la compañía de semejante menso que no prometía un carajo. Claro que de regreso a la barra, yo ponía cara de haberme echado mis buenos polvos ante mis pobres amigos, todavía amancebados on Onán. Eso de ir a putiar a Lovaina, como yo, daba un estatus especial, no vayas a creer.

Te cuento que por “conejero” casi me gano una puñalada en mis mocedades. El asunto fue así:

Una noche pasaba este pecho por un bar de Guyaquil donde las damas te dicen mijo, mi amor, etécetera, sin conocer ni siquiera tu adn ni preguntarte de qué equipo eres hincha. Pues bien, una esforzada mujer de esas me vio en un recorrido que hacía yo por suspredios buscando lo que no se me había perdido y tan pronto me vio me grito: ¡Vos, grandísimo /&%/&%$ fuiste el que me conejiaste la otra noche! Agarró una botella, la volvió añicos y salió detrás de mi, pico en mano, con el poco edificante propósito de cobrarse venganza manu militari o botellari, en este caso. Pero en esa época yo corría cien metros planos porr debajo de los15 segundos y la vieja no me volvió a ver ni en las curvas. Me esfumé con mi orgullo herido porque siempre he pagado mis cuentas. Y conejero sí que no he sido. A mi que me esculquen. Admito, sí, ingeniero, que pedía rebajita de estudiante para echarme mis polvitos. Pero nada de conejiar al respetable gremio….

El poeta Mario Rivero Foto colombiaparatodos.net

El poeta Mario Rivero
Foto colombiaparatodos.net

Te comparto una columna que escribí hace años sobre una charla que sostuvieron por la emisora de la TAdeo dos ilustres lovainólogos: Bernardo HOyos y Mario Rivero. Material que utilicé en crónica sobre la Pintuco que en su momento te haré llegar. Hay quienes dicen que lo de la Muchachita parrandera no la escribío González en honor de la Pi-pi, sino de Marta Pintuco. od
MARTA PINTUCO EN LA FM

Bernardo Hoyos Foto El Universal

Bernardo Hoyos
Foto El Universal

En principio fue una charla en la emisora cultural de la Emisora de la Tadeo (106.9 FM) para hablar sobre los 35 años y los 211 números de la revista Golpe de Dados. La conversación entre Mario Rivero, fundador de la publicación, y su entrevistador, Bernardino (Bernardo) Hoyos, derivó de pronto hacia Marta Pintuco, las mellizas Arias, Ana Molina, y otras mujeres de vida horizontal que alborotaron el mundo del entretenimiento en el medellinense barrio Lovaina de hace varias décadas.

En ese croché empezaron hablando del Rivero que escribía sobre pintores como Fernando Botero y Alejandro Obregón. Pero se conseguía más plata cargando el palio que haciendo autorizada crítica que ni siquiera agradecían los artistas, quienes en una mañana pintaban cuadros que después vendían en 20 millones de pesos.
De Obregón escribió en su momento que es el pintor más completo que ha dado el país. Y sobre Botero “hice el primer libro sobre él en el mundo. Es un análisis morfológico de su obra. Fernando lo tiene en gran estima”, comentó el hiperbólico poeta. Es más, tuvo algunos cuadros originales de su paisano pero los ha ido vendiendo.

Finalmente, el envigadeño Rivero – apellido tomado del cantante de tango Mario Rivero, su apellido original es Castaño- se dedicó a los poemas urbanos en su casa del viejo barrio de La Candelaria, donde desde hace 40 años alimenta canarios y lidia con una artritis “en el cuerpo, no en la cabeza. A la edad de uno es un milagro estar parado”.

Durante la entrevista, Bernardo Hoyos creyó ver en alguna obra del pintor Botero un gato de loza, encaramado en una cama. No hubo acuerdo sobre lo fundamental: si el gato ronroneaba en la casa de Marta Pintuco (calle Lima contiguo al Ventiadero, según el lovainólogo mayor, el cantante Jaime Hernández), o en la de las mellizas Arias. El gato guarda celosamente los secretos… Dos de ellos viven con el Papa Benedicto XVI. Y los papas saben donde ponen las garzas del secreto… y del misterio.
Rivero apostó por el gato en casa de las Arias. Hoyos alegaba que el felino habitaba la casa de Marta Pintuco, con quien una vez se encontró en el aeropuerto de Londres. “Bernardino, ¿tú qué haces aquí?”, fue la pregunta de Marta, quien antes lo había visto, supongo, en El Ventiadero, despachando alguna carne después de…
Marta le contó que andaba en el matrimonio de su hija con un inglés. De allí su presencia en la City, tan cerca del Big Ben y tan lejos de Lovaina.

En el programa radial en la emisora bogotana de la Tadeo, Rivero dijo que Marta y sus amigas de oficio eran una maravilla. “Era una mujer de una autenticidad…. Además, tenía las piernas más espléndidas que haya dado Antioquia”. Hoyos adhirió a la descripción sobre esta Marlene Dietrich paisa que amó con todas sus aurículas y ventrículos al alemán Herbert Geithner, propietario del viejo café Metropol, en Junín, donde convivían armoniosamente los juegos del ajedrez y el billar. El viejo Herbert, fumador empedernido de Lucky Strike y Pielroja, uno detrás del otro, sería el abuelo de la actriz Aura Cristina.
Rivero, con la nostalgia alborotada, abundó en detalles en el programa de la FM: “Marta era una gran dama. A esas señoras las llamaban putas en Medellín pero eran unas señoronas”.

“Así es”, avaló Bernardino quien contó que el ex ministro Iván Duque es partidario de que alguien escriba la historia de ese viejo Medellín que se divertía en casas de bombillo rojo a la entrada.
(No es artículo de fe, pero se ha sabido que los hombres frecuentaban tales lugares porque en esa época se estilaba que las mujeres llegaran sin probar de sal (vírgenes) al altar. Además, los hombres éramos auténticos caballeros: no se lo pedíamos porque sabíamos que no nos darían ni la hora de la semana pasada).

En ese punto-cadeneta-punto por la Emisora de la Tadeo empezó a contarse el borrador de esa historia extensa.
Según el gigantesco Rivero, algo así como una tractomula llena de poesía, “esas mujeres querían a los hombres. Los respetaban. Si uno les caía bien, le daban el desayuno con huevo. Le decían: ‘¿Cuando vuelve, mijo?’. ¡Y no le cobraban!”.
Hoyos le adicionó picante de Santa Rosa a la historia: “Fuera de eso, Mario, si uno de pronto tenía acceso a aretes bonitos, traídos del exterior (o blusas) , pues uno hacía sus regalos de aretes, que era una regalo todavía más noble”.

La charla cayó luego en lo “prosaico”: el homenaje que se le rendía a Rivero en el teatro del Gimnasio Modero por la audacia de mantener viva e inmodificable durante 35 años, una revista cultural que tiene esta exclusividad: la mayor parte de los integrantes de su Comité de Dirección, están rigurosamente muertos: Fernando Charry Lara, María Mercedes Carranza, Aurelio Arturo, Héctor Rojas Herazo, Pedro Gómez Valderrama, Manuel Mejía Vallejo, Hernando Valencia, Ramón de Zubiría, Eduardo Carranza…

Estuve en el homenaje a Rivero en el Gimnasio. Lleno total. Pero de Marta Pintuco y el gato de Botero, silencio total. El homenaje se lo habían hecho sus amigos y exclientes Mario y Bernardo a través de la FM.

 

De: Hernán Gómez M. <hergomon9@gmail.com>
Enviado: jueves, 19 de mayo de 2016 3:51 p. m.
Para: oscar dominguez
Asunto: Re: ALVARO DALMAR; Ñapa, Lovaina, barrio del deseo

Gracias, periodista y amigo Óscar Domínguez, por esas deliciosas notas que me envías acerca del recordado barrio Lovaina de esta ciudad de Medellín, donde alguna vez tantos sardinos de esa época hicimos nuestro año rural en las lides eróticas que allí se impartían.

Por ellas me hiciste recordar a Héctor “Canocho” Echeverri, marcador de punta de nuestro DIM, y al cual le tenían pánico todos los aleros, o punteros rivales de esos años, en los que aparecía como líder del equipo, el maestro argentino José Manuel “Charro” Moreno, quien, según las malas lenguas de la época, también visitaba, esporádicamente, a una que otra “fufurufa” criolla, inquilina de ese barrio.

Tampoco hay que olvidar que, tal vez el huésped más ilustre que frecuentó esos “non santos” lares fue el gran maestro Fernando Botero, quien dejó plasmadas en algunas de sus obras pictóricas, escenas de algunas de las damiselas mejor cotizadas de entonces.

Y, hablando de damiselas, se te olvidó mencionar a una de las más bellas y famosas, Aura Cardozo, más conocida como “La pipí” (mote que se ganó porque cuando llevaba algún pedido en el charol que llevaba levantado por su mano derecha, decía repetidamente: pi-pi, para abrirse paso entre las mesas del establecimiento que administraba).

A esta dama, que además fue cantante, y hasta compositora, el recordado poeta o versificador Luis Carlos González M., oriundo de la “trasnochadora y morena” ciudad de Pereira, quien fue una especie de amigo especial de ella, dedicó el bellísimo bambuco “Muchachita parrandera”, cuyo texto original, rubricado por el maestro Luis Carlos, aún conservo.
Cordialmente,
Hernán Gómez M.
Ingeniero Civil

El 17 de mayo de 2016, 19:00, oscar dominguez <oscardominguezg@outlook.com> escribió:
Hernán, saludos y gracias. Recuerda que el cantante Jaime Hernández fue miembro del Quinteto Dalmar. ¿Dónde anda el caballero? Basado en un libro suyo escribí la nota que te adjunto sobre “Lovaina, barrio del deseo”, que frecuentaba el caballero antes de que Dalmar lo reclutara para su causa musical. La foto se la tomé en el apartamento bogotano del cronopio Ignacio Ramírez. Gracias por tu correo.o

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